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2016: y Felipe VI se enfrentó a “su” Transición

Felipe VI pidió en el discurso de Navidad de 2015 «diálogo y compromiso» en la pluralidad política que se avecinaba tras las generales del 20-D, que dieron al traste con tantas décadas de sistema bipartidista, y advirtió de que la legislatura que en ese momento se acercaba como una incógnita precisaría de «esfuerzos». Sólo los más escépticos imaginaron que esa palabra quedaría aplastada por diez meses de gobierno en funciones. El Rey vio cómo se trastocaba la hoja de ruta que tenía pensada seguir la Casa del Rey tras el «relevo generacional» del que habló Don Juan Carlos en su abdicación: con una imagen de la Corona gravemente perjudicada en sus últimos años, era más necesario que nunca un reinado que acercase a la Familia Real a los ciudadanos –mediante iniciativas como someter a una auditoría externa las cuentas de la Casa, un régimen jurídico para controlar los regalos ofrecidos a la Familia Real, o impedir que ningún miembro pueda desarrollar una actividad profesional paralela a la de la Corona– y posicionar a la nueva Monarquía en el exterior. Los Reyes lo tenían todo a su favor: una invitación de la Reina de Inglaterra para hacer un viaje de Estado, otro a Japón y Corea, encabezar la delegación que viajaría a Panamá por la exitosa apertura del Canal… Sin embargo, la imposibilidad de formar gobierno viró su rumbo y, a escasos dos años de su proclamación, le «tocó» hacer justo lo contrario que su padre cuando llegó al trono: si el Rey Emérito lideró el periodo de la Transición, que devolvió el sistema bipartidista instaurado en tiempos de Alfonso XII por Cánovas del Castillo, Felipe VI ha tenido que adaptarse a un «modus operandi» completamente contrario, con cuatro fuerzas políticas pujando por el poder.

El estilo del Rey ha sido muy distinto al de Don Juan Carlos, de hecho, el Rey Emérito se ha mantenido al margen de esta «segunda Transición». Si la Constitución define al Jefe del Estado como «símbolo de su unidad y permanencia, arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones», Felipe VI ha representado un papel más parecido al de un notario, al menos de un modo visible. «Cumplir con la Constitución», máxima que ha imperado en el «búnker» de La Zarzuela, con las mínimas filtraciones posibles, marcando un camino que ha permitido al Rey pocas iniciativas. Uno de los momentos más difíciles fue cuando propuso a Mariano Rajoy tras una primera ronda de consultas con los representantes parlametarios de los partidos para someterse a una investidura, y éste declinó ante sus escasas posibilidades de formar gobierno. Lo que provocó que, tras una siguiente serie de encuentros políticos, señalase al entonces candidato socialista, Pedro Sánchez. El resultado fue que, por primera vez en la historia de la democracia, un candidato no consiguió el apoyo necesario para gobernar. Tras una nueva ronda de consultas, optó por no proponer nuevo candidato y, por tanto, el Rey, también por primera vez, tuvo que firmar el Real Decreto de la disolución de las Cortes. El sentir dentro de Zarzuela por aquel entonces era positivo, en el sentido de que, dentro de lo malo, se había demostrado que «las instituciones funcionan». La Casa del Rey si por algo se ha caracterizado durante este tiempo es por su afán de desligarse de la política, distanciándose del Rey Emérito, para dar ejemplo de neutralidad y, si se lee entre líneas, para no ir de la mano en el fracaso.

Tras el reñido resultado del 26-J, repetición de la jugada: ronda de consultas, investidura fallida. Esta vez a cuenta de Mariano Rajoy. La insistencia de Sánchez de «no es no» a facilitar un gobierno del PP pronosticaba la convocatoria de unas nuevas elecciones, y desde ciertos sectores se empezó a pedir una mayor «implicación» del Rey. Fueron días difíciles para la Casa del Rey, pero el timón no se desvió de la ruta. Sólo cuando el PSOE forzó la dimisión de Sánchez y la gestora se comprometió a abstenerse en una investidura de Rajoy, el país empezó a ver la luz al final del túnel. Paralelamente a esta situación, Don Felipe no pudo cumplir su agenda exterior, porque tanto el Gobierno como las circunstancias políticas no lo estimaban conveniente por el proceso político del país.

Cerrado el capítulo, Don Felipe, que dirá hoy su tercer discurso de Navidad, centrará su reinado –como ya viene haciendo en sus discursos– en la recuperación en la confianza del proyecto europeo, la lucha contra el terrorismo e, internamente, abogar por el consenso político en una legislatura que no se prevé nada fácil.



Fuente: La Razón

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