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25 años de la muerte de Don Juan, el rey que nunca reinó

En un día como hoy, hace 25 años, falleció Don Juan de Borbón y Battenberg, abuelo de Felipe VI, quien, por nacimiento, estaba destinado a ser el Rey tras la muerte de Alfonso XIII. En señal de reconocimiento, Felipe VI presidirá la misa que se celebrará el próximo martes en el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, a las doce del mediodía, donde se encuentran sus restos mortales. Según la agenda de la Familia Real, asistirán los Reyes, Don Juan Carlos y Doña Sofía sin la Princesa de Asturias ni la Infanta Sofía. La oficiará el arzobispo castrense Juan del Río, y la Casa del Rey informará del resto de asistentes cuando tenga las confirmaciones definitivas. El motivo de la fecha es conmemorar que el 3 de abril de 1993 el féretro del cuerpo del abuelo del Rey se trasladó a la antesala del Panteón de Reyes, después de una misa en el Palacio de Oriente.

En cada aniversario de la muerte de Don Juan se recuerda la trayectoria de una vida que estuvo marcada por la incertidumbre, por la espera a ocupar un Trono que nunca alcanzó, desde que su padre lo declarara heredero de la Corona española en su testamento el 8 de julio de 1939.

Fue durante su estancia en Estoril –ciudad a la que se trasladó desde 1946 con su familia: su mujer, María de las Mercedes, y sus hijos Pilar, Juan Carlos, Margarita y Alfonso– cuando sucedió uno de los episodios más duros de su vida: la publicación en el BOE de la Ley de Sucesión el 26 de julio de 1947. Una ley que se fraguó bajo un procedimiento que comenzaba a trazar el ostracismo al que quedaría posteriormente relegado. El almirante Carrero Blanco fue a visitarlo a Villa Giralda para informarle de que se estaba fraguando la ley de Sucesión a la Corona, que Don Juan quedó en supervisar el día después. Al llegar a su hotel, el militar lo llamó por teléfono para decirle: «Alteza, se me ha olvidado informarle de que mañana saldrá en el BOE», cuenta una persona que vivió de cerca el Consejo de Don Juan. En esos momentos, un allegado que visitó con frecuencia Villa Giralda afirma que nadie se percataba de su sufrimiento interno, ya que era una persona muy «estable emocionalmente». En sus largas estancias en la residencia de la Familia Real en el exilio, define al Conde de Barcelona como «muy hablador, gran conversador, le encantaba tratar temas de política internacional en las comidas, y siempre fue muy cariñoso con el más débil, como con su hija Doña Margarita. Al ser ciega comía con dificultad y él se sentaba a su lado para ayudarla». Don Juan Carlos heredó su amor por la buena mesa; su plan preferido era salir a comer en compañía de buenos amigos en el club náutico de Estoril. Se podría incluir junto al golf la vela como su deporte favorito, pero era más que una afición, era una pasión que se ha transmitido a los herederos de la Corona desde Alfonso XIII. «Salía a navegar por el Atlántico en un barquito, y durante una tormenta tuvo que atarse al mástil para no caer por la borda».

Mantuvo una difícil relación con Franco, con quien acordó que quien fuera posteriormente Rey de España, Don Juan Carlos, fuera educado en España. Un jovencísimo padre de Felipe VI llegó en tren a nuestro país en 1948 para cursar sus estudios en Las Jarillas, alejado de sus padres, y desde entonces su formación fue un motivo de discusión entre el caudillo y Don Juan. Sólo viajó a España en dos ocasiones: en 1963 y en 1968, con motivo de los bautizos de sus nietos, la Infanta Elena y el entonces Príncipe de Asturias, Don Felipe. «En esos momentos de tensión solía fumar sus ‘caldos de gallina’, cigarrillos de liar que fumaban en los pueblos porque era más barato», cuenta, lo que llamaba la atención porque la gente de su entorno consumía tabaco más caro. «Se los liaba con su chófer, con quien se llevaba muy bien».

A la muerte del caudillo su hijo, y no él, quien fue proclamado Rey de España en 1975. Año y medio después, su padre renunció a todos sus derechos dinásticos: «El amor inmenso a España, que caracterizaba fundamentalmente al Rey Alfonso XIII, me lo inculcó desde niño, y creo no solo haberlo conservado, sino quizá aumentado en tantos años de esperanza ilusionada», manifestó en su discurso de renuncia en una ceremonia íntima en el Palacio de la Zarzuela en 1977, y destacó que la Monarquía quedaba «instauraba y consolidada» en la figura de su hijo Don Juan Carlos.

La situación de los restos mortales de Don Juan aún está por definir. Después de luchar contra el cáncer, murió en la Clínica de Navarra rodeado de sus tres hijos, y al día siguiente se trasladó el féretro al Palacio Real para que se instalase una capilla ardiente a la que asistieron las más altas autoridades del Estado. El cuerpo fue trasladado a la antesala del Panteón de los Reyes del Monasterio de El Escorial, donde permanecerán hasta que pueda ocupar la urna del sepulcral que se reserva para él en el Panteón con la inscripción: «Don Juan de Borbón, conde de Barcelona».



Fuente: La Razón

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