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¿A quién engañan?

Desde luego a mí no me engañan, porque conozco bien la soberbia y la falsedad de los terroristas en sus apariciones públicas, vayan con boinas y máscaras blancas o a cara descubierta como cuando Otegi vino al Parlamento Europeo. Hace falta mucho más que una chaqueta azul o una inmerecida alfombra roja para hacer de un terrorista una persona decente. Ya pueden esconderse en Venezuela o Bruselas, seguirán siendo asesinos. Los de ETA pueden dejar de matar, porque ni pueden ni les interesa, lo que no borrarán es el hecho de haber matado a más de 858 personas, herido, secuestrado y extorsionado a miles y haber aterrorizado a millones de españoles durante cinco décadas. ETA puede engañar a los mediadores internacionales, contaminados hasta la médula por una ideología pacifista que sacrifica la justicia, acercándose siempre a los terroristas y alejándose de las víctimas. También puede ETA complacer con su esperado comunicado a quienes desde el minuto uno de su entrada en política se pusieron de su parte. Da igual lo que el vídeo de este viernes diga, los partidos que hacen alianza con Bildu y con independentistas de todo pelaje, aplaudirán el próximo show etarra, porque aunque no compartan método, comparten objetivo político con ellos.Y del hecho de considerar enemigos políticos a la mayoría de sus víctimas viene el repugnante y selectivo perdón que nos pidieron en un comunicado en el que distinguían entre buenos y malos. ¿Eran mi hermano y su mujer merecedores de su suerte? Sí. Alberto era teniente alcalde de la ciudad de Sevilla por el PP y por tanto un enemigo a eliminar para conseguir una País Vasco independiente y comunista. Sólo la distinción entre víctimas beneficiarias de su interesado perdón merecería ya que nadie atendiese a la transmisión de este ofensivo fin de ETA. Volveremos a soportar a los asesinos justificando sus crímenes como lucha contra la dictadura, cuando prácticamente todos ellos mataron en democracia. Miedo me da ese vídeo en el que al final, quienes nos han arrebatado la vida de tantos inocentes, pretenderán un aplauso cerrado ante el generoso gesto de disolverse. ¡Como si se tratase de una aspirina esfervescente! No se disuelve nuestro dolor y que no esperen que se disuelvan las penas íntegras que deben cumplir. Nunca me gustó la expresión disolverse cuando se habla de una organización terrorista con sangriento pasado criminal.A la ETA se la vence y a los huidos se les encarcela y a todos ellos se les obliga a que colaboren con la justicia. Y si no lo hacen quiere decir que su desmovilización, desarme y reintegración no será más que una pantomima aplaudida por los interesados de siempre que venderían a su madre para aparecer en la foto de una negociación de paz. De esas que tanto les gustan a los mediadores, con la diferencia, no menor, de que en España nunca hubo una guerra, ni bandos y las víctimas no respondimos más que con la palabra. Por eso tenemos la fuerza moral para exigir el esclarecimiento de los más de 358 crímenes sin resolver, la condena del terror, el fin de todos los homenajes públicos a los terroristas, el cumplimiento íntegro de las condenas sin cambios en la política penitenciaria. Ni a la mayoría de los españoles ni a mí nos van a engañar. Olvidan los terroristas, que quieren blanquearse a costa de las víctimas, que hace falta mucha verdad, memoria, dignidad y justicia para borrarla. Menos campanas al vuelo y más exigencias a quienes no merecen más que nuestro olvido y desprecio.



Fuente: La Razón

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