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Adiós, 2017, adiós

La política volvió a entrar en la escena musical y los Teatros del Canal se quedaron sin Boadella y también sin su sucesor, Alex Rigola. Del Palau de les Arts salió Davide Livermore, mientras Helga Schmidt sigue en espera de su juicio. El Festival de Starlite discutió con el ayuntamiento de Marbella. En el Maestranza, con sus funciones en las alturas divididas por error de las administraciones y nuevo gerente en el teatro, se enfrentaron Halffter y Axelrod, quien llegó a subirse al podio vestido de torero. En la Semana religiosa de Cuenca la política apostó por Cristóbal Soler y en Granada por no renovar a Diego Martínez, tras un periodo brillante, y apostar por Heras-Casado. En Oviedo se comprobó la absurda cancelación de sus Premios Líricos Campoamor. En alguno sitios los políticos quisieron engañarnos y justificarse con nombramientos a través de concursos apañados. Los políticos, dedicados a estas cosas, se olvidaron de la SGAE, donde surgió otro escándalo y permitieron que Puigdemont descubriese al «Duque de Alba» donizzetiano. Mientras que las aguas discurren tranquilas en el Teatro Real al verificar que con obras populares como «Carmen» o «Bohème» hasta se puede ganar dinero, en el Liceo cunden caras de preocupación por la merma de público. En Bilbao dimitió la mitad de la junta rectora de ABAO, poco contenta con el rumbo de la asociación y con las sustituciones a gogó en los repartos. La Orquesta de la RTVE puso en el Monumental el cartel de «cerrado por obras» –¿sine die?– e hizo las maletas para El Escorial y Pozuelo. La OCNE renovó por un año a su gerente y está a las puertas de renovar por cuatro a su titular, con alguna inconveniente presión por su parte. La Zarzuela, que ha vuelto a tener directores en el foso y cantantes en el escenario, estrenó ascensor, pero sigue sin piano. El Instaituto Nacional de las Artes Escénicas y la Música (Inaem) tuvo un buen gesto con nuestros compositores más preclaros; el Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM) batió records de número de espectáculos y ocupación y Moral fue recompensado… en Francia. Ibermúsica se extendió a Barcelona y en Madrid absorbió a Juventudes Musicales. Formentor elevó el nivel de sus galas elitistas. Los promotores descubrieron el atractivo de las músicas cinematográficas y cerraron el año con acumulación de cine y valses.

Falleció Bruce Zemsky y, tanto en Madrid como Barcelona, se constató que una cosa es comprar una agencia artística y otra a sus artistas. Netrebko y Kaufmann consolidaron su supremacía entre cancelaciones, mientras Callas parece que aún está entre nosotros. Entre lo peor del año, las acusaciones de abusos que acaban de empezar a inundar el panorama musical.

Tuvimos que despedir a muchos amigos. A tres cantantes veteranos, Nicolai Gedda, Enzo Dara y Roberta Peters y también a Carol Neblett, Endrik Wottrich y Dimitri Hvorostovsky. A los directores de orquesta Georges Pretre, Alberto Zedda, Jirí Belohlávek y Jeffrey Tate y al regista Peter Hall. A los compositores José Peris Lacasa, Carles Santos y Lothar Siemens. Al violinista Víctor Martín, a la pianista Marita Caro. A los críticos José Luis Pérez de Arteaga y Joachim Kaiser. A Pierre Bergé y Joaquim Molins. Les echaremos de menos, a ellos y a otros que se quedaron en el tintero. ¡Feliz 2018!



Fuente: La Razón

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