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«Alanis», una habitación propia

Anahí Berneri lleva años poniendo el foco en la mujer desde un cine de autor de escaso presupuesto. Pero ante la posibilidad de tratar el poliédrico tema de la prostitución, su primera reacción fue un «no, gracias». «Todo empezó con un cortometraje en el que se me invitaba a analizar el tema de la confusión entre la trata y la prostitución –explica–. En principio dije que no porque yo no tenía posición tomada y era un asunto que me asustaba. Pero me quedé pensando y empecé a investigar y ponerme en contacto con distintas mujeres y asociaciones». Así entendió que son muchos los puntos de vista a la hora de afrontar esta problemática: «Hay asociaciones que piden la legalización y otras que creen en la abolición, y en medio, vi que había mujeres vulneradas, en la clandestinidad como única salida y que no hablar del tema era una forma de resignación que no me podía permitir».

Hipocresía de Estado

De ahí surge «Alanis», un retrato conductista de la vida de una joven de Buenos Aires que se prostituye para sacar adelante a su hijo y que intenta ejercer con normalidad y dignidad un trabajo que hipócritamente se tolera mientras se persigue a la parte presuntamente más débil. De hecho, para Berneri, el Estado (en este caso, Argentina) tiene no poco de culpa en la situación: «Las leyes prohíben el lugar, el espacio donde se ejerce, pero eso es un limbo, una mentira, una hipocresía donde no se persigue al cliente y a la prostituta se la acecha y oculta. Existen muchas campañas para quitar los volantes publicitarios que ofrecen servicios sexuales de las calles, pero el Estado no da opciones para que esas mujeres puedan no trabajar en eso. Aunque también es verdad que hay muchas que deciden hacerlo como forma de subsistencia». Para la directora, «la legalización es una forma, aunque no la única, de afrontar el problema. Faltan programas y educación para sacar a la mujer de lugares de cosificación». Pese a todo, «Alanis» está lejos de esbozar una tesis exclusivista. Su aspiración es la de retratar a un personaje que, en manos de la actriz Sofía Gala Castiglione –premiada como mejor actriz en el Festival de San Sebastián–, se convierte en una potente presencia ante la cámara.


Fuente: La Razón

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