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Así condiciona el lenguaje no verbal un discurso

No ha sido el mejor año para el tradicional discurso de Navidad del rey. A las quejas formales de varias organizaciones de Memoria Histórica se le suman las pérdidas de 844.000 espectadores y siete puntos de cuota de pantalla, que lo colocan como el menos visto de los últimos 18 años. Pese a estos datos, hay otros aspectos en los que el monarca sí acertó, y de los que puede tomar buena nota, según los expertos, la alta dirección empresarial. Una mirada fijada en todo momento a la cámara, la fuerte gesticulación o los movimientos de manos acordes a las palabras pronunciadas, constituyeron el lenguaje no verbal del discurso, uno de los puntos más importantes de la puesta en escena de un personaje relevante.

El lenguaje no verbal es lo que viste a la palabra. Una frase puede olvidarse, pero una imagen suele retenerse con más fuerza en la memoria del oyente”, explica el director de la consultora especializada en argumentación discursiva La Fábrica de Discursos, Fran Carrillo. La parte no verbal suele ser la que menos atención ocupa a la hora de preparar una ponencia, proceso de selección, presentación o reunión, sin embargo “la imagen llega mucho antes al receptor que las palabras, por esa razón es vital que toda la construcción estética esté vinculada a la parte hablada”, prosigue.

De hecho, tal y como apunta Carrillo, “si el mensaje y los gestos son contrapuestos, prevalece la parte no hablada, porque es la que llega con más rapidez al receptor, es la primera información que recibe”. Por eso se vuelve necesario entrenar esta faceta, para que el lenguaje no verbal afiance la idea que el emisor está lanzando. “Las palabras hay que reforzarlas con gestos, como cerrar el puño cuando se quiere transmitir un concepto sólido, o abrir las manos si el mensaje es abierto. La imagen, eso sí, no tiene que sustituir al mensaje, sino acompañarlo, darle más fuerza”, aconseja.

Algo similar sucede con la voz, sus tonos y sus velocidades. “Es imprescindible combinar adecuadamente el lenguaje verbal, las pausas y los subrayados, de forma que resulten gratos al oído y tengan coherencia entre sí”, desarrolla la doctora en Publicidad y Relaciones Públicas de la Universidad Autónoma de Barcelona, Rosa María Torres. De la misma forma que se vuelve aconsejable ensayar los tonos de una frase, “porque a veces conviene que el interlocutor parezca enfadado, triste, alegre o dubitativo dependiendo del mensaje”, añade el presidente de la Escuela Internacional de Protocolo, Gerardo Correas

Todos estos aspectos deben tenerse en cuenta desde los pies hasta la cabeza, “todo es útil y repercute en la percepción del receptor”, afirma Carrillo. De los principales detalles externos que condicionan un mensaje, el rostro es uno de ellos: “Es necesario mirar a los ojos al oyente, para proyectar lo que se quiere transmitir”, continúa. Pero tan importantes como estos son las manos: “Los gestos con ellas son un recurso potente para reforzar el mensaje que se transmite, ayudan a ser más explícitos durante la comunicación”, explica Torres. De hecho, prosigue, en un proceso de selección, “son un recurso a utilizar frente a quien nos entrevista. Las manos deben lucir cuidadas, con la piel hidratada y las uñas sin morder”. Como curiosidad, debe evitarse su sobrecarga decorativa, “porque estás vendiendo tus cualidades, no anillos o joyas”.

Afirman los expertos que no debe haber pie a la improvisación, y ciertos puntos han de estar decididos desde antes. “Hay mucha diferencia entre estar sentado o de pie, y ese matiz determina la forma en la que el público va a verte y sentirte”, apunta Correas. Sentirse lo más cómodo posible es uno de los puntos que puede determinar esta duda. “Quien prefiera estar de pie debe atender a cómo moverse y andar, estando erguido, con paso firme”. Por el contrario, quien opte por sentarse debe hacer especial hincapié en la ubicación, porque no tendrá la posibilidad de cambiar de sitio durante su puesta en escena. “Por ejemplo, alguien no debe sentarse de espaldas a una ventana en un día soleado, porque los oyentes le verán a contraluz. Hasta estos detalles son importantes”, afirma Correas.

Sobra decir, recalca Fran Carrillo, que debe tenerse mucho cuidado con los llamados microgestos: “Los tics, las manías y los movimientos que no dicen nada pero que sí distraen deben evitarse”. Son, desde mascar chicle hasta morderse las uñas, tocarse la nariz u orejas o jugar con el cabello. “Si el lenguaje no verbal no va a sumar, hay que incidir en que por lo menos no reste”, insiste.



Fuente: Cinco días

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