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Baluarte sanitario contra los virus tras derrotar al SARS

Las enfermedades no conocen fronteras. Mucho menos los virus y las bacterias causantes de muchas de ellas. Lo saben bien en Taiwán, uno de los países que más afectado resultó por el síndrome respiratorio agudo severo (SARS, por sus siglas en inglés), allá por el año 2003, una dura experiencia que hizo al sistema público de salud de aquel país enfrentarse a un reto sin precedentes y del que extrajo valiosas enseñanzas, que le sirvieron para poner en marcha todo un compendio de medidas y estrategias para la prevención de enfermedades.

Este año se cumple el 15º aniversario del brote de SARS (una forma grave de neumonía causada por un virus que se identificó por primera vez ese año) y, las vidas que se llevó por delante han valido para desarrollar un sistema eficaz para prevenir futuras pandemias. La creación del Centro de Control de Enfermedades (CCE) fue uno de los positivos efectos colaterales de aquella situación y una de las herramientas que les sirve en la actualidad para prevenir y controlar posibles epidemias como la sufrida entonces. Porque Taiwán está situado en una posición clave en el este de Asia y comparte con sus vecinos asiáticos similares tipos de enfermedades contagiosas. Además, al ser un lugar visitado muy frecuentemente por los viajeros internacionales, resulta vulnerable a la transmisión transfronteriza y cruzada de patógenos de enfermedades contagiosas, lo cual podría favorecer una mutación o recombinación genética, dando lugar a nuevos agentes infecciosos.

Para prevenir las enfermedades infecciosas que entran en el país a través de los viajeros el CCE –creado en mayo de 2003 para coordinar la epidemia– ha establecido oficinas en varios aeropuertos y puertos internacionales e implementado las medidas de cuarentena fronteriza pertinentes en tiempos normales, como la detección de fiebre de los pasajeros que ingresan en el país y la notificación de viajeros y medios de transporte.

Actualmente los puntos designados de entrada cubren más del 95% de todos los pasajeros que entran y salen del país. Lo que no es poca cosa, si tenemos en cuenta que el número de visitantes que llegan al año es de aproximadamente 20 millones, incluidos los 17.000 pasajeros con síntomas quienes, posteriormente, son rastreados y monitoreados por las unidades locales de salud. A través de medidas tales como el formulario de encuesta de enfermedades contagiosas, que es rellenado por los pasajeros, la detección de la temperatura corporal y el muestreo de sangre, se han detectado enfermedades infecciosas como dengue, chikungunya y zika.

«Si la persona presenta síntomas específicos aéreos le enviamos al hospital, sino los departamentos de salud local realizan un seguimiento para confirmar la evolución», explica Hoa-Hsin Wu, responsable de Infecciones Hospitalarias del CCE.

Ya cuando aterrizas un vídeo informa al viajero sobre lo que hay que hacer si se presentan síntomas o fiebre. En los tres primeros meses del año 2018 se han registrado 261 casos en el aeropuerto.

El CCE trabaja 24 horas al día, siete días a la semana para proteger a los taiwaneses de la amenaza de las enfermedades infecciosas: «La gripe se da en invierno; el enterovirus en primavera y el dengue en verano y otoño, mientras que la tuberculosis y el sida roen en silencio la salud de la persona durante todo el año», explica Jih-Haw Chou, director general del CCD. «Las enfermedades infecciosas importadas, como el virus zika y la infección por coronavirus del síndrome de la respiración de Oriente Medio (MERS, por sus siglas en inglés) también se han convertido en enemigos de los que debemos protegernos atentamente».

Los esfuerzos de Taiwán por adaptarse a las iniciativas de la Organización Mundial de la Salud (OMS) son también notables. Como su adhesión a la estrategia de la OMS para acabar con la tuberculosis en 2035. La tasa de incidencia de esta enfermedad en Taiwán se ha reducido desde 72,5 casos por 100.000 habitantes en 2005 a 45,6 por 100.000 habitantes en 2015. Tras la adopción de cuatro grandes estrategias en la lucha contra la tuberculosis, esperan que la tasa en la isla sea de 10 casos por 100.000 habitantes en 2035. También se han conseguido erradicar algunas enfermedades como la malaria (en 1965) o la polio (en el año 2000).

Por eso reclaman su participación en la próxima Asamblea Mundial de la Salud, que tendrá lugar en el mes de mayo, y en la OMS y a la que no han sido invitados: «Podríamos compartir nuestra experiencia con otros países, realizar informes oportunos y adquirir información sobre enfermedades, y desempeñar un papel constructivo en la protección de la salud mundial. Esto crearía un escenario beneficioso para todos: para Taiwán, para la OMS y para la comunidad internacional», asegura el Ministro de Salud y Bienestar del país, Shih-Chung Chen.

Pero no todo es SARS en Taiwán. Y como ejemplo valga el Hospital de Veteranos de Taipei. Aunque durante el estallido de la epidemia fue el que mayor número de casos de SARS recibió (280 pacientes fueron tratados en ese centro hospitalario, que preparó inmediatamente un grupo de trabajo y un centro de coordinación y tuvo una importante contribución al control de la misma), hoy día se les conoce por ser referente a nivel mundial en el campo de ablación con catéter de la fibrilación auricular, y es uno de los ocho mejores hospitales de todo el mundo en esta disciplina.

Pioneros en esta técnica, hasta la fecha el equipo, dirigido por el doctor Shi-Ann Chen ha llevado a cabo alrededor de 3.000 casos y descubierto numerosos nuevos mecanismos electrofisiológicos y técnicas de ablación para la fibrilación auricular, liderando una nueva era en el abordaje de esta patología, y alrededor de 200 médicos procedentes de Asia, Europa y Estados Unidos han acudido a este hospital para formarse en las técnicas y habilidades de la fibrilación auricular. Fundado en noviembre de 1959, inicialmente sólo para los veteranos de guerra, ha crecido mucho desde entonces hasta convertirse en el centro de referencia de la Sanidad taiwanesa.

Otro ejemplo de los logros alcanzados por este país, esta vez en el campo de la investigación, lo encarna el Biobanco de Taiwán. Perteneciente al Instituto de Ciencias Biomédicas y Centro de Investigación Genómica, Academia Sinica, tiene 140 estudios en marcha y casi una treintena de publicaciones científicas internacionales se han basado en datos procedentes de este biobanco: 21 sólo en 2017 en campos como la hepatitis o el cáncer. Además, forman parte del consorcio internacional «Moon Shot» –un proyecto iniciado por los EE UU que busca la cooperación entre varias naciones para promover la prevención y el control del cáncer– y de programas de colaboración bilateral, también junto a EE UU, que trata de descubrir una vacuna contra el dengue.



Fuente: La Razón

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