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Banalizar la Semana Santa

Banalizar la Semana Santa: ¿Se trata para los cristianos de una sucesión de jornadas muy especiales que invitan a la reflexión? ¿O no son más que unos días para vacacionar o descansar del trabajo?

La Semana Santa en muchas ciudades de España no son solamente unas fechas de descanso y oración. Por una tradición muy arraigada tiene además una significación especial. Alrededor de la muerte y resurrección de Jesucristo se desarrollan unas liturgias y actos religiosos que se han estado preparando durante todo el año. La Semana Santa, como fenómeno cultural de participación ciudadana, lejos de extinguirse, cada primavera va a más, hasta convertirse hoy en día en muchos sitios en un acontecimiento de masas.

Banalizar la Semana SantaDetrás de este movimiento, lógicamente, se mueve mucho dinero. Cientos de miles de personas que se desplazan a los lugares de referencia, un turismo que quiere impregnarse de todo, platos típicos de estas fechas, recordatorios… Es lógico que deje ingresos no solamente a las hermandades que han preparado sus procesiones y que revertirá en la mejora de estas y en acciones sociales, sino también a otros sectores involucrados.

Desde hace décadas, el sentido de la Semana Santa se ha ido perdiendo entre muchos cristianos, la mayoría de los cuales, antes que cumplir con la liturgia que la fecha recomienda, aprovecha para vacacionar o, si esto no es económicamente posible, tomarse unos días libres en la vorágine de los primeros meses del año.

Quienes ya cuentan con más de tres décadas de vida, seguramente recordarán aquellas Semanas Santas de su infancia, en las que las radios y la televisión tenían programaciones especiales, con música sacra o programas al tono durante todo el día. Seguramente muy pocas personas quisieran que las cosas volvieran a ser así, especialmente por respeto a quienes no profesan el cristianismo, y es que no es allí donde está el problema. En definitiva, un cristiano debería cumplir con los preceptos que la Iglesia le indica, más allá de lo que los medios de comunicación difundan.

En definitiva, lo que se vive de un tiempo a esta parte es la banalización de la Semana Santa, la que se ve más como una ocasión para tomarse unos días libres que para aproximarse a Jesús y su mensaje.

De eso, a convertir esta fiesta religiosa en un negocio puro y duro, sin respetar los más mínimos decoros y sentido común, hay muy poco trecho. Hemos visto estos días como  en muchos supermercados visten sus puestos con escenografías religiosas rayando en el esperpento. Imágenes de vírgenes para vender torrijas, maniquíes de nazarenos para llamar la atención sobre miel y otros ingredientes para los dulces, tapas de ensaladilla en forma de paso con palio…

Banalizar la Semana SantaEl sentido común, el respeto a las creencias, a la fe religiosa, falta cuando se banaliza y trivializa todo. Hay unos límites no muy claros que no se respetan, quizás no con la intención de hacer daño, sino amparados por la aculturización religiosa. Existe un movimiento antirreligioso (muy condescendiente sin embargo con otras religiones poco tolerantes y denigrantes para la mujer ) que no está dispuesto a que la religión católica que profesa la mayoría de los españoles, pueda ejercerse con absoluta libertad. Y entre los objetivos de esta corriente de laicistas militantes está la de ridiculizar a la Semana Santa, la Navidad, el Día de Difuntos y todo lo que tenga que ver con la Iglesia.  Flaco favor se le hace a ésta última si como creyentes no nos oponemos y denunciamos, por innecesarias y ridículas, estas veleidades comerciales, más propias de tenderos horteras, que de buenos empresarios.

A todo lo largo del año son muchas las noticias del mundo cofrade y de todo lo que lo rodea, con secciones fijas en los medios de comunicación. Para muchas personas es Semana Santa todo el año. La Semana Santa es forma externa, pero también lo son los silenciosos nazarenos que hacen la estación de penitencia y los callados [email protected] y hombres y mujeres que aportan su fuerzas para que las imágenes recorran la ciudad de forma incomparable.

Confiemos que, como tantas veces, prevalezca el sutil equilibrio y mesura de las cosas que se aman y que se organizan por ciudades enteras y familias. Y todo ello con mesura y equilibrio.

Fuente: xyz Ediciones

 

Sobre Carlos Marcos

Carlos Marcos
Caballa con alma de comercial Junior, polivalente y creativo. Soy extrovertido y proactivo. Me gustan "mis churris", el Marketing online y la publicidad. Soy Community Manager y Colaborador de la Revista Teleindiscreta.

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