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Barbara Hendricks canta a la libertad

La vida de Barbara Hendricks (Arkansas, EE UU, 1948) no ha sido un camino de rosas. Nació en una época en la que una mujer negra no podía ni soñar con tener los mismos derechos que la mayoría norteamericana blanca, que segregaba a la población afroamericana en todos los aspectos de la comunidad. Pero las dificultades de encontrarse en la Norteamérica más retrógrada no le impidieron estudiar Matemáticas y Química en la Universidad de Nebraska –donde se graduó a los 20 años– y llegar a ser en la actualidad una de las cantantes líricas más reconocidas de su generación. Su variado repertorio incluye canciones tradicionales que ha interpretado desde que iba a la iglesia siendo una niña, arias de gran dificultad –con las que ha viajado a la Ópera de París o al Metropolitan de Nueva York–, o «standars» de jazz que la igualan a cualquier maestro del género. Y, por si todo esto fuera poco, combina su intensa actividad profesional con una profunda defensa de los derechos civiles, que abandera allá donde va. Esta lucha está muy presente en la próxima gira de la soprano por España –con paradas en Cataluña, País Vasco, Gijón y Madrid (los días 14 y 15 de diciembre en el Centro Cultural de la Villa)– titulada «The Road to Freedom» (El camino hacia la libertad) en la que interpretará canciones tradicionales negras en estilos como el blues o el góspel.

«Es un placer volver a España, un país con el que conecto enormemente», destaca Hendricks en una entrevista a este periódico. «Los españoles siempre me han tratado con un gran cariño y mucho respeto, y adoro venir a cantar o a dar conferencias», reconoce. España también la galardonó con el Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 2001, una condecoración que también han recibido artistas de la talla de Paco de Lucía, Woody Allen o Norman Foster. «Recuerdo perfectamente la gala en la que me concedieron el premio, estoy y estaré siempre agradecida al pueblo español», agrega la cantante. Esa gala también se ha quedado grabada en la retina de muchos de los que la vieron. En ella, Barbara Hendricks regaló a la audiencia una versión del tema espiritual negro «Sometimes I feel like a motherless child», compuesta hace más de un siglo, que habla del desarraigo de los esclavos que partían de África para trabajar en las plantaciones de Estados Unidos. Una actuación que conmovió a los presentes, que no podían evitar las lágrimas mientras la aplaudían.

Hendricks reacciona con normalidad cuando es preguntada por los recuerdos que tiene sobre su niñez y su adolescencia, a pesar de haber crecido en una época de represión y desigualdad. «Recuerdo una infancia feliz, marcada por la iglesia, en la que comencé a cantar. Era buena en el colegio en ciencias y siempre me interesaron, por eso estudié en la Universidad, aunque mi pasión siempre ha sido la música», rememora.

Después de sus estudios universitarios llegaría la Julliard School en Nueva York, una de las escuelas de artes más prestigiosas del mundo, donde aprendió más sobre música clásica y otros sonidos contemporáneos como el jazz . Gracias a su talento y a su esfuerzo, pronto comenzó a cantar profesionalmente y girar por Estados Unidos y Europa.

– Cariño de España

En su nuevo espectáculo, el Movimiento por los Derechos Civiles –cuyos referentes, Rosa Parks y el doctor Martin Luther King han servido de «inspiración» a Hendricks– cobra un especial protagonismo. «Llevamos muchos años luchando para que todos los seres humanos sean iguales, sin importar criterios la raza o el sexo», defiende la artista. «Pero todavía queda mucho por hacer. El problema en Europa con los refugiados es una muestra de que todas las personas merecemos el mismo trato, y aquí no se está cumpliendo», asegura. La crisis migratoria y los refugiados han preocupado a la artista desde hace décadas. Desde 1987 es la única embajadora vitalicia de buena voluntad de la ACNUR (La Agencia de la ONU para los Refugiados), y defiende los derechos de los que lo han perdido todo: «Los refugiados son personas como nosotros que se han visto envueltas en guerras y pobreza y que sólo buscan un futuro mejor. Es nuestro deber como sociedad el de cuidar a estas personas y hacer que puedan vivir como los demás», declara. Este verano pudimos ver a Hendricks en nuestro país dando una charla en la Casa África de Las Palmas de Gran Canaria, dentro del primer encuentro Parlamentarias Canarias-África. En él, habló de lo oprimidas que se sienten las mujeres en algunos países de nuestro planeta, donde se las somete y se las trata como mercancía. La lucha de la soprano no entiende de minorías: «La música me ha dado el poder para defender causas que creo justas por el mundo», destaca.

A Hendricks, ciudadana nacionalizada sueca además de norteamericana, también le preocupa la reciente elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos: «Espero y rezo por que no lleve a cabo todas las cosas que prometió en campaña, sería un desastre para todos».

Volver a ver a Barbara Hendricks en España es una gran oportunidad para escuchar y sentir a una voz con raíces, con historia y con mucha pasión que defiende, a través de la música, los derechos que tenemos y los que todavía nos quedan por conquistar.


Fuente: La Razón

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