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Bertín Osborne: “Todo en mi vida ocurre por casualidad”

Es el cuñado de España y Bertín Osborne se quita todo el mérito de haberlo conseguido. Y eso que, si las audiencias no mentían, el músico y presentador vence por mayoría absoluta televisiva. Sin embargo, asegura que todo le pasa por casualidad y durante la entrevista transita un terreno entre la falsa modestia y la naturalidad desarmante. Porque no hay un personaje que sacar del armario ropero. Él es así. Su campechanía le ha hecho célebre anfitrión y pésimo cocinero sin tapujos. Bertín Osborne publica ahora «Por ellas» (Sony), un nuevo trabajo en el que canta baladas con nombre de mujer y que presentará en directo con una gira acompañado de «big band» y de mariachis. La primera parada será, además, solidaria. En el Barclaycard Center de Madrid, el próximo 21 de diciembre, en un recital a beneficio de Venezuela, dentro de una campaña para enviar medicinas al país americano. Pero antes, estamos ante un disco de Bertín Osborne de baladas con nombre de mujer. ¿Será afrodisíaco?, ¿mejorará la natalidad? Se lo preguntamos.

–Con esa leyenda de galán, hacer un disco para mujeres, está poniendo la primera pregunta a huevo…

–Qué estupidez, no… no es idea mía.

–Pues es que está pidiendo que le pregunten.

–Ya, pero la idea es de Sony, que conste… Ya hice uno que era «Por ellos» dedicado a la gente con discapacidad, hace unos ocho o 10 años. Y fue el primero de los que donamos el dinero de las ventas a una fundación. Y en Sony me dijeron que ahora por ellas, con canciones con nombre de mujer. Me convencieron rápido.

–Imagino que habrá elegido los temas.

–Tardamos dos o tres meses para elegir el repertorio y sólo diez días en grabarlo. Porque canciones hay muchas pero que se adapten al swing de una «big band» no hay tantas, y el disco está grabado en directo. Hay que encontrar un tempo que le vaya.

–¿Alguno de los temas tiene un papel especial en su vida?

–«Sweet Caroline» la canto desde que tenía 14 años porque me gusta Neil Diamond. También «Clara», porque me recuerda justo al año que empecé a cantar, el 81. Y me hacía ilusión hacerla.

–¿Por qué empezó a cantar?

–Pues una casualidad. Yo cantaba en un grupo con amigos e íbamos los fines de semana a tocar… Todo en mi vida es casualidad. Empecé a hacer televisión porque me dijo Valerio Lazarov que tenía que presentar. Le dije que no, y él se puso pesado. Y mira, aquí estoy.

–Hombre, todo casualidad…

–Que sí. Lo del teatro, igual. Un día Arévalo me dijo que teníamos que hacer lo de Schwarzenegger y Danny de Vito. Gemelos. Pues vale. Y le dije que se lo inventase él y mira, llevamos diez años.

–Pero la vena artística de algún lado le tiene que venir.

–No, de nadie. Hay pintores y escritores en casa. Cecilia Böhl de Faber era antepasada mía.

–Le han sacado parentesco con el escritor J. R. R. Tolkien.

–Sí, claro. Un poco raro, ¿no? pero… de alguna manera.

–¿De joven no le interesaba ser cantante ni actor?

–No, para nada. Yo quería ser deportista profesional. Jugaba al tenis de cojones, pero me rompí la rodilla y se acabó. Fue una enorme frustración para mí. Lo he seguido siendo, pero me he perdido ser profesional.

–¿No canta en casa?

–Jamás, en mi puta vida.

–Pues lleva 25 discos, así que ya me dirá…

–Es verdad (ríe), y lo que más disfruto son los conciertos. Llevo una banda de 24 tíos, con «big band» y con los mariachis. Es un espectáculo acojonante.

–¿No le da respeto todo ese despliegue?

–No, nunca me he impresionado por nada. Y he cantado ante 100.000 personas. Salgo y lo disfruto. Es que no soy impresionable. Desde el primer día en este mundo, nervios cero. Hago las cosas como me salen y me parece que la gente lo aprecia. El otro día fue una catástrofe en el teatro, porque la noche anterior grabé un programa en el campo con un frío del carajo y me enfrié. En el teatro entro cantando y tuve que parar. En vez de ponerme a temblar, me entró la risa. El pianista no sabía si seguir y yo dejé de cantar y se lo dije al público, pero ellos no sabían si estaba preparado o si era así el espectáculo, y se morían de risa.

–¿No siente vergüenza?

–Nada. Me divierto más. Y cuando se cae un foco, más aún.

–Si me llevan a un estudio con 25 músicos y no acierto ni a la primera ni a la quinta, me muero.

–Eso es un «cante»… pero no me suele pasar.

–Le retocarán la voz, ¿no?

–Grabo la toma entera, como mucho dos o tres veces. Para este disco, tardé tres días en grabar 11 temas. Pero es que siempre ha sido así, cuando empecé no existía el Pro Tools. Me dicen los productores que ahora ya cantan hasta los mudos, y que a alguno les tienen que afinar palabra por palabra. Pero el resultado es más frío.

–Canta mejor que cocina.

–(Risas) Un desastre. Y no hay solución, aunque voy a hacer un curso o varios minicursos. Te llevan dos o tres días a hacer diez platos de la cocina que quieras: italiana, mexicana o japonesa. Me encanta el japonés.

–¿Se atreverá en la tele?

–Cuando aprenda… lo haré. No es tan difícil.

–¿Le quema la tele o su repercusión?

–No, la disfruto y me divierto. Son muchas horas. Pero la repercusión… es que no estoy en redes sociales y me resbala todo.

–¿Qué faceta disfruta más, el cantante, el presentador o el actor?

–Cantante. Sin duda. Me siento más cantante que otra cosa.

–Igual este disco tiene efectos afrodisíacos…

–(Risas) No sé… Estaría bien.

–¿Puede aumentar la natalidad?

–Hombre, pues vendría de maravilla, porque veremos quién cobra la jubilación si no…



Fuente: La Razón

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