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Carlos Santos: «Los humanos pervertimos nuestros superpoderes»

Fue el hombre de las mil caras, ahora juega a ser el de la voz animada. Carlos Santos obtuvo el Goya al mejor actor revelación por convertirse en Luis Roldán en 2016, pero su carrera ya la conocían los seguidores de «Los hombres de Paco» y «El tiempo entre costuras». En algún lugar enmedio le puso voz a un personaje secundario en «Batman: la Lego-película». La experiencia la repite en otra loca historia hecha de piezas de plástico, «Lego Ninjago», que se estrena hoy. Contra toda probabilidad, estos muñecos de rígidas formas seducen. Y si lo hacen es en parte gracias al doblaje. La película, por cierto, transcurre en una especie de Thailandia de fichas de plástico, de ahí que Santos haga sonar el Gong en la imagen.

–Le ha cogido gusto al doblaje.

–Mi primera experiencia fue con «Batman» de Lego pero en un personaje pequeño. Les debió gustar y me han dado uno mejor.

–El malvado Garmadon es el verdadero protagonista.

–Hay una historia de padre e hijo que refiere un poco en parodia a otras historias paternofiliales en lugares oscuros del espacio exterior.

–Hay una parodia de «La guerra de las galaxias».

–Es un referente para una generación y aquí se busca un giro de tuerca.

–¿Qué le atrae del doblaje?

–Siempre me ha gustado. En la escuela de arte dramático nos enseñaron unos ejercicios de este oficio para tener más posibilidades de ganarte la vida. Y yo hice un proyecto con lo más difícil que había, que es el genio de «Aladdin».

–Creo que fue Josema Yuste el doblador original, ¿no?

–Sí, hizo un trabajo increíble. El doblaje es interesante porque te olvidas de tu cuerpo y de tu cara y te concentras en ponerlo todo en la voz. Te permite jugar, no analizarte.

–Es liberador para un actor.

–Claro que lo es, porque te dejas llevar. Juegas. Convertirse en un dibujo animado es ser libre.

–¿Aprendió de alguien?

–No, en realidad. Creo que cuando tienes oído musical, y yo toco y canto y siempre me ha gustado la música, te sale más fácil meter la voz cuando debes y buscarle el tempo al doblador original. Se trata de tener un poco de oído y resulta más fácil. Son muchas horas de trabajo, de 10 a ocho de la tarde durante cinco días.

–Y en un espacio pequeño.

–Sí, como una pecera. Pero teníamos al gran José Luis Angulo de director de doblaje. El famoso doblador de Michael Knight.

–¿De «El coche fantástico»?

–Cuando me hizo lo de (habla en dirección a su reloj de pulsera) «Kitt, te necesito», un escalofrío recorrió mi espalda. Me retrotraje a cuando tenía 6 u 8 años. Fuera de bromas, es un trabajo duro pero de equipo. Cuando llevas muchas horas allí ya no sabes qué has hecho bien y qué mal, no distingues. Empiezas a estar saturado… y hay que tomar un descanso.

–Hay giros y modismos en el guión muy divertidos. ¿Pudieron meter cosecha propia?

–Sí, eso que has percibido es nuestro en parte. Algunas venían en el guión, pero el traductor generalmente no ve la imagen, sólo tiene el texto. Y por eso no capta bien de todo la escena. O hace una frase excesivamente larga o corta. Y lo hemos adaptado nosotros. Hay cositas sobre la marcha pensando en los chavales, que es la audiencia.

–Alguna «morcillita».

–Por nuestra cuenta y riesgo.

–¿Jugaba a los Lego de chico?

–Y también a todo lo que fuera poner muñequitos, hacerles voces e inventar historias. Era devoto de los Masters del Universo. Los tengo todavía, mi colección está en casa. El Castillo de Grayskul y el de La Serpiente y Skeletor. Yo jugaba a inventar aventuras y creaba cualquier día una historia completa, con presentación, nudo y desenlace. Ponía las voces y estaba las horas muertas.

–En la película sucede así: Jackie Chan le narra un cuento a un niño que entra en la tienda.

–Exacto. Es un cuento no sé si con moraleja pero sí con mensaje a ese niño tímido con el que todos se meten y parece un poco Bastian entrando en la librería del señor Koreander de «La historia interminable». Lo que cuenta es que todos tenemos nuestro propio valor interior y nuestra propia luz y que hay que pelear para que no te avasallen y confiar en uno mismo.

–Incluso Garmadon.

–Él descubre que puede cambiar. Y eso que es lo que más cuesta, porque está acostumbrado a hacer el mal, pero por el amor a su hijo y a su ex deja el lado oscuro. Es complicado porque la costumbre es difícil de cambiar. Creo que ese es el poder que tiene.

–¿Y el de Carlos Santos?

–Buff. No sé, seguramente es que soy cabezón y perfeccionista. Han acabado hasta el gorro de mi porque siempre les convencía de hacer una toma más.

–Tiene un mensaje necesario.

–Sí, porque todos vamos como borregos y buscar tu identidad individual está muy bien. No dejarse llevar por la corriente es vital. Cada uno tenemos un valor y es lo que hay que buscar, aunque en el colegio te pongan un uniforme.

–¿Qué papel juegan las redes sociales en uniformarnos?

–Tengo con ellas una relación de amor-odio. Es un invento fantástico, pero los seres humanos tenemos la maldita costumbre de pervertir todo lo que inventamos. Yo creo que la posibilidad de mandarle un mensaje, no sé, a Anthony Hopkins, es espectacular. Y aunque no lo lea esa posibilidad es muy bonita. ¿Qué hace la gente? Escribirle para decirle que su última película le parece una puta mierda. Y eso no es. ¿Cómo utilizamos ese superpoder tan mal? Los humanos pervertimos nuestros superpoderes. Es una lástima pero así somos.



Fuente: La Razón

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