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Carreño: del amago de retirada por una hernia a las semis en NY

Pablo Carreño, nacido hace 26 años en Gijón, disfruta estos días de un éxito que recompensa muchos años de trabajo, dedicación y sufrimiento para alcanzar la élite del tenis mundial. Formado en el Real Grupo de Cultura Covadonga, el club más prestigioso de su ciudad donde jugó mucho tiempo en pistas duras, emigró con 15 años a la Ciudad Condal atraído por el Real Club Tenis Barcelona.

Allí le surgió un grave problema en 2012. Padeció una hernia discal que le tuvo siete meses apartado de las pistas. «Cuando tuve la lesión, después de ver a varios médicos, solo había dos opciones: operar o dejar el tenis. No había otra. Al final decidí operarme porque yo quería seguir jugando y darme esa posibilidad. Podía ser que la operación no saliera como salió y quizá hubiera tenido que pensar en otras cosas, pero por suerte me ha ido bien. Desde los 15 años mi mentalidad fue siempre la de ser tenista. Yo quería jugar al tenis. Lo he tenido muy claro y lo sigo teniendo muy claro». Lo contó Carreño en una entrevista de Alejandro Ciriza para El País justo antes de enfrentarse a Rafa Nadal en cuartos de final de Roland Garros, cuando volvió a lesionarse, esta vez en la zona abdominal.

Después de aquella lesión vertebral, en 2013 tuvo que remontar puestos en el ránking a costa de jugar sin parar: 9 torneos y 112 partidos entre Futures (40), Challengers (44), previas (14) y torneos ATP (14), datos que recopiló Lluis Carles Pérez en Mundo Deportivo. Así pasó del puesto 757 al 64, una subida de 693. Por esa machada se llevó el premio al Jugador Más Mejorado de la ATP en el Masters de Londres. El siguiente año podría haber sido el de su reválida, pero aquel problema retrasó su explosión. Tuvo paciencia y siguió alternando y ganando Challengers con torneos ATP, muchas veces desde las rondas previas.

Con Juan Carlos Ferrero

Repitió lo mismo en 2015 y ya más cuajado, en 2016 hizo las maletas y se fue a la JC Ferrero Equelite Sport Academy de Villena (Alicante), dirigida por su ídolo, Juan Carlos Ferrero (hicieron pareja de dobles en el último Godó), donde le entrena Samuel López. «Cuando yo era pequeño le veía jugar por la tele. Llegó a ser número uno. Estar ahora entrenándome en su academia, verle casi todos los días, jugar con él y que me dé consejos es un privilegio que tengo que aprovechar para seguir creciendo«, contó en una entrevista a AS.

Habitual ya en las eliminatorias de Copa Davis (dio el punto del triunfo a España en la primera ronda contra Croacia este año), su juego creció exponencialmente y llegaron los primeros títulos ATP: Winston Salem y Moscú, los dos en pista dura, aunque se desenvuelve mejor en tierra batida. En aquel momento no se veía en el top-10, ahora lo tiene a su alcance. Y decía que le gustaría ganar algún día «Roland Garros o el US Open». En el primero llegó a cuartos de final y el segundo lo tiene a tiro. Será difícil que lo consiga, pero nunca se sabe.

Se lleva muy bien con Nadal (ganaron el torneo de dobles de Pekín en 2016), que una vez dijo de él que tiene «madera de campeón». Su espejo es David Ferrer, porque «ha conseguido estar muchos años entre los cinco mejores del mundo y eso no es nada fácil»: «Es bueno fijarse en jugadores como él. Ha dado lo máximo con lucha y pundonor y los que estamos detrás le vemos más cerca, aunque aún está muy lejos», dijo a AS del alicantino. Sus entrenadores dicen de él que tiene «cara de ángel» y sus amigos, entre ellos Nadal, que es «una excelente persona». Fuera de las pistas le gusta el fútbol y es seguidor del Sporting. Y cuando puede se escapa a Gijón para «disfrutar con la familia y los amigos». Eso en el poco tiempo libre que le deja su pasión por el tenis, la que le ha llevado de una posible retirada, a las semifinales del US Open.



Fuente: AS

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