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“Casi lo tiro todo por la borda y dejo la música”

Tenía 16 años cuando publicó su debut homónimo. Desde entonces, Sophie Auster (1987) ha lanzado un EP y otro disco largo con los que ha ido buscando su voz. «Dogs And Men» (2015) tenía la energía de la juventud airada y el mensaje de la falsa seguridad en uno mismo que tienen los que están lejos de alcanzarla. Ahora, sin necesidad de hacer alardes, la hija de los escritores Siri Husvedt y Paul Auster acaba de publicar «Next Time», un álbum con el que confirma la clase que se le presuponía y con el que empieza a encontrar su vocabulario artístico. Lastrada más que impulsada por sus apellidos («yo creo que ni me ayudan ni me perjudican», dice en una de las lacónicas respuestas al respecto), Sophie, que también es actirz y modelo, es consciente de que su camino acaba de empezar. El tema «México» ha sido elegido por John Turturro para «Going Places», el «spin off» de la película «El gran Lebowski» que protagonizará y dirigirá en torno a las locas peripecias de Jesús Quintana, el loco jugador de bolos de la cinta de los hermanos Cohen. Presenta el trabajo en Bilbao (12 de mayo), Madrid (14), Málaga (16) y Ourense (18).

–Creo que el disco se le atragantó un poco.

–En medio del proceso lo tenía ya terminado: estaban los arreglos grabados, lo tenía… todo. Pero experimenté uno de esos momentos de horror en los que te detienes a pensar lo que estás haciendo y… me di cuenta de que no me gustaban las canciones, ni el sonido, supe que había ido demasiado rápido. Y me senté a pensar. Y comencé de cero.

–¿Todo a la papelera?

–Menos dos canciones. «Rising Sun» y «Mary Jane».

–«Mary Jane» es de los temas más alegres del disco.

–No recuerdo qué sucedió, pero debió ser alguna experiencia decepcionante. Alguna oportunidad que de repente se frustró y no sé… fue como un bajón.¡Joder! ¿por qué hago música? Si no gano dinero y esto es tan duro, ¿por qué me empeño tanto? Escribí esa canción para darme ánimos. Trata de no rendirte cuando persigues tus sueños, básicamente. Es un «no me preocupa lo que pase, voy a seguir cantando y bailando como en mis sueños felices». La escribí pensando en cómo era de niña, cuando bailaba en la calle, y para recordar por qué quiero hacer música cuando iba a tirarlo todo por la borda. Estuve a punto de hacerlo.

–¿La música era su sueño de infancia?

–Bueno, ya sabes. Primero quería ser dibujante o ilustradora. Pero entré en el coro cuando tenía 8 años y mi profesora me hizo salir delante de la clase y me dijo que yo podía cantar. ¿Yo? ¿en serio? Y ahí empezó todo.

–¿Cómo se siente haciendo letras siendo sus dos padres escritores?

–Para mí es un espacio seguro porque me protege el formato corto. Me hace sentir cómoda.

–¿Es una sombra alargada el apellido?

–No lo veo como una losa. Pero definitivamente tampoco puedo decir que sea un impulso.

–¿Ha intentado contar una historia con las canciones del disco?

–Sí. Creo que el disco trata de arquetipos de hombre y de mujer y de cómo hay diferentes historias entre ellos. «Dollar Man» es como el agresivo voraz depredador estilo Harvey Weinstein, por ejemplo. Eso creo que cuenta una historia. Hay mucho de estereotipos sexuales, la verdad, y de cómo afrontamos de forma diferente las situaciones de la vida. –Oiga, ¿y todo ese materal que tiró verá la luz algún día?

–No lo sé. No descarté solo un álbum entero… Puede que tirase a la basura como 100 temas y algunos me gustaban. No es una exageración, ¿eh…?

–¿Qué es lo que no le gustaba?

–El tono era completamente diferente. El estado de ánimo también. No era lo que quería decir. Un poco aburrido, creo, incluso. Te diré la verdad: me parecía que alguna canción era una verdadera mierda. No eran de verdad, no se parecían en nada a mí.

–¿Tenía que ver con su interpretación?

–Sí, pero también por el entorno. Lo grabamos en un estudio profesional de esos que se alquilan por horas. Y me puse muy nerviosa, porque ahí estás gastando tu dinero o el de otro, hay una presión. Todo cambió cuando fuimos a grabar a un estudio casero y ya me pude relajar y sentir libre.

–¿Pagó ese disco?

–¡Lo pagué! ¡lo pagué! Emocional y literalmente. (Pone voz grave) Puedes apostar que pagué bien caro ese arrepentimiento. Pero era la decisión correcta.



Fuente: La Razón

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