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Chevi Muraday: «Soy un bailón de discoteca»

«Es una expresión de metralla. Un espectáculo loco y divertido». Así se refiere Chevi Muraday a «Marikón, ¡esto acaba de empezar!», el montaje con el que Losdedae conmemora su XX aniversario. Impregnado por un ambiente festivo y formado por un elenco de actores y bailarines que en algún momento han trabajado en la compañía, aúna música en directo, texto, poesía, danza… Se trata de una apuesta arriesgada y desinhibida que refleja la esencia de su creador, de inquietud constante, de no quedarse aletargado, de vivir. Y de bailar. Donde sea, con quien sea, como sea. Lo importante es bailar. Estará desde el 11 hasta el 14 de mayo en el teatro Kamikaze.

–Marikón, ¿esto acaba de empezar?

–Absolutamente. Es un espectáculo con una mirada al pasado y otra hacia el futuro para ver cómo nos vamos a lanzar a los próximos proyectos.

–¿Hasta que el cuerpo aguante?

–Yo espero que la vida de Losdedae no tenga caducidad. Hay coreógrafos y personas que trabajan conmigo que pueden coger el relevo.

–Pero el suyo seguro que soporta lo que le echen…

–Voy a cumplir 48 años. Con el paso del tiempo he notado cómo el cuerpo no degenera, pero busca caminos alternativos para encontrar otros lenguajes. No bailo como cuando tenía 30 años, aunque me costará salir de los escenarios.

–¿Se baila como se es o como se está?

–Lo más importante es la fidelidad constante con uno mismo. El ser y el estar se encuentran muy implicados en ello.

–Marikón con «k», ¿de qué?

–(Risas) De kamikazes, por ejemplo.

–¿Ha soplado las velas?

–No. Y la verdad es que no sé si las vamos a soplar…

–Si las soplara, ¿qué deseo pediría?

–El de seguir compartiendo otros 20 años con el equipo maravilloso que me ha estado acompañando y apoyando en todas las locuras que les he ido proponiendo.

–¿Qué le llevó a crear Losdedae?

–La necesidad ante el páramo que sentía en ese momento. Necesitaba expresarme como bailarín. Poco a poco empecé a jugar con la coreografía y entré en este maravilloso universo.

–¿Y a dónde le gustaría llegar?

–Me encantaría explorar universos en los que aún no he entrado. Soy de meter en el fango los brazos hasta los codos.

–Continúe, continúe…

–La danza humaniza. Creo que sería fantástico conseguir que los políticos pudiesen tener una sintonía más cercana con la danza. Somos unos luchadores ante esta situación. Tenemos que seguir en las trincheras de ese universo para desbloquearlo, porque hay un bloqueo absoluto.

–¿Con qué político le gustaría bailar?

–En este momento me gustaría tener enfrente a Esperanza Aguirre. Y a partir de la mirada, a ver qué surge…

–¿A qué ritmo?

–(Risas) Intentaría que fuera pausado. Un ritmo que necesitara mucha escucha del entorno.

–Tras 20 años danzando, ¿dónde tiene usted los pies?

–Ahora mismo, a cinco centímetros del suelo. Estoy viviendo un momento muy bonito.

–¿Y la cabeza?

–Muy pegada al suelo.

–Le habrán salido unos cuantos callos…

–Sí, pero desgraciadamente en el corazón y en el estómago, después de vivir situaciones muy injustas.

–¿Cuál es el lenguaje de la danza?

–El universal.

–¿No necesita intérpretes, ni traductores?

–Necesita mucha verdad y honestidad.

–¿Qué momento atraviesa en España?

–El de la mutilación de un país en movimiento.

–¿No está la cosa para muchos bailes?

–Todo lo contrario. Está la cosa para bailar allí donde sea necesario. No hablo de teatros, ni de festivales. Me refiero a bailar en cualquier sitio, con quien sea, como sea… No importa si eres bailarín o no. En esta sociedad, la danza no tiene el lugar que se merece. Bailar nos hace felices. Desinhibe, te permite encontrarte contigo mismo, con el otro… La danza no engaña. Es vida.

–¿Es el mayor acto de libertad?

–Es uno de los mayores actos de generosidad. Y la generosidad exige libertad.

–¿Qué tienen los bailarines de supervivientes?

–Los bailarines, los coreógrafos… todo el sector español de la cultura, en general, es supervivencia pura. Somos los responsables de que la cultura en este país no desaparezca.

–Pues vaya responsabilidad.

–No es responsabilidad. No puedo tirar la toalla.

–¿A usted qué le inspira para preparar sus coreografías?

–Siempre me ha llamado la atención lo más cotidiano. Estoy las veinticuatro horas del día dándole al coco. Incluso cuando estoy durmiendo.

–¿Sueña con sus bailes?

–Sí, mucho. Y deseo.

–¿Y si no se hubiera dedicado a esto?

–Viviría en la mediocridad.

–¿Baila en las discotecas?

–¡Uy! Mucho. Soy un bailón (risas). Me lanzo con facilidad. Se me va el cuerpo, el alma, el corazón…

–¿Y con dos copitas?

–Mucho mejor, claro (risas).



Fuente: La Razón

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