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Cómo comer menos puede retrasar tu envejecimiento

Nos preguntamos cada vez que miramos al espejo por qué las patas de gallo no nos quedan tan bien como a Robert Redford. Queremos permanecer siempre jóvenes. Luchamos cada día contra las señales visibles del envejecimiento en nuestra piel. Tiramos de dermocosmética. Nos ponemos cremas, los hombres cada vez más, para no envejecer. Tiramos de complementos alimenticios para tener resultados más profundos. Sabemos que el envejecimiento se da a nivel celular.

El secreto de la juventud podría ester relacionado con lo que comemos. Un reciente estudio, de la Universidad Brigham Young (EE UU), publicado en Molecular & Cellular Proteomics, concluye que comer menos podría ralentizar el proceso celular, que conlleva el envejecimiento. Ojo: la mayoría de los expertos recuerda que, si realizamos una dieta por debajo de nuestros requerimientos, podremos entrar en una situación de desnutrición calórica. Lo que recomiendan es comer con moderación.

Para el citado estudio, se hizo que un grupo de ratones tuviera acceso ilimitado a alimentos y que otro consumiera un 35% menos de calorías, aunque, eso sí, recibía todos los nutrientes necesarios para la supervivencia. Los científicos encontraron que los ratones sometidos a la restricción calórica tuvieron cambios bioquímicos que retrasaron su envejecimiento

El estudio, cuyo autor principal es el profesor de Química y Bioquímica John C. Price, pivota sobre el comportamiento de los ribosomas, que son los encargados de fabricar las proteínas que cada célula necesita para su correcto funcionamiento. Durante un período de restricción calórica o ayuno intermitente, frenan su ritmo de fabricación de proteínas, y la célula aprovecha para metabolizar las que no trabajan correctamente. Entran en una especie de reposo y auto-reparación que ayuda a que se mantengan en perfectas condiciones durante más tiempo. Tras manifestar que pasar hambre no es bueno, Price compara a las calorías con “las monedas de las células”: “Si uno se ve obligado a vivir con un presupuesto, entonces tendrá más cuidado de lo que compra y se preocupará más por la planificación a largo plazo”, narra. Es decir, con muchas calorías, los ribosomas se centran más en la producción de nuevas proteínas y en las nuevas copias de sí mismos en vez de hacerlo en su calidad y en las operaciones de mantenimiento del propio ribosoma. Eso hace que “comer más aumenta el nivel de envejecimiento”. No obstante, Price reconoce que hay cierta dificultad de trasladar este estudio a las personas, puesto que tenemos diferentes metabolismos y tipos de cuerpo como para definir “una dieta ideal”. Está por confirmar si los efectos derivados de establecer limitaciones en la dieta de los ratones se pueden trasladar también a los seres humanos.

“Al comer menos, el proceso celular va a un ritmo más lento y por eso se envejecería menos”, apoya Alfredo Martínez, catedrático de Nutrición de la Universidad de Navarra y científico del Centro de Investigación Biomédica en Red Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (CIBERobn). Expone que la alimentación puede afectar a la disminución en el organismo de sustancias dañinas y de elementos del propio envejecimiento. Su compañero en el CIBERobn Santiago Navas-Carretero advierte de que, “si los ribosomas no funcionan bien, la síntesis de proteínas empieza a dejar de ser eficiente, y el cuerpo tiene cada vez más problemas para mantener las funciones, lo cual afecta también durante el envejecimiento”.

Agua Morán, experta en nutrición y autora del libro ¿Quién dijo dieta? El sistema definitivo para adelgazar y nunca volver a engordar, explica que “el envejecimiento es un proceso fisiológico (no patológico), en el que influyen gran cantidad de factores, tanto genéticos como medioambientales”. Entre los factores medioambientales, están la contaminación, el tabaco y la mala alimentación. Una alimentación rica en antioxidantes (mediante alimentos ricos en vitamina C, E y betacarotenos), aclara, puede ayudar a frenar el envejecimiento de los radicales libres, las moléculas que dañan a nuestras células y que contribuyen a pisar el acelerador del proceso del envejecimiento. Morán deja claro que todas las frutas y verduras frescas, aquellas que se oxidan y se ponen marrones a la intemperie, son muy ricas en antioxidantes, y deberían ser la base de una alimentación sana.

Ajuste energético

Por su parte, el doctor Juan José López Gómez, miembro del área de Nutrición de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), subraya que “la mejor manera de influir positivamente sobre el deterioro progresivo del organismo es el ajuste energético adecuado a los requerimientos de cada individuo para evitar el exceso de energía que puede conducir a la obesidad”. Rechaza que sea adecuado tomar el concepto comer menos como una manera de retrasar el proceso de envejecimiento celular. Considera que es más acertado hablar de un “ajuste de la energía consumida” a través de los alimentos a los requerimientos de cada uno. Propone una dieta con predominio del hidrato de carbono (intentando reducir al máximo los azúcares refinados), con una cantidad de proteínas adecuada procedentes de distintas fuentes (carne, pescado, lácteos y legumbres) y con un porcentaje reducido de grasas donde deben predominar los ácidos grasos monoinsaturados (provenientes, sobre todo, del aceite de oliva) y poliinsaturados (omega-3, predominantes en el pescado). “De la misma manera; el aporte de fibra, vitaminas y productos antioxidantes a través de la fruta y verdura pueden ayudar en este punto”, matiza. O sea, para estar jóvenes, además de hidratar nuestra piel, lo mejor es comer de una manera adecuada a nuestro consumo energético. La dieta mediterránea es ideal en este sentido.

Hay numerosas teorías para explicar el envejecimiento y sus cambios entre los que se encuentran los cambios atróficos de las células y un descenso del número de ribosomas. Otro estudio de la Universidad de Rotterdam (Holanda), publicado en agosto de 2016 en la revista Nature, aseguró que la restricción calórica triplica la esperanza de vida de los ratones y suprime síntomas que aceleran el envejecimiento. “Esto ocurre, entre otros motivos, porque la restricción de la dieta protege contra los daños en el ADN”, sugiere Aquilino García Perea, vocal nacional de alimentación del Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos.

Con todo, García Perea confirma que, “si combinamos una comida sana baja en calorías, que teóricamente retrasa el envejecimiento, con buenos tratamientos dermocosméticos podría hacer que no sólo nuestra salud sea mejor, sino que nuestro aspecto sea más juvenil”. Pilar Plans, veterinaria y autora de Somos lo que comemos, opina que ojalá tuviéramos la fórmula del antienvejecimiento. Eso sería estupendo. Por ahora, nos tenemos que contentar con que “uno de los pilares principales para retrasar el desgaste celular es la combinación de estilo de vida, de la dieta y del ejercicio moderado”. Hay que comer con moderación y de forma equilibrada, no abusando de una forma exagerada de lo que más nos gusta.




Fuente: AS

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