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Cómo se manifiesta el celo en las gatas (y lo mejor que podemos hacer por ellas)

Si el refranero popular ha recogido el celo de las gatas, es por algo. Se trata de un ciclo hormonal muy particular, altamente irregular y dependiente de condicionantes externos (presencia de otros gatos, estación del año…). Las gatas pueden incluso tener varios celos seguidos, si no consiguen su propósito: ser fecundadas por un macho.

El primer celo sucede normalmente entre los seis y los doce meses de edad, y cualquier dueño de una gatita notará inmediatamente que lo está teniendo a poco que se fije en su comportamiento, ya que se verá alterado notablemente. Aunque cada animal tiene sus particularidades, generalmente percibirá que:

  • Se muestra insistentemente cariñosa, frotándose y adoptando la postura típica de la monta (alzando la parte posterior del dorso y la cola) cuando la acariciamos.
  • Come y duerme menos.
  • Está más inquieta, se revuelca y retuerce y recorre constantemente la casa.
  • Emite unos maullidos muy particulares, incluso cierto tipo de chillidos. Puede parecer incluso que está experimentando dolor, aunque no sea así.

Precisamente por todas estas manifestaciones, el celo de las gatas suele ser considerado especialmente molesto. En Google es fácil encontrar consultas sobre cómo calmar a una gata que está en plena posesión hormonal. Pero si lo es para nosotros, más lo es para ellas.

La mejor solución, la más responsable tanto con la salud del animal como con el control de la población felina, es la castración, un término con connotaciones negativas, por lo que se suele hablar de esterilización, pero que tiene muchas ventajas. Es una operación sencilla y barata que eliminará los molestos celos, mejorará la calidad de vida y eliminará el riesgo a padecer ciertas enfermedades. Si se suceden los celos continuos que nunca son satisfechos durante años, la gata puede acabar mostrando comportamientos agresivos o sufriendo alteraciones mamarias, quistes ováricos, tumores… Y los tratamientos hormonales que inhiben el celo tienen efectos secundarios, no son recomendables a largo plazo.

En el Colegio Oficial de Veterinarios de Madrid tiene bastantes textos cuya lectura recomiendo, pero voy a traer aquí algunos extractos de uno que vienen muy a cuento:

A estas alturas creo que está fuera de lugar plantearnos si el control de la natalidad es algo necesario; pues uno de los grandes problemas de nuestra convivencia con los animales, especialmente en las ciudades, es el abandono de los mismos. Independientemente de que esto refleje una enorme falta de cultura y respeto por el mundo animal, incluso constituyendo una falta sancionable, debemos entre todos intentar evitar la existencia de una sobrepoblación de animales sin dueño. Está demostrado que las camadas de animales no deseados, tienen muchas más posibilidades de resultar abandonados el día de mañana, engrosando el elevado número de perros en las protectoras de animales, en las perreras municipales en espera de una difícil adopción o destinados a una más que probable eutanasia.

Como datos interesantes que enriquecen el debate, nos encontramos ante curiosas “costumbres culturales” y así, mientras en el mundo anglosajón (principalmente EE UU y Reino Unido) es casi inaudito la posesión de animales sin castrar entre los particulares no criadores, en nuestra cultura la esterilización posee connotaciones muy negativas de “mutilación”, “sentimiento de que algo le falta” o incluso “crueldad” hacia los perros; algo que demostraremos ilógico. Otro aspecto interesante es que mientras la gran mayoría de los felinos son esterilizados (más de un 90%), los perros lo son en porcentajes mucho más reducidos (menos de un 30%) en nuestro país. Bien es cierto que los gatos plantean algunos problemas de conducta (marcaje territorial, vagabundeo, molestias por los celos, etc.) que desaparecen con la castración; si bien deberíamos valorar los efectos beneficiosos que también se producen en los perros. El factor económico, tantas veces indicado por algunos sectores como factor contrario entre los propietarios hacia la esterilización, queda con estos argumentos claramente invalidado, si tenemos en cuenta que por ejemplo, el precio de la esterilización de una gata o de una perra pequeña es el mismo; aun cuando en general los propietarios de perros suelen gastar más dinero que los de gatos.

Un aspecto que siempre resulta confuso es la diferencia entre “esterilización” y “castración”. La castración consiste en la extirpación quirúrgica de las “gónadas” o “glándulas sexuales “, testículos en los machos y ovarios en las hembras; lo cual conllevará, además de la esterilidad del individuo, la ausencia de actividad sexual (desaparición del celo, el macho no montará, etc.) y desaparición de conductas sexuales secundarias (no se produce el marcaje territorial, disminución de la agresividad, etc.). La esterilización sólo pretenderá evitar la fertilidad del animal de forma quirúrgica, pudiendo si se desea, conservar los testículos u ovarios y mantener una conducta sexual normal. “Toda castración conlleva la esterilización del animal, pero para esterilizar no se tiene que necesariamente castrar.

El controvertido aspecto de la obesidad merece ser un poco más explicado. Es cierto que la castración y los consiguientes cambios hormonales conllevan una cierta mayor tendencia al sobrepeso, debido a que el metabolismo disminuye algo y aumenta el apetito. No debería ser un problema, pues reduciendo mínimamente la cantidad de comida o utilizando alimentos menos calóricos, se previene perfectamente. Además existen estudios que afirman que los animales obesos castrados, con seguridad hubieran sido también obesos aunque no hubieran sido operados, debido a sus hábitos alimenticios y cuidados de sus propietarios. En definitiva, el animal castrado, con una dieta correcta y un mínimo de ejercicio, no tiene porqué engordar.

Otro mito que considero importante eliminar es aquel que afirma que es necesario cruzar a las hembras para prevenir determinadas patologías. Al igual que las ventajas de la castración para la salud están claras como hemos explicado anteriormente, no existen estudios que demuestren que la gestación actúe como preventivo de ninguna patología. La decisión de que nuestra perra tenga cachorros debe ser muy meditada y tener antes la seguridad plena de que todos los cachorros serán fácilmente vendidos o regalados, y que irán a buenas manos, que disponemos del sitio idóneo para ello y que nos ilusione pasar por esta experiencia, por otro lado tan bella. De no cumplirse todas estas premisas, no tiene ningún sentido que nuestra hembra tenga una camada.

A modo de conclusión diremos que la esterilización de nuestros animales tiene una gran importancia social y que, especialmente la castración, reportará grandes beneficios para su salud. Es preciso cambiar la mentalidad negativa ante estas intervenciones y, al igual que en otras sociedades, admitirlo como algo normal y deseable para nuestro perro. Nuestro veterinario podrá aclarar las dudas que nos surjan y aconsejarnos sobre la técnica más idónea. Es muy importante evitar reparos “antropomórficos” pensando que nuestro animal pueda en alguna forma “sentirse disminuido”; nada más lejos de la realidad.


Mimi ha acabado en un refugio tras haber conocido un hogar a lo largo del último año, y lo está pasando muy mal. “No entiende qué ha pasado y su adaptación con el resto de compañeros gatunos está siendo muy complicada y estresante. Es una gatita de sofá, de esas que amasan y ronronean todo el rato, increíblemente cariñosa, que busca tu atención y tu amor constantemente”.

Necesita un hogar definitivo o acogida urgente “donde evitemos que tenga que adaptarse a otros animales, donde ella sea la reina del hogar”.

Está en Murcia, pero se puede enviar a otras provincias. Se entrega con chip, cartilla, vacunada, desparasitada y, por supuesto, ya castrada.

Contacto: www.equipobastet.com/contacto

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Fuente: 20 Minutos

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