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Cuenca, asomada al abismo

Riqueza natural y cultural se complementan en una ciudad que despliega su belleza desde una formidable atalaya trazada durante milenios por las aguas de dos ríos. Una ciudad que hace 20 años fue declarada patrimonio de la humanidad por la Unesco y que acaba de reabrir el Museo de Arte Abstracto, un espacio singular de vanguardia y libertad artística inaugurado en 1966, una anomalía en pleno franquismo.

Entre las hoces de los ríos Júcar y Huécar, que la abrazan como los fosos de un castillo, desde lo alto del promontorio que dominan las ruinas del castillo árabe, Cuenca invita al viajero a adentrarse con calma en su casco histórico que, desafiando la ley de la gravedad, se despliega bordeando paredes de vértigo.

La ciudad alta, el trazado medieval, comienza frente a la iglesia de Nuestra Señora de la Luz, a los pies del puente de San Antón. Aquí se inicia un recorrido plagado de cuestas, escaleras y miradores con magníficas perspectivas.

La Plaza Mayor, con su peculiar forma de trapecio, es el corazón de Cuenca. Aquí se alzan los arcos del ayuntamiento y la catedral, edificada sobre una antigua mezquita, en la que se mezclan elementos góticos, renacentistas y barrocos, fruto de un largo periodo de construcción. Su monumental fachada convive con los balcones de madera y rejas de hierro forjado de las casonas nobiliarias de la plaza, cuyos bajos están ocupados por bares y mesones.

Muy cerca, bajando por Obispo Valero y Canónigos, se encuentra uno de los monumentos más famosos y emblemáticos de Cuenca, las Casas Colgadas, asomadas a la hoz del Huécar desde el siglo XIV, aunque al parecer su origen es muy anterior.

Aquí se encuentra el Museo de Arte Abstracto Español, donde se exhiben pinturas y esculturas de artistas como Chillida, Tàpies, Oteiza, Saura, Zóbel, Torner, Rueda, Canogar, Chirino, Feito, Millares, Sempere…, obras que compiten en interés con lo que se vislumbra a través de las ventanas de las salas.

Hay que cruzar el río para contemplar una de las mejores panorámicas de este conjunto monumental asombroso. En el camino hacia el punto más alto de la ciudad encontramos interesantes construcciones religiosas, como las iglesias de San Miguel, San Nicolás y San Pedro, y la ermita de Nuestra Señora de las Angustias.

Merece la pena hacer este recorrido al anochecer para contemplar la ciudad iluminada. Otra opción es caminar por las rondas que ofrecen las mejores vistas de las hoces y de la ciudad, integrada en la naturaleza que la circunda.

En una escapada a Cuenca no puede faltar una visita a la Ciudad Encantada, que se encuentra en el término municipal de Valdecabras, a escasos 30 kilómetros, en pleno Parque Natural de la Serranía de Cuenca. Es un capricho de la naturaleza, un paraje natural de formaciones rocosas calizas donde es posible experimentar la falsa ilusión de pasear entre calles, plazas, edificios altos, bosquecillos o puentes romanos. Y todo ello vigilado por una enorme cabeza de gigante.

Este sorprendente lugar está abierto durante todo el año, desde las 10 de la mañana hasta la puesta de sol, y el itinerario dura aproximadamente dos horas.



Fuente: Cinco días

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