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“Dentro de pocos años no podremos continuar con nuestra dieta actual”

Como ingeniero agrónomo y agricultor, Javier Borso sabe de primera mano la importancia de la tecnología para una agricultura sostenible, en lo social, lo medioambiental y económicamente. ¿Cómo mejorar la gestión en los planes que se han realizado?

–Las modernizaciones que se han realizado en la última década han dotado a los regadíos de unas infraestructuras muy tecnificadas y que necesitan personal cualificado para sacar el máximo rendimiento posible. Al final se trata de aportar profesionales que ayuden a las comunidades de regantes a optimizar sus costes y realizar un mantenimiento adecuado de las instalaciones, cosa que muchas veces, por desgracia y dada la mentalidad de los regantes, no se acostumbra a hacer, y que en el medio y largo plazo conllevan importantes ahorros en la explotación.

–La agricultura consume el 70% de los recursos hídricos existentes, según la FAO. Dado que se trata de un recurso imprescindible para las explotaciones agrícolas, resulta clave su optimización. ¿El uso de sensores de humedad reduce el consumo de agua?

–El uso de sensores de humedad puede llegar a ahorrar hasta un 20% del consumo de agua en los cultivos, gracias en mayor medida a la información que nos dan de la efectividad de las aplicaciones de riego, con lo que podemos modificar las dosis y frecuencia de los mismos minimizando por ejemplo la percolación y el riego de zonas donde no están las raíces.

–El tamaño medio de las explotaciones agrícolas en España ronda las 24 hectáreas. ¿Cuántos sensores serían necesarios en una extensión así? ¿Y en cuánto tiempo se amortizaría la inversión?

–La variabilidad de los suelos es muy grande y las características pueden cambiar en pocos metros de distancia, por lo que es complicado saber cuántos sensores de humedad hay que poner; en principio para la mayoría de cultivos de España con un solo sensor instalado en la zona de la parcela con características medias podría ser más que suficiente. La técnica de los sensores de humedad, los cuales nos dan una medida continua pero de sólo un punto junto con otras técnicas como la teledetección que nos da información de toda la superficie pero con mucha menor frecuencia puede ser una combinación que aporte un valor añadido en la toma de decisión del riego. El tiempo de amortización de un sensor de humedad es muy bajo, aunque lógicamente depende de la superficie y del cultivo, en zonas cerealistas: en principio de bajo valor productivo podemos estar hablando de amortizaciones de un año; si nos vamos a zonas de invernaderos, en los que se aplican fertilizantes junto con el agua de riego la amortización de estos equipos podemos hablar que se consigue con unos pocos riegos.

–¿Cuántos sensores puede haber en los campos españoles? A nivel internacional, ¿hay algún país que destaque?

–Desconozco cuantos sensores hay instalados en España, puedo intuir que tan sólo unos pocos miles, pero lo que está claro es que el incremento va a ser exponencial. El país que siempre ha destacado en este tipo de tecnología son los EE UU donde ya llevan muchas décadas utilizándolos de forma generalizada.

–En 2020 se estima que habrá 2.000 millones de sensores, cuatro por explotación, y 20.000 en 2035. ¿Cómo fomentar su puesta en marcha?

–El sentido común nos dice que la puesta en marcha y la interpretación de la información de cualquier tecnología aplicada en el campo debe ser muy sencilla e intuitiva, este es uno de los grandes retos que tenemos las empresas tecnológicas con la agricultura, debemos de aterrizar todas estas tecnologías de forma que faciliten la gestión de sus explotaciones a los agricultores, pensando siempre en sus necesidades y en cómo podemos ayudarles a ser más eficientes.

–En cuanto a las apps en agricultura, ¿cuándo y qué es necesario para que se conviertan en algo habitual?

-Yo creo que hoy en día esto ya es una realidad, cualquier agricultor tiene un smartphone y utiliza habitualmente apps como el Whatsapp, por lo que la principal puerta de entrada de la «smartagriculture» al campo va a ser por los teléfonos móviles inteligentes.

–Para 2050, la ONU calcula que seremos 9.600 millones de personas. ¿Qué retos plantea para la agricultura alimentar a dicha población?

–El reto es precisamente ese, alimentar a toda esa población con los mismos recursos con los que contamos en la actualidad y con menor mano de obra disponible en las zonas rurales. La superficie cultivable crece a ritmo muy inferior al de la población, en 2020 tendremos tan sólo 2.000 metros cuadrados de tierra de cultivo por persona en el mundo. Lógicamente este reto lo conseguiremos con el aumento de las producciones, la disminución de necesidades de los cultivos y la tecnificación del campo.

–¿Es posible continuar con nuestra dieta actual?

–Dentro de pocos años seguramente no. Gracias al concepto de huella hídrica podemos constatar que por ejemplo para la producción de un kilo de ternera se necesita 16.000 litros de agua, mientras que para producir un kilo de una leguminosa, que aporte un porcentaje similar de proteínas al ser humano, se necesita tan sólo unos 360 litros de agua; todo esto nos hace pensar que en 2050 cuando más de la mitad de la población mundial viva en zonas de escasez de agua el acceso a ciertos alimentos será muy complicado.

–¿Qué medidas debería llevar a cabo el Gobierno para promover una agricultura sostenible?

–Al final la sostenibilidad tiene tres patas, la social, la medioambiental y la económica, por lo que para fomentar una agricultura sostenible, la Administración Pública debe de potenciar medidas que aseguren la calidad de vida en zonas rurales como: fomentar la incorporación de jóvenes en la agricultura de manera mucho más efectiva que como se está haciendo en la actualidad; regular y fomentar las buenas prácticas agrícolas; incentivar a los agricultores para potenciar su mentalidad empresarial; ayudar a que la tecnología sea accesible al mundo rural; fomentar el I+D+i en la agricultura, es importante que también trabaje en el acercamiento del sector investigador del país con las empresas y usuarios finales. Creo que en este sentido el potenciar la compra pública innovadora es un herramienta muy interesante para conseguir el éxito en este punto. También creo que debería escuchar al sector e intentar solucionar el tema de los costes eléctricos en la agricultura, en los últimos años el incremento desorbitado del coste del término de potencia está haciendo inviables muchos cultivos.



Fuente: La Razón

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