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Díaz planta a Sánchez tras el desprecio a las víctimas

Había distintas opciones y el PSOE ha elegido cerrar filas con Pedro Sánchez en el rechazo a la prisión permanente revisable. Para hacer frente al clima de desconcierto y turbación que comprueban entre sus bases, las federaciones territoriales despliegan estos días, entre otros argumentos, que esa figura penal «es innecesaria e incompatible con nuestro sistema democrático» y no existía cuando «conseguimos» acabar con ETA. Diversos notables del partido apuntalan la idea de que ha habido un uso partidista del dolor, considerando una equivocación «poner a las víctimas como eje de la política criminal». Aunque existe consenso en que ha sido «un error de bulto» no lograr aplazar el debate parlamentario y, sobre todo, enfrentarlo el modo que se hizo.

La situación causa particular alarma en Andalucía, donde se han producido varios de los crímenes más terribles y dramáticos: Gabriel Cruz (Almería), Marta del Castillo (Sevilla), Mari Luz Cortés (Huelva), Ruth y José Bretón (Córdoba)… Sus familiares, unidos, se dan cita este domingo en Huelva en una concentración que promete desbordar todas las previsiones. Cerca de tres millones de firmas dan cuenta del apoyo ciudadano a su causa y, como ha advertido Juan Carlos Quer, su lucha prosigue.

La guardia pretoriana de Susana Díaz cruza los dedos ante unas semanas de pesadilla. En privado dejan caer que «la jefa querría haber actuado de otra manera, pero nosotros carecemos de fuerza alguna en Ferraz». Y se vuelcan con sus alcaldes, que a pie de calle advierten el enfado de un nutrido sector de militantes, lo que presagia pagar una buena factura en las urnas. Más aún ante la pretensión del PP de presentar mociones en ayuntamientos y diputaciones en apoyo a la prisión Permanente Revisable. Los dirigentes socialistas contienen el aliento para que su gente no se deje arrastrar por los sentimientos. «Y encima desperdiciamos nuestra oportunidad de oro en el debate del jueves en el Congreso de los Diputados»: así describían, ojipláticos, la «insensata actuación» de su responsable de Justicia, Juan Carlos Campo.

De un magistrado, su propia bancada esperaba una medida intervención jurídica. Esa era la apuesta de la portavoz parlamentaria, Margarita Robles, y lo que se daba por descontado de Campo, cuyo perfil es técnico y de poca vida orgánica de partido. Sin embargo, le bastaron diez minutos para situar la posición socialista en el ojo del huracán. «Ese debate deberíamos haberlo ganado y lo hemos perdido», verbalizó el veterano Javier Solana, a su paso por la Escuela de Buen Gobierno del PSOE. «Seguramente, somos los que más lo hemos perdido. Se lee en los periódicos», añadió el otrora ministro.

El propio secretario general y su equipo tienen por delante una complicada papeleta. Al menos, esta nueva crisis les pilla ya entrenados. Desde su regreso a Ferraz prácticamente no han hecho otra cosa que apagar fuegos, emprender labores de «poda» en el grupo parlamentario y lidiar con Susana Díaz, que nunca desaprovecha la oportunidad para evidenciar su lejanía. Para muestra, esperó al tiempo de descuento, 24 horas antes, para desmarcarse del cónclave que se celebra estos días en Madrid: una mesa redonda de presidentes autonómicos este sábado. Antes ya se habían dado de baja de la cita Javier Fernández y Ximo Puig, pero la presidenta seguía figurando «pendiente de confirmación» en el programa del partido. El secretario de Organización, José Luis Ábalos, venía constatando cómo su homólogo andaluz, Juan Cornejo, le daba largas en conversaciones telefónicas, y hasta Ferraz ha llegado noticia de la orden de Díaz a los suyos de buscarle una excusa. En concreto, asistirá este mediodía en Sevilla al aniversario del Colegio de Ingenieros de Andalucía Occidental.

Tiras y aflojas internos aparte, el reto de Sánchez, tras el penoso espectáculo del grupo socialista en el Congreso de los Diputados el jueves, es aguantar la mirada a las víctimas. Y hacerlo midiendo cada paso para que sus intentos de asomar la cabeza no se vean engullidos por el clamor social. Los socialistas se preparan para tirar hacia adelante entre fuertes ventarrones públicos, a la espera de que llegue una sentencia «con matices» –sueñan con ello– del Tribunal Constitucional, al que recurrieron la figura de la prisión permanente revisable en 2015 cuando entró en vigor. La desmedida actuación de su diputado Juan Carlos Campo les ha dejado con el paso cambiado. El tiempo, y quizá las urnas, tendrán la última palabra.



Fuente: La Razón

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