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Dinero para cambiar el rumbo

Cuando no se tiene nada, emprender es un salvavidas. Más que una ilusión empresarial, es el clavo al que agarrarse y, en ocasiones, la única fórmula para encontrar la dignidad. Más allá de ser un producto ofertado por los bancos, el microcrédito se ha convertido en el arma más eficaz para luchar contra la pobreza en los lugares menos favorecidos. Diversas organizaciones españolas saben que, detrás de este pequeño préstamo, se encuentra un prometedor futuro.

La Fundación Microfinanzas BBVA promueve el desarrollo económico y social de las personas menos favorecidas y, desde su creación en 2007, “ha desembolsado pequeños préstamos a emprendedores de bajos recursos por valor de más de 7.800 millones de euros”, informan desde la institución ligada a la entidad financiera. “Nació del propósito de vincular sus proyectos de acción social con la actividad del sector bancario”, explican.

“Contamos con 1,8 millones de clientes, lo que nos convierte en una de las iniciativas filantrópicas con mayor impacto social en América Latina”, añaden. El importe medio de los préstamos fue de 1.135 euros en los nueve primeros meses de 2016. Además, cada año otorga 1,1 millones de créditos que equivalen a 248 millones de euros.

Lejos de lo que pueda parecer, esos 1.000 euros cambian el rumbo de un negocio y también la vida. Que se lo digan a Astrid Orjuela que, gracias a estos micropréstamos, ha puesto en marcha una granja de cría de cabras y producción de leche en el departamento de Cundinamarca (Colombia). “Como Astrid, la mayor parte de los beneficiarios son mujeres de zonas rurales, además, casi la mitad de los proyectos están en Colombia, seguido de Perú”, señalan en la entidad.

Solo 9.000 euros

Astrid Orjuela dejó la capital colombiana, Bogotá, y trasladó su residencia al municipio de Subachoque. Ella y su marido compraron un terreno y en él crían una raza autóctona caprina.

Gracias a varios microcréditos obtenidos ha podido exportar estos ejemplares a otros países y producir más de 20 litros de leche al día. El monto total de aquellos cuatro préstamos no ha superado los 9.000 euros y hoy en día da empleo a dos personas.

La emprendedora, su familia y los empleados contratados han visto como mejoraba su calidad de vida y aquel futuro incierto de hace unos años se ha convertido en éxito. Ahora sueñan con otros proyectos: “El próximo reto será un centro tecnológico de cría de cabras”, desea Orjuela.

Que con una oportunidad, por pequeña que sea, se puede cambiar el rumbo, lo saben bien el grupo de mujeres de la empresa de moda ética Lal La Buya en Melilla.

Lo que empezó como apoyo para musulmanas rescatadas de las afiladas garras de la violencia de género, se ha convertido en uno de los mejores ejemplos de empresas éticas.

“De aquel entorno difícil rescatamos a estas mujeres, les dimos formación en costura y, una vez constituida su empresa, han sido beneficiarias de varios microcréditos que otorga la Fundación Orbayu, [una organización participada por la escuela de negocios Esic]”, cuenta José Luis Ángel, profesor y responsable de RSC del centro.

“Con la ayuda económica que hemos prestado han podido comprar maquinaria, y han contado con la colaboración de grandes modistos españoles, como Modesto Lomba, para abrirse paso en el mundo de la moda”, recuerda Ángel.

Además, las prendas confeccionadas por estas mujeres ya se han mostrado en una pasarela y pronto se podrán comprar en la web www.lallabuya.com.

La Fundación Orbayu se ha encargado también de otorgarles la dignidad que la violencia machista les robó, de darle educación y apoyo psicológico, al igual que de guiarlas en su camino hacia el éxito empresarial.

Capital privado

“En la fundación creemos que el microcrédito es la mejor fórmula para mejorar la vida de los más necesitados”, explica el responsable y añade que “nos financiamos a través de entidades privadas como Aviva y de aportaciones particulares, gracias a las cuales hemos podido dar 129 microcréditos en lo que va de año”.

Así la entidad apuesta también por apoyar a los emprendedores de las zonas rurales y ciudades de Ecuador. “Gracias a los misioneros de la orden del Sagrado Corazón de Jesús detectamos in situ a potenciales beneficiarios de estos préstamos: pequeños empresarios, alguien que quiere montar un puesto de comida callejero o una peluquería…”, tras otorgarles el dinero solicitado (en torno a los 500 euros) se integran en una red de antiguos beneficiarios y “así se autocontrolan entre ellos para que el dinero sea devuelto en tiempo y forma”, indica José Luis Ángel.

Fuente: Cinco días

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