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Divertida propuesta para unir dos Fernández Caballero

En su incesante actividad, el Teatro de la Zarzuela recupera dos obras de Manuel Fernández Caballero enmarcadas dentro del género chico y estrenada la primera –«Chateau Margaux»– en el Teatro Variedades en 1887, y la segunda diez años más tarde en el de la Zarzuela. Ambas fueron vistas en la misma producción en el Teatro Arriaga en 2009 y en los del Canal en 2010. La Zarzuela recuerda en un vídeo a Lucrecia Arana, figura tan ligada no sólo a este teatro, sino también a Fernández Caballero, de quien fue paladina en obras como «El dúo de la Africana», «Gigantes y Cabezudos» o «La viejecita» y «Chateau Margaux», obra con la que precisamente se despidió en 1907 en el Teatro Real.

Hoy día, muchos de los textos de estas pequeñas joyas resultan trasnochados y hasta ajenos a nosotros, por lo que suele ser habitual buscar un cierto remozamiento. Lluis Pasqual lo realiza a fondo, barriendo los libretos originales casi en su totalidad, lo cual puede ser discutible, para presentar ambas obras dentro de un hilo comunicador común, que no es sino uno de aquellos concursos radiofónicos de cuando éramos niños. Tiene el espectáculo un punto de añoranza e ingenuidad que lo refresca y aproxima mucho al espectador, uniendo ficción con realidad.

Jesús Castejón actúa como avezado presentador y maestro de ceremonias de los años cincuenta en el estudio de grabación en el que compiten Ruth Iniesta y Emilio Sánchez por el primer premio de interpretación, brindando oportunidad para «colocar» los números más populares de la partitura de «Chateau Margaux», incluido naturalmente el célebre vals que bordaba Pilar Lorengar. Ambos cantan y actúan con gracia y mucha desenvoltura. El coro de soldados franquistas –¡hasta a esos tiempos tenemos que regresar en la adaptaciones de las zarzuelas!– como espectadores de la primera fila anima al auténtico público a unirse al espectáculo.

La excusa de un serial le permite a Pasqual poner en escena una vistosa traducción de «La viejecita», muy bien resuelta desde el punto de vista cómico y en la que sobresale el estupendo trabajo cómico y canoro de Borja Quiza como protagonista, al que sólo cabe una recomendación: dejar de forzar la voz en algunas ocasiones, ya que no lo precisa. En medio de una enorme escalera doble aparece la orquesta de la Orcam, que dirige eficazmente Miquel Ortega y que en la partitura anterior permanecía en segundo plano en el simulado estudio radiofónico. El público se divierte y agradece esta forma de representar obras jovialmente y sin la caspa del tiempo.



Fuente: La Razón

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