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El aceite de oliva virgen reduce el riesgo cardiovascular un 30%

El aceite de oliva es uno de los productos españoles más característicos, así como una pieza fundamental en la Dieta Mediterránea. Numerosos estudios han asociado que un consumo equilibrado del mismo se traduce en ciertos beneficios para la salud. De los más recientes destaca el realizado por Predimed, donde se relaciona la ingesta de aceite de oliva virgen con una menor incidencia de enfermedades cardiovasculares. El estudio demostró que se intensifica la función del colesterol de las lipoproteínas de alta densidad o HDL, pudiendo reducir el riesgo de las afecciones nombradas hasta en un 30%.

«La cantidad de grasa recomendable para una dieta saludable oscila entre 30-35% del valor calórico total de la dieta», asegura el doctor Francisco Botella, especialista del área de Nutrición de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN). El aceite de oliva virgen, afirma: «debe constituir la mayor parte de este porcentaje, en detrimento de otras fuentes grasas menos saludables».

Tipologías

En el mercado se pueden encontrar una amplia variedad dentro del aceite de oliva. De mayor a menor calidad se encuentran el virgen extra, virgen, no virgen y de orujo. El primero, el aceite de oliva virgen extra, es el más recomendable por sus requisitos fisicoquímicos y organolépticos , por su baja acidez o por ser rico en vitamina E, entre otras características. Así mismo, existe una diferencia entre aceites suaves e intensos la cual, según especifica la diestista-nutricionista Nerea Segura Alcaide: «tiene que ver con la acidez y no con el sabor». Otra distinción viene dada por el tipo de aceituna, cuyas peculiaridades se perciben en el paladar. En cualquier caso, a la hora de cocinar la mejor opción sería la picual ya que es muy estable.

Pero, a la hora de comprar aparecen otras opciones. Según el último Informe del Consumo de Alimentación en España, el 39,6% de litros de aceite consumidos en el país corresponden a aceite de oliva no virgen, seguido con un 25,3% de aceite de girasol. Si bien este último, en específico el alto en oleico, no es la peor de las elecciones ya que, como especifica Botella, «posee una distribución de ácidos grasos más favorable que las grasas de origen animal o el aceite de palma», la temperatura de ebullición del mismo, comparándola con el aceite de oliva, es más baja y el alimento se impregna más. «Los aceites de palma y coco, aunque son de origen vegetal, son ricos en grasa saturada y no poseen el efecto cardioprotector», advierte Nerea Segura.

A la hora de consumir

Los expertos recomiendan, siempre que sea posible, el aceite de oliva virgen extra, por delante de las otras posibilidades. «El objetivo es elegir la grasa más saludable y sustituirla por las demás», afirma el catedrático José J. Gaforio.

La cantidad a tomar depende de muchos factores como la actividad física o la fisionomía de la persona. La Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) recomienda un consumo mínimo de 20 gramos al día, lo cual se traduce en una o dos cucharadas soperas. «Es preferible tomarlo en crudo, como aliño», recomienda Segura. En el caso de ser frito, el aceite debe de estar bien caliente sin llegar al punto de humo, en torno a los 170ºC, y, de reutilizarse, lo indicado en el aceite de oliva es no superar los 3 o 5 usos y siempre filtrarlo antes de guardarlo. Respecto al almacenamiento debe realizarse en un lugar fresco y sin acceso a la luz, a ser posible en un recipiente de vidrio oscuro.



Fuente: La Razón

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