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El año que lloramos a Bowie y nadie compró su disco

Resulta curioso que en el año que lloramos la desaparición de David Bowie, Leonard Cohen y Prince con un lamento unánime nadie haya comprado sus discos. Y no cuela eso de que ya estaban en las estanterías españolas: los dos primeros tenían álbum recién estrenado («Blackstar» y «You Want It Darker») y dramática campaña de promoción. Pero no, cada tuitero afligido no pasó por caja. Quienes sí compraron un disco en España se llevaron, por este orden, el de Manuel Carrasco, Melendi, Adele, Dani Martín, David Bisbal, Malú, Vanesa Martín y Sweet California, según los datos de la patronal del disco, Promusicae, que constata, gustos al margen, una tímida recuperación en las ventas por tercer año consecutivo. En concreto, las ventas han subido un 1,7 por ciento, hasta los 163 millones.

Esta es la primera vez que Carrasco se coloca primero de la lista de ventas, con 89.000 álbumes vendidos, frente a los 53.000 de Melendi. En justicia, el disco de Bowie sí que lo compró alguien: se despacharon 18.500 copias, el vigesimotercer puesto de la lista anual. Es decir, por detrás también de Pablo López, Mónica Naranjo, Antonio José, Gemeliers, Alejandro Sanz, Antonio Orozco, Leiva y Bustamante. «El poeta Halley» de Love Of Lesbian también vendió más que el Duque Blanco, en el puesto 22. En cuanto a Leonard Cohen, su trabajo final se colocó en el vigesimonoveno lugar, ligeramente por delante de Isabel Pantoja (31).

Entre los datos más interesantes del informe anual de la industria está la sólida evolución de los ingresos por «streaming», sistema que dejado de ser el futuro de la distribución de música para pasar a ser el presente. Las agresivas ofertas comerciales de estas plataformas y la mejora del servicio, han elevado a un millón la cifra de suscriptores españoles, y las modalidades gratuitas y de pago facturaron en conjunto 87,5 millones de euros. En total, el sector digital aumentó su facturación hasta 100,2 millones de euros, un 26 por ciento más. Es decir, que seis de cada diez euros que ingresa la industria ya tienen un origen digital.



Fuente: La Razón

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