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El catalán que preguntó a Urkullu por el terrorismo

Tremendo. Fue tremendo y sobre todo inesperado. Antonio Garrigues Walker ejercía de anfitrión rotatorio como presidente de honor del bufete J&A Garrigues, en la sede madrileña del despacho que ahora dirige Fernando Vives. El foro «Puente Aéreo», que reúne a empresarios de Madrid y Barcelona, había invitado al lendakari vasco, Íñigo Urkullu a un almuerzo. En el ambiente, entre otros asuntos, la duda de si el PNV apoyará los Presupuestos que Rajoy pretende que el Gobierno apruebe antes de Semana Santa.

El jefe del Gobierno vasco habló sobre todo de su libro, como un Umbral político, ante unos comensalesl entre los que destacaban Antonio Brufau (Repsol), Jordi Gual (Caixabank)), Joaquin Gay de Montellá (Fomento del Trabajo), Josep Oliu (Sabadell), Antonio Catalán (AC-Marriott) o Francisco Reynés (Gas Natural).

Urkullu se extendió en los asuntos vascos, entre ellos el Estatut, y en la transversalidad del PNV. Apenas hubo tiempo para dos preguntas, una de Antonio Garrigues, exordio incluido, y la de Luis Conde, el histórico fundador del «head hunter» Seelinger y Conde, el que en su día contrató como presidenta a Esperanza Aguirre.

Luis Conde (Barcelona, 1950) explicó que no es independentista y que, en algún momento, tanto él, como su familia y también amigos que piensan similar, han sentido temor, «incluso miedo». Se mostró muy preocupado por el futuro de la situación en Cataluña y le preguntó, sin rodeos, a Urkullu algo así como «¿creee que puede haber una deriva terrorista en el independentismo catalán?»

El lendakari, quizá tan sorprendido por la pregunta como muchos de los presentes, no dudó y tranquilizó a Conde. Urkullu defiende que el terrorismo nacionalista en Europa es algo del pasado, a pesar de que ETA formalmente no se ha disuelto y lo descataq en Cataluña. Por eso, el líder del PNV que aprovechó para hablar de Cataluña –dió detalles de sus conversaciones con Puigdemont la noche en la que estuvo a punto de convocar elecciones–, descartó rotundamente cualquier tentación violenta del independentismo. Conde, quizá, duerme mejor.

Los integrandes del foro Puente Aereo, por otra parte, salieron del almuerzo convencidos de que el PNV facilitará a Rajoy la aprobación de unos Presupuestos que, ahora, el «soldado» Montoro afina. Eso significa que habrá que atender a las últimas peticiones del propio Urkullu, de Albert Rivera y claro, la rebelión de los jubilados, que amenaza con tomar con frecuencia las calles, ha subido el precio. Montoro, que por algo ya es el ministro de Hacienda de la democracia –ha superado a Solchaga–, hará los deberes al gusto de Rajoy.

Los Presupuestos de 2018 son el punto de no retorno de la legislatura. Si salen adelante, Rajoy ve despejado al horizonte hasta 2020, que es el objetivo. En la primavera, entonces, comenzaría una campaña electoral infinita, con la primera cita de las autonómicas, municipales y europeas de 2019, y los jubilados como nuevos actores ya no pasivos.

Los líderes sindicales Unai Sordo (CC OO) y Josep María Álvarez (UGT), vislumbran una oportunidad para que el sindicalismo tome resuello, y Pedro Sánchez, que necesita más tiempo para encauzar sus líos, está feliz. Algo menos Pablo Iglesias, que teme que le roben protagonismo callejero, porque los jubilados pueden estar cabreados con el Gobierno, pero tampoco son su público objetivo. El fantasma de una huelga general sobrevuela sobre Rajoy, el único presidente que no ha sufrido una merecedora de tal nombre. Hasta ahora. El lío de las pensiones es insoluble sin un gran acuerdo global, como reconocía en privado Zapatero, la víspera de los Idus de Marzo, en una celebración de su primera victoria electoral de 2004.

El paisaje se completa con la Junta de Accionistas del BBVA, la insistencia de Francisco González (FG) en todo lo digital y la llegada de Jaime Caruana al consejo, que solo será efectiva en julio, y que genera apuestas sobre si será el «hereu» en el banco, lo será Carlos Torres o el mismo FG. Caruana fue gobernador del Banco de España, sillón que queda libre en junio y para que el abundan novios y novias. Fernando Bécker piensa que Rajoy le debe un favor, porque esperaba ser gobernador cuando nombraron a Linde.

Al mismo tiempo, marejadilla en El Corte Inglés, con un consejo convocado/desconvocado para la semana que viene. Otra vez, Dimas Gimeno en medio de la tormenta. Las hermanas Marta y Cristina Álvarez, hijas de Isidoro, no olvidan que la madre y el tío de Gimeno no les facilitaron los medios para cumplir con Hacienda a la hora de ejecutar la millonaria herencia que les daba mucho poder en la compañía y además se quejan de los resultados. La sangre quizá no llegue al río, pero habrá tensión, y en esos casos, la presencia de alguien tan componedor como Manuel Pizarro, el último consejero nombrado por Isidoro Álvarez poco antes de morir, es siempre una garantía. Tremendo.



Fuente: La Razón

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