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El Infierno está en Álava

Para el alavés Paul Urkijo no hay nada tan rompedor como volver a los arquetipos que almacena, dice, nuestro «cerebro colectivo». Por eso, en su traslación al cine de la breve pero intensa fábula del «Errementari (El herrero y el diablo)», un cuento tradicional escrito en el siglo XIX por el cura José Miguel Barandiarán, ha querido mostrar tal cual la iconografía demoniáca de la época. «Quería reproducir ese mundo dantesco, la imagen tradicional del demonio, esos grabados en los que se ve a las almas en ollas hirviendo –explica a LA RAZÓN–. Es una imaginería que en un principio parece muy rancia, y de la que ha huído la ficción, pero justamente modernizar las cosas hace que pierdan fuerza, mientras que estos iconos tan antiguos y arraigados resultan más poderosos».

«Errementari» nos presenta, diez años después del fin de la Primera Guerra Carlista, a un herrero tenido por maléfico por sus convecinos. Sin embargo, pronto se descubrirá que en su casa habitan seres aún peores, como un demonio que pugna por llevarse su alma y que Urkijo opta por representar tal como lo imaginamos: con sus cuernos, su rabo, su nariz alargada y el tridente. «Soy muy fan del cine fantástico de los 80 y los monstruos animatrónicos, lo más físico posibles». Eneko Sagardoy, recientemente galardonado con el Goya a mejor actor de reparto por «Handia» se mete en el traje de demonio.

Él ya estaba en el equipo de Urkijo cuando «Handia» aún no había sido estrenada ni había logrado el gran éxito posterior de premios, crítica y público. Pero ambas cintas están muy emparentadas por varios motivos: comparten una parte sustanciosa del equipo técnico (entre ellos el compositor Pascal Gaigne), remiten a leyendas del siglo XIX vasco y apuestan por el euskera sin complejos. En el caso de «Errementari» se añade un factor antropológico interesante: se ha rodado en una variante del euskera antiguo que solo se habla ya en algunos pueblos perdidos de Álava. «Creo que da un mayor exotismo y lejanía, un punto de leyenda, con una textura más auténtica. Era un tipo de vasco que suena más cortante, cerrado y afilado», comenta Urkijo.

El director cree que «Handia», cuya experiencia demuestra que «la gente está aceptando lo que hacemos en la industria vasca», puede posibilitar el acercamiento del público a su cinta. Otra garantía viene por parte del productor, Álex de la Iglesia, un cineasta que, según Urkijo, «impone su visión como director, pero deja mucha libertad en la producción».



Fuente: La Razón

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