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El Madrid tiene que hilar muy fino: David Blatt no perdona

El Real Madrid se obligó con la derrota en el segundo partido a hilar fino. Como mínimo: muy fino. Lo normal es que no pierda tres veces seguidas y que robe en Estambul el triunfo que necesita para, al menos, volver al Palacio. Pero los dos primeros choques ante el Darussafaka también le enseñaron que juega contra un rival al que no le puede abrir la puerta porque se colará por la más mínima rendija, uno que no fue esencialmente peor si se suman los 80 primeros minutos de baloncesto de una eliminatoria de repente envenenada. Que saliera 1-1 de Madrid ni fue casual ni lo pareció. Así que el mensaje está claro: el Real Madrid no solo puede ganar en Estambul sino que debería ganar en Estambul. Pero lo que ahora parece una cuestión de jerarquía pasará a ser de épica y supervivencia si pierde mañana.

David Blatt es un viejo tahúr que en cuanto se llevó el segundo partido corrió a recordar la historia del Real Madrid y la falta de pedigrí de su Darussafaka, que puede perder el apoyo económico de Dogus, que le ha convertido en nuevo rico, y que no estará en la próxima Euroliga salvo que sea campeón. Blatt aseguró que tratarían de plantar cara al margen del resultado… con una sonrisa casi lobuna que demostraba que en realidad pensaba todo lo contrario: sabe que tienen una oportunidad, sabe que su plan funcionó en Madrid y seguramente ya maquinaba como trasladarlo a su pista, que no es el infierno turco del Fenerbahçe pero donde han caído esta temporada CSKA, Fenerbahçe, Panathinaikos… y Real Madrid.

Blatt, que tiene manchones en su historial, es un entrenador excelente para este tipo de trances y cuando maneja plantillas que compran su mensaje. Y este es el caso: el Darussafaka es una piraña en un bidé, un conjunto de talento estadounidense descarado, muy físico… y muy bien entrenado. El mismo Blatt contra cuyo Maccabi perdió el Real Madrid la final de 2014 y la semifinal de 2011. Contra el que, cuando dirigía a Rusia, se estrelló la España campeona del mundo en la final de su Eurobasket, en Madrid. El rival es duro, su entrenador planteará una pesadilla táctica y la historia dice que el 1-1 elimina más que clasifica al que pierde de salida el factor cancha (57{fe2702e425ec7488a194966976621fc3ee0e72237fe4d352f4f561176a6de497} ahora de opciones para los turcos). En seis de las 14 eliminatorias que se han puesto 1-1, casi la mitad, el equipo que ganó el segundo fuera pudo cerrar luego los dos triunfos de su pista para consumar el vuelco. Hace dos años le pasó, ante el Olympiacos, a un Barcelona también superior sobre el papel.

Así que lo que no debería suceder, sucede: ese es el peligro para un Real Madrid a estas alturas experto, extremadamente competitivo y, de esto tiene que hacer el quid de su cuestión, con una plantilla mejor. Por estrellas y por fondo de armario. Absolutamente capaz de ganar en pista del Darussafaka. Un partido o los dos. Puede hacerlo y tiene que hacerlo. Pero también tiene que hilar fino desde el salto inicial. Muy fino: David Blatt no perdona.

 



Fuente: AS

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