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El origen de nuestra consciencia podría estar en un antiguo virus

Cerebro, retrovirus y bacterias actuales

No es la primera vez que se establece una relación entre nuestras capacidades cognitivas y algún virus del pasado remoto. En 2015, otro estudio de la Universidad de Lund (en Suecia) también apuntó al efecto de un virus de hace millones de años sobre nuestro cerebro.

En aquel caso, se habló de los llamados retrovirus endógenos, que son aquellos cuyo ADN se ha incorporado al ADN de nuestras células a lo largo de la evolución. Al parecer, estos retrovirus habrían tenido un papel importante en el desarrollo de las redes complejas que caracterizan nuestro cerebro y, en consecuencia, en sus funciones más avanzadas.

No menos curioso sería el efecto de otros microorganismos, las bacterias actuales, en nuestro cerebro. Se sabe que algunas de las que albergamos en el intestino –componentes de lo que se conoce como “flora o microbiota intestinal”- también tienen efectos sobre nuestra composición cerebral y, en consecuencia, sobre nuestros procesos mentales.

Por ejemplo, se ha comprobado que las personas con una flora intestinal dominada por Bacteroides tienen una materia gris más densa en el córtex frontal y las regiones insulares, que son las zonas del cerebro especializadas en el tratamiento de informaciones complejas. También pueden tener un hipocampo, la zona cerebral implicada en la memoria, más voluminoso. 

Asimismo, un estudio de 2011, realizado por científicos del Instituto Karolinska, del Instituto del Cerebro de Estocolmo y del Instituto del Genoma de Singapur, reveló que la colonización de los intestinos por microbios en la primera infancia resulta fundamental para un desarrollo cerebral saludable. Según aseguraron entonces los especialistas, “la colonización de la microbiota intestinal” estaría integrada “en la programación del desarrollo del cerebro”.

La importancia evolutiva de la relación

Estos hallazgos redundan en una cuestión que parece cada vez más evidente, si la analizamos desde la confluencia de diversas perspectivas: La importancia de la relación en el desarrollo del cerebro humano.   

A lo largo de la historia, diversos factores relacionales han impulsado nuestra inteligencia, nuestras capacidades artísticas, en definitiva, nuestra consciencia y nuestra autoconsciencia.

Los estudios sobre virus y bacterias nos hablan de uno de los niveles de esas relaciones (entre el ser humano y los microorganismos), pero también se sabe que en esta evolución del cerebro hubo implicados otros factores relacionales, como la interculturalidad en contextos de alta presión demográfica (que propició el intercambio de ideas y de habilidades, y el mantenimiento de las innovaciones), la interacción con la tecnología o la amistad, entre muchos otros.

Esto hace pensar que, quizá, si queremos conseguir crear un cerebro artificial que evolucione como el modelo biológico, haya que sacar a las máquinas del laboratorio y programarlas con una necesidad imperiosa de supervivencia, y con la noción de que esta dependerá de su capacidad de relacionarse con su entorno, a múltiples niveles. ¿Será posible hacer algo así algún día? 



Fuente: Tendencias 21

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