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El PP esquiva el aborto en su programa electoral

El PP no llevará ningún cambio en la legislación que regula el aborto en su programa electoral. Está en vigor la ley de plazos, aprobada por el Gobierno de Rodríguez Zapatero en marzo de 2010. La dirección popular ha decidido esquivar este controvertido tema no solo en sus declaraciones públicas, «en la medida de lo posible», sino también en el documento programático con el que se presentarán a las elecciones. Las manifestaciones de Pablo Casado las sitúan en el ámbito de las convicciones personales del líder popular, pero Génova sabe de la demanda interna para que se diferencie el plano personal de lo que debe ser la posición del presidente nacional del partido.

El aborto es un tema que afecta a la convivencia interna dentro de la organización popular porque hay distintas sensibilidades respecto a las críticas oficiales a la ley de plazos, y también externo, porque desde el punto de vista estratégico la posición que defiende Casado y que conecta con el electorado más conservador del partido está muy lejos del potencial votante más ubicado en el centro ideológico. En Génova son conscientes de que hay cuestiones que entre las mujeres, en general, y sobre todo entre las nuevas generaciones, están ya superadas «y suenan a debates del siglo XX». Todo esto explica que el PP haya decidido sortear este «problema», que lo aborde por donde lo aborde le abre frentes, y orientar sus compromisos programáticos hacia las medidas activas de apoyo a la maternidad y a la familia en lugar de restringir lo que hoy mayoritariamente la sociedad entiende que entra dentro de los «derechos» de la mujer.

La ley de plazos sigue pendiente del recurso que presentó el PP ante el Tribunal Constitucional (TC) y a esto se remiten en Génova, así como a la posición que fijaron en el cónclave nacional de Sevilla, donde ya entonces Javier Maroto, hoy vicesecretario de Organización y entonces responsable de las políticas sociales, logró un acuerdo en base a una ponencia que sorteó abrir nuevos debates.

El PP está midiendo en este arranque de la campaña electoral dónde situarse ideológicamente para no dejar más espacios abiertos a Vox y, al mismo tiempo, no dejar tampoco nuevos huecos a Ciudadanos por el centro. A partir de la premisa de que desde «la extrema derecha» no se ganan elecciones, el PP orientará su programa a presentarse como el partido líder del centro-derecha. Esto parece contradictorio con el discurso de Casado en relación al aborto o la violencia machista, por ejemplo, pero desde la dirección nacional insisten en que Casado defenderá en campaña un programa de «centroderecha» y que en ningún caso hará guiños a Vox en temas sociales tan sensibles como la ley contra violencia de género o las otras leyes de igualdad aprobadas durante los últimos años.

Esta postura enlaza con la decisión de comprometerse con un Ministerio de la familia, pero entendida en todas sus variantes sociales, y con el paquete de ayudas fiscales centrado también en las familias, que anunciará Casado en campaña. En ese sentido, el programa en el que trabajan en el PP busca ser liberal en lo económico, moderadamente centrista en lo social, y deja las medidas más duras para la defensa de España, en materia de seguridad o en lo que afecta al control de la inmigración.

La visualización de esta búsqueda del «equilibrio perfecto» se concretará en un reparto de papeles en el que Casado llevará el liderazgo de la campaña electoral, pero con todo un juego de voces a su alrededor en el que Génova quiere que se impliquen «a tope» los barones que se jugarán su futuro en las autonómicas y municipales de mayo. También, por supuesto, el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, identificado con el ala más moderada y centrista del partido. Una de las preguntas de esta nueva batalla electoral es si el ex presidente José María Aznar estará o no en ella. Dejó de apoyar al PP y a Mariano Rajoy en las últimas elecciones. En Génova no quieren sombras para Casado, y menos sombras que puedan dañar esta estrategia de medir bien la posición ideológica. Dicho de otra manera, creen que llevarse bien con Aznar suma, pero no tanto que se instale en el imaginario la idea de que Casado es un líder controlado por el «aznarismo».

La dirección está valorando ya las peticiones de las organizaciones territoriales para recibir el apoyo en campaña de distintos dirigentes nacionales y se remiten a estas demandas para contestar a la pregunta de si Aznar hará campaña. Hay feudos como el madrileño donde por supuesto que la figura de Aznar será reclamada. Su presencia, en todo caso, será algo testimonial. A Mariano Rajoy no se le espera en campaña.



Fuente: La Razón

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