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El reto de hacer la compra con criterios sostenibles

Grandes superficies, como Lidl o Mercadona esta misma semana, han anunciado su firme intención de dejar de vender huevos de gallinas enjauladas. Los gigantes de la distribución comienzan a incluir y publicitar como reclamo estándares de bienestar animal en lo que ofertan. «Europa tiene normativas que exigen unos mínimos de bienestar animal y que, además de evitar el maltrato, intentan proporcionar condiciones en las granjas que permita a los animales cubrir sus necesidades», explica Antoni Dalmau, investigador experto en bienestar animal del Instituto dedicado a la I+D agroalimentaria, IRTA. Y es que según el Eurobarómetro publicado en 2016, el 94% de los españoles opina que el bienestar y protección de los animales de granja es muy importante. «En 2006 esta cifra alcanzaba apenas el 71%. España estaba un poco dormida en este asunto, pero desde hace dos años se está equiparando a lo que sucede en los supermercados del resto de Europa. No es que no haya habido preocupación por el bienestar, sino que no se reflejaba en el etiquetado de forma que el consumidor pudiera elegir qué producto compra», explica Alberto Díaz, portavoz de la Asociación Nacional para la defensa de los Animales.

La ONG acaba de lanzar una marca de huevos, la primera en España, que avala no sólo que el producto cumple las mínimas normas exigibles (que clasifican los huevos del 1 al 3, desde el ecológico hasta el de gallina enjaulada, y que considera el entorno más o menos favorable al animal), sino que además integra los más altos niveles de bienestar. De hecho, sólo se consideran en la marca los huevos ecológicos (0) o de gallinas camperas (1), además de criterios de desarrollo rural y respeto medioambiental.

El huevo se ha convertido en una especie de punta de lanza en el etiquetado y en la apuesta de las grandes superficies por vender productos alineados con las mejores condiciones de vida posibles para los animales. Sin embargo, los consumidores españoles no lo tienen tan fácil para encontrar otros productos cárnicos con garantías similares. España se empieza a interesar, pero vamos muy por detrás de lo que ocurre en Europa. «A día de hoy la única legislación que obliga a que se etiquete el grado de bienestar del animal es la de los huevos. Es cierto que es el producto más sencillo porque está ligado directamente al sistema de producción. Existe en el pollo un etiquetado en cuatro tipos, pero no es obligatorio y no ha conseguido imponerse. En el resto de productos cárnicos no hay legislación sobre etiquetado», continúa Díez. En general, Reino Unido es el país más avanzado en cuanto a acceso de los consumidores a productos diferenciados en materia de bienestar animal, es fácil encontrarlos en los lineales de los súper. «En Europa las grandes cadenas ofertan productos acreditados por alguna ONG. El acierto en estos países ha sido involucrar a estas organizaciones, que establecen los requisitos que han de cumplir los productores. Además, se hacen auditorías externas e independientes. En España el único producto garantizado por ONG es el huevo desde hace unas semanas, aunque los distribuidores han desarrollado sus propios sellos, certificados por ellos mismos, para responder a esa creciente preocupación social. Y es que tradicionalmente aquí se ha tenido más en cuenta la Denominación de Origen y ésta tiene más que ver con la forma de elaborar los productos que con la cría», dice Díez.

Productos ecológicos

Los productos eco también protagoniza el cambio de las grandes superficies en favor del medio ambiente. Y eso es simplemente reflejo de los hábitos de consumo. Según los datos del Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente y Eurostat, España es, con dos millones de hectáreas, el país de la UE donde más superficie se dedica al ecológico. Sin embargo, el consumo interior ha sido una debilidad estructural de la producción, tradicionalmente enfocada a la exportación. En los últimos dos años se está produciendo un incremento notable; en 2017 el consumo nacional ya superaba los 2.000 millones de euros.

En este aspecto ocurre lo mismo que con los productos cárnicos. «Hay más de 400 sellos que certifican la producción. Muchos son privados y son los propios creadores los que los auditan. Eso implica que el consumidor no sepa cómo tiene que interpretar las etiquetas. Lo tenemos difícil y son los supermercados los que mejor pueden ayudar a diferenciar los lineales y facilitar la toma de decisión de sus clientes respecto a los criterios que más le interesen: km 0, comercio justo, ganado razas autóctonas. La certificación de ecológico sólo significa que no se han usado químicos, pero hay sellos como LEAF que van más allá e integran criterios como el uso de agua, del suelo la protección del entorno, de la flora y la fauna, etc.», explica Amanda del Río, portavoz de la Fundación Global Nature, organización que trabaja en el proyecto LIFE Food & Biodiversity, con el que quieren ayudar a que mejora la información que le llegue al consumidor.

«Al igual que existe la certificación energética de los electrodomésticos, debería existir una información más unificada para que nadie tenga que hacer un master antes de comprar y entender que es lo que se tiene en cuenta en cada sello. El camino debe ir hacia etiquetas con criterios unificados que apliquen el concepto de huella integral, es decir, que midan al mismo tiempo el consumo de agua, las emisiones de CO2, los químicos, la protección de la biodiversidad, etc. Creemos que el sello ecológico será a la larga el mínimo exigible», detalla del Río.

Envase sí, envase no

El plástico es una de las grandes asignaturas pendientes a la hora de hacer la compra y eso a pesar de que el objetivo europeo es que para 2025 en ningún país se superen las 40 bolsas de este material de un sólo uso por habitante. Éstas son de pago en los grandes centros de compra desde hace años y desde marzo en cualquier establecimiento, pero ¿es posible hacer la compra a granel para evitar los miles de envases que de media se usan 20 minutos y tardan 400 años en descomponerse? «Hay un auge de la compra sin envases en el pequeño comercio, que en realidad siempre ha vendido así, aunque el número de productos que ofertan está creciendo (desde miel a jabón para la lavadora o cacao en polvo). En Barcelona hay unos 500 establecimientos de Comercio Verde y en muchos de ellos ya se puede hacer este tipo de compra. Por otro lado, es cierto que en las grandes superficies están apareciendo lineales de compra a granel, pero también lo es que por logística se prioriza el envasado», explica Marta Beltrán, directora de Proyectos de la Fundación para la Prevención de Residuos y Consumo Responsable Rezero.

Este exceso de envases es lo que ha movido la aparición de la campaña #desnudalafruta, una iniciativa del blog Vivir sin plásticos y La hipótesis Gaia con la que se quiere denunciar la cantidad de plásticos con el que se envuelven los alimentos. Consiste en subir las fotos a Twitter para denunciar dónde se han detectado estos problemas.

La empresa americana Amazon acaba de abrir su primer súper, haciendo realidad su filosofía sobre lo que debe ser el supermercado del futuro. La inteligencia artificial y el teléfono protagonizan este espacio en el que el cliente llega, pasa el móvil por el torno, elige, vuelve a pasar el teléfono por la puerta y se va con la compra hecha.

No son los primeros en hacer realidad una nueva experiencia de compra. El grupo italiano Coop se juntó en 2016 con las empresas Accenture y Avanade para abrir en Milán un supermercado plagado de mesas interactivas, donde con un sólo movimiento de la mano un monitor muestra al cliente la información del producto: su origen, valor nutricional, promociones, alérgenos… «Las estanterías verticales permiten navegar por las categorías de productos, filtrar, buscar información en redes sociales y durante el desplazamiento por la tienda se pueden consultar datos en tiempo real», explican en Accenture.



Fuente: La Razón

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