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El sida vuelve a emerger

Sida. Hace unos años esta enfermedad causada por el VIH (virus de la inmunodeficiencia humana) hacía temblar el mundo y las muertes que causaba dejaron un terrible rastro. De aquello en nuestros días sólo queda el estigma y el silencio. Estigma, porque muchos conviven con la infección gracias a los nuevos tratamientos que han dotado de una mayor calidad de vida a los pacientes, y silencio, porque nadie habla de ella como antes y se mantiene oculta, pese a que la comunidad médica reitera y subraya que «en la actualidad, la epidemia, lejos de disminuir las cifras de incidencia, las mantiene e incluso las eleva. Con lo que hoy tenemos en materia de prevención no debería ser así», alerta Vicente Estrada, jefe de Sección de Enfermedades Infecciosas del Hospital Clínico San Carlos de Madrid.

Hoy la gente teme más a la llegada del dengue y el zika que a una epidemia que campa a sus anchas por la sociedad sin que nada la estorbe. Las cifras comienzan a preocupar a la comunidad médica, ya que la prevención podría convertirse en la mejor vacuna alcanzable en la actualidad. «Si uno lo mira bien, vacuna para prevenir nuevas infecciones ya existe: no se infecta de VIH si no mantiene un tipo determinado de prácticas y si lo hace ha de tomar precauciones, usar preservativo. Como tal, de este modo se podría acabar con la epidemia. Hay que empezar a plantearse que hay muchas cosas que podemos hacer que podían mejorar de manera extraordinaria la situación que estamos viviendo de nuevas infecciones», subraya Santiago Moreno, jefe de Servicio de Enfermedades Infecciosas del Hospital Universitario Ramón y Cajal, de Madrid.

Lejos de estar controlando la epidemia, lo que se ha conseguido es mantener crónica la enfermedad gracias a los nuevos tratamientos. Pero, ¿merece la pena contagiarse porque hay solución para evitar la muerte? Pues las cifras demuestran una cierta despreocupación y alejamiento del miedo que suponía hace unos años el contagio de la enfermedad. Mientras el número de muertes se ha reducido en un tercio, la incidencia del virus se mantiene constante a un ritmo de 2,6 millones de nuevas infecciones al año, según la Conferencia Internacional sobre el Sida. En este sentido, las cifras de ONUSida muestran un estancamiento del descenso de infecciones desde 2010 en Europa, lo que hace temer a los médicos que estemos ante una nueva eclosión de la epidemia.

En España, como apunta Moreno, las cifras que recoge el Plan Nacional sobre el Sida del Ministerio de Sanidad parecen «engañosas», porque si uno mira el total hay un estancamiento, en consonancia con otros países, «pero si se desglosa encontramos que hay menos contagios en hombres que vienen de fuera, resultado del descenso de la inmigración, pero hay más entre varones que practican relaciones con su mismo sexo», subraya Moreno. Este experto demanda al mismo tiempo que con los datos actuales se puede configurar un perfil de riesgo, que «pese a que nunca se ha querido definir quién es susceptible de contraer la infección, lo cierto es que las cifras dibujan uno más definido: hoy apenas hay contagios por compartir jeringuillas, también son pocos en parejas con relaciones heterosexuales, pero sí que hay más contagios y son hombres entre 25 y 45 años que mantienen relaciones homosexuales en lo que se ve un aumento claro de las infecciones. Se está definiendo la población de más riesgo»

Tabú y estigma, barreras

Vicente Estrada, jefe de Sección de Enfermedades Infecciosas del Hospital Clínico San Carlos de Madrid, se muestra de acuerdo con Moreno y advierte de que «el tabú y el estigma que no se ha conseguido borrar contra el VIH hace mella en el fracaso de la prevención. La gente que convive con la infección aún se considera marginado y eso que hoy se conocen las vías de contagio». Además, destaca el hecho de que hoy en día a su consulta llegan al menos 25 casos de sida al año, es decir, con la enfermedad desarrollada, no sólo positivos de la infección. «En la consulta veo varios tipos de pacientes: los que hoy están en tratamiento y control de carga viral a través de los nuevos tratamientos; gente que en la revisión por sus prácticas de riesgo da positivo, dentro de un test de ETS; y los diagnósticos tardíos, que son un 40%, que llegan tras una neumonía o enfermedad inmunológica, que llegan ya con el sida», comenta Estrada.

Para Douglas Richman, director del Centro para la Investigación del Sida de la Universidad de San Diego (EE UU) y «descubridor» del VIH, resalta que «lo más importante hoy ha sido desarrollo del tratamiento combinado que ha convertido el VIH, una enfermedad con sentencia de muerte, en un proceso que en un paciente que comienza precozmente el tratamiento consigue una vida plena. Esto es algo espectacular. Ahora hay 17 millones de personas en todo el mundo que reciben terapia y esto es un algo impresionante. Pero preocupan mucho las nuevas infecciones: dos millones de personas al año. Los esfuerzos en materia de prevención nunca van a ser efectivos hasta que se consiga la vacuna, por tanto nos hace falta la vacuna para los infectados y nos hace falta una cura para aquellas personas que conviven con la infección y que podamos evitar la administración de un tratamiento de por vida».

Bonaventura Clotet, jefe de la Unidad de VIH en el Hospital Universitario Germans Trias i Pujol y director del Instituto de Investigación del Sida IrsiCaixa, afirma que realmente estamos ante el problema de la botella llena o vacía, o como apunta Jorge Garrido, coordinador de la asociación Apoyo Positivo: «Estamos ante el mayor fracaso social al que acompaña el mayor éxito de la medicina». Un logro que todavía tiene muchos retos frente a él, como desglosa Estrada: «tenemos que ver cómo la infección de VIH en estado controlado eleva el riesgo de otras comorbilidades como la enfermedad cardiovascular, la osteoporosis, el cáncer de pulmón y los linfomas, la insuficiencia renal, el daño cognitivo…». Quizás todo ello lleve a cuestionar si una buena estrategia de prevención puede ahorrar costes al sistema sanitario y sufrimiento, patologías asociadas a quienes se infecten, muchos pensando que «total, si ya no se muere uno de sida», como apuntan los expertos.

Ya que como concluye Clotet, «hoy, el coste del tratamiento son 600 euros al año y está cubierto por el SNS. Si calculas que hay 130.000 personas durante toda su vida… El tratamiento en el futuro con la llegada de los genéricos abaratará los costes, que tardarán unos tres o cuatro años, pero que ayudarán en esa sostenibilidad y serán una buena alternativa. También la industria farmacéutica irá reduciendo el precio de los medicamentos seguro, y es ahí donde la administración debe trabajar en ello para acelerar los procesos para que no se altere la excelencia de la calidad de la medicina pública que tenemos en España».



Fuente: La Razón

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