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Elecciones Andaluzas 2018, CIS da la victoria a Susana Díaz

«El antílope no necesita ser más rápido que el depredador para sobrevivir. Le basta con ser más rápido que los otros antílopes», reza un proverbio africano. Susana Díaz se enfrenta a las elecciones del 2D despojada ya del aura de sempiterna ganadora en las urnas. Precisamente, su jefe de filas, Pedro Sánchez, la despojó de este atributo, evidenciando que hasta la fecha, Díaz, más que ganar –que también–, hereda. Las encuestas señalan –la última la del CIS, que recupera «la cocina»– que la presidenta andaluza no tiene rivales en la comunidad que construyan una alternativa a los 36 años de gobiernos socialistas, con la paradoja de que casi el 60% del los encuestados pide un cambio y de que la valoración de su gestión es muy mala o mala para el 43%.

Este estado de opinión es una constante hace años pero no desemboca en una victoria de otro partido diferente al PSOE (de hecho, el 65% da por hecho que ganarán los socialistas) salvo en los comicios de 2012 en los que Arenas venció a un Griñán acorralado ya por los ERE pero que supo ver que retrasando las elecciones andaluzas conseguiría un colchón suficiente para aferrarse al Gobierno por el desgaste de las primeras medidas de Rajoy para salvar la crisis. En el actual escenario político, el PSOE de Susana Díaz, paradójicamente, preferiría que el PP fuera segundo, ya que si es Cs, las posibilidades de pacto, ya de por sí remotas por el panorama nacional, serían imposibles. Si Adelante Andalucía finalmente es la segunda fuerza, arrancaría un pulso en la izquierda. Ayer el secretario de Organización del PSOE-A, Juan Cornejo, hasta ahora muy crítico con la formación morada, se refirió a Adelante Andalucía –la coalición que conforman Podemos con IU– y habló de la necesidad de «una izquierda responsable».

La Confederación de Empresarios de Andalucía instó a Cs a replantear su veto a pactar con el PSOE de cara a la XI Legislatura, amparándose en «el derecho a la estabilidad institucional». Cs se situaba así frente a un callejón sin salida ante el que subió la apuesta y optó por la vía del butrón: Juan Marín deslizó la posibilidad de un cordón sanitario frente al PSOE-A. «El único fracaso sería que no hubiera un cambio y que Andalucía, después de 40 años de gobiernos socialistas, siga igual», dijo, añadiendo que no cree que haya un escenario de repetición de elecciones. Marín defendió que «no va a llegar a ningún acuerdo con el Partido Socialista» tras el 2D, tampoco en caso de que se excluyera a Susana Díaz de la negociación. El popular Juanma Moreno defendió que están «acariciando un bloque de cambio».

Fuentes próximas a la campaña tanto del PSOE como del PP señalaron que el partido naranja, al abordar las autonómicas como un primer combate en la puja del liderazgo del centro derecha entre Albert Rivera y Pablo Casado, está incurriendo en una estrategia contraproducente. «Cs lo único que tenía que hacer es no hacer nada», indicaron desde ambos flancos del bipartidismo, en la misma línea del perfil bajo adoptado por Susana Díaz. La fuerza de la marca nacional de Cs más algún mensaje genérico sobre la controversia territorial harían el resto para el crecimiento del partido de Rivera en Andalucía. El propio Marín, durante la legislatura, se ha sentido extremadamente cómodo con el PSOE. Además de ser un socio de investidura plácido, su nivel de fricción con la presidenta ha sido inversamente proporcional al del socio al que la casuística nacional está abocando a Susana Díaz de cara a futuros pactos: Adelante Andalucía de Teresa Rodríguez –«Con el PSOE, ni muerta», llegó a decir en el Parlamento– y Antonio Maíllo –cuya experiencia en el bipartito con Griñán y posterior ruptura forzada de Díaz aún escuece en IU–. Las encuestas dicen que el PSOE se desploma pero le valdrá para gobernar con Adelante en caso de que Cs mantenga su veto a volver a pactar. El efecto Pedro Sánchez y la repercusión de Casado está por medir, así como la influencia de la presencia continua de Inés Arrimadas y Albert Rivera en la comunidad, cerrando los actos de Cs por delante de Marín. La «paradoja naranja» radica en que la formación de Rivera puede no alcanzar en votos al PSOE ni siquiera en un hipotético pacto con el PP y contribuir –como hace 3,5 años al apoyar la investidura de Díaz– al mantenimiento de lo que ahora considera «un régimen». En estas elecciones, además, se da la circunstancia de que el «aparato» nacional de varias formaciones está abiertamente enfrentado a los líderes andaluces: Pedro Sánchez con Díaz y Pablo Iglesias con Teresa Rodríguez. En Cs Albert Rivera es la mano que mece la cuna. En este escenario, Susana Díaz –que parte con la ventaja de dirigir una «empresa», la Junta, que da empleo directo a casi el 10% de la población activa andaluza y con la espada de Damocles de una decena de escándalos relacionados con el manejo indebido de fondos públicos que han motivado una treintena de procedimientos judiciales simultáneos, con cerca de 600 personas encausadas y alrededor de 5.500 millones bajo sospecha–se juega conservar el reducto socialista del sur o, como Boabdil, ser el último sultán de Occidente. Los sondeos vienen dando a los socialistas un resultado por debajo del 30%
–37,4% da el CIS «cocinado»– , lo que supondrían, de nuevo, sus peores resultados en la región en unas autonómicas desde 1982, superando su récord negativo de los últimos comicios (35,4%). En 2012, en plena crisis por el «caso ERE» y con el efecto inverso de Zapatero con la crisis, los socialistas obtuvieron un 39,56%, quedando en segundo lugar pero gobernando otra vez gracias al pacto con IU. En 1994, obtuvo un 38,72% de votos. El colchón electoral socialista da para volver a gobernar. Bajo este suelo está el abismo para Susana Díaz.


Fuente: La Razón

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