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Elsa Artadi, en segunda vuelta

No quiere volver, porque «entre ser presidente y ser presidiario, escojo lo primero porque creo que puedo servir mejor a Cataluña», dijo en una entrevista en Cataluña Ràdio. O sea, no volverá pese «a los planes que comenta con quien quiera escucharle vía mar o vía carreteras secundarias para regresar para estar presente en la sesión de investidura», según explican fuentes independentistas que añaden un elemento en la conversación que atribuyen a Puigdemont que dibuja el estado de ánimo del autoproclamado presidente en el exilio, «en un punto paranoico. Apunta que España planea secuestrarle y llevarle ante los tribunales», afirma, explicación que acompaña con el ejemplo de Adolf Eichmann, capturado por el Mossad en Argentina en 1960.

Carles Puigdemont sigue apostando por la investidura telemática o por persona interpuesta, desoyendo las voces que el independentismo le apuntan a la necesidad de hacerse a un lado porque «el Estado no permitirá esta investidura».

El político catalán, muy desconfiado hasta con su entorno más inmediato cercano a Artur Mas y Francesc Homs, apuesta por el «todo o nada» con sus fieles, encabezados por Elsa Artadi y Eduard Pujol. «El entorno se lo facilitó Mas, junto a Homs, para que jugara como cabeza de cartel y evitara la catástrofe electoral. Una vez logrado el objetivo para muchos es un juguete roto», apuntan dirigentes independentistas conocedores de la situación en Bruselas y en Cataluña.

Sin dar muchos detalles, Puigdemont anunció que quiere pasar de «la proclamación de la República a la República de los hechos», reconociendo conversaciones con ERC y la CUP para fijar «la hoja de ruta», remachando su mensaje de restituir al Gobierno legítimo descartando «el plan B», es decir, dar un «cambiazo» antes de la sesión de investidura. Puigdemont no engaña. Su plan es forzar la investidura, para lo que necesita la complicidad de la Mesa del Parlament, y que el Gobierno y el Constitucional la rechacen. Éste es su objetivo, forzar la situación para doblegar a ERC y presentarse como un perseguido por el Estado Español que «no deja que sea investido el presidente democráticamente elegido».

Como Puigdemont no estará presente en la citada sesión forzará que su discurso lo lea una persona interpuesta que, según las fuentes consultadas, será Elsa Artadi, descartando la posibilidad de que sea Jordi Turull, que despectivamente es calificado como «el empleado de los Pujol», por la guardia pretoriana de Puigdemont. El «paripé» de esta investidura telemática–delegada sería «borrada del mapa por el Tribunal Constitucional», pero permitiría a Artadi asumir su nuevo papel. En una segunda investidura ya sería candidata argumentando «soy el relevo del President. Me designó para leer su discurso y ahora en la segunda sesión lo vuelvo a hacer para ejercerlo yo como presidenta».

En el mundo independentista «los convergentes con oficio y los republicanos de ERC» mantienen un discreto silencio ante el plan de Puigdemont porque temen que «tendremos una primera investidura fallida y quizás no haya una segunda, lo que facilitará que el 155 se alargue unos meses hasta que se elija un presidente que sea investido dentro de la legalidad». Y añaden con una cierta amargura «y que sea un fugitivo de la justicia. Entonces sí habrá investidura». A pesar de estas valoraciones, nadie en el sector independentista está dispuesto a frenar estos planes. Incluso más de uno le deja hacer para llegar a la segunda investidura. Puigdemont prevé ungir a Artadi, pero los republicanos no descartan plantear a Oriol Junquera como candidato.



Fuente: La Razón

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