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En el laberinto de la mente artificial

En el año 2009, los promotores del proyecto Blue Brain (impulsado por IBM  y el Brain Mind Institute de la Escuela Politécnica Federal de Lausanne, y cuyo objetivo es reproducir informáticamente un cerebro humano a todos sus niveles, incluido el molecular) anunciaban que, en una década, estaría listo el cerebro artificial. Falta solo un año para que se alcance la fecha del vaticinio, pero la complejidad del cerebro sigue sin desvelarse.

Entretanto, más allá del terreno de la informática, se van dando otros intentos. El último del que hemos tenido noticia está protagonizado por una ingeniera en biomedicina de la Universidad de Connecticut, llamada Min Tang-Schomer.

Tang-Schomer ha conseguido crear artificialmente un circuito cerebral simple compuesto por un conjunto de neuronas cultivadas en una placa de Petri. Usando unos electrodos, la investigadora hizo llegar señales eléctricas a estas neuronas, y las células nerviosas respondieron. Comenzaron entonces a latir en sincronía, de un modo similar a como lo hacen en el cerebro, explica la Universidad de Connecticut en un comunicado.

Los electrodos nos pueden parecer artificiales, pero lo cierto es que las señales eléctricas forman parte del funcionamiento normal de nuestro cerebro. Por ejemplo, cuando un fotón (partícula que compone la luz) golpea el ojo de un individuo, se genera una señal eléctrica que viaja a través del nervio óptico, y que es traducida por el cerebro como un color determinado (ese es el color que vemos).

Aún no se sabe si las neuronas de Tang-Schomer pueden generar “pensamiento”, pero la investigadora espera que estos sencillos circuitos conduzcan a circuitos más complejos, y con ellos a una mejor comprensión sobre cómo las neuronas se organizan en su medio natural.

Creación de sinapsis artificiales

Otra interesante vía de emulación del cerebro es la de la fabricación de sinapsis artificiales. Una sinapsis (natural) es aquella conexión o intercambio entre células cerebrales que posibilita la transmisión del impulso nervioso.

El proceso de aprendizaje de nuestro cerebro está ligado a estas conexiones: cuanto más estimulada está la sinapsis, más se refuerza la relación entre las neuronas y, en consecuencia, el aprendizaje mejora. 

El pasado mes de enero, un grupo de investigadores del Instituto Nacional de Estándares y Tecnología (NIST, EEUU) anunció la creación de un interruptor superconductor que funciona como una sinapsis biológica.

Este interruptor (bautizado, claro está, como Sinapsis) es capaz de procesar mil millones de veces por segundo, en comparación con una célula cerebral, que se limita a 50 veces por segundo. Además, usa sólo una diezmilésima parte de la energía que consume una sinapsis humana, aprende igual que una neurona real, y puede almacenar recuerdos.

En 2017, además, investigadores del CNRS de Francia lograron crear una sinapsis artificial capaz de aprender, y desarrollaron un modelo físico que explicaba esta capacidad de aprendizaje, lo que abrió la posibilidad de crear una red de sinapsis artificiales y sistemas inteligentes. En aquel caso, la sinapsis artificial consistió en un componente electrónico nanométrico capaz de ajustar su resistencia bajo impulsos eléctricos similares a los de las neuronas. 



Fuente: Tendencias 21

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