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En la defensa de los animales, el odio no es el camino

Recuerdo bien a Mel Capitán. La recuerdo apasionada, defendiendo su afición por la caza en vídeos que se sabían desde el principio controvertidos, convertida en icono y en diana con ellos.

La recuerdo en sus redes sociales, bien pobladas de seguidores, muy guapa, muy joven, muy sonriente. Posando con amigos, posando con armas, acompañada con frecuencia de unos perros a los que se la veía querer y en los que se adivina un pedigrí tan impoluto como su pelaje. Tenía un perro tatuado en su antebrazo. Le gustaba hacer deporte y leer al sol.

Mi pequeño gran bebe!!! 6 meses y parece todo un grandullón, no me puede tener más enamorada 😍

Una publicación compartida de Mel Capitan Hunter (@melct24) el 10 de Jul de 2017 a la(s) 11:14 PDT

Leo que ha muerto, que se ha quitado la vida. Y lo siento. No sé qué habría detrás de ese escaparate de sonrisas radiantes que haya acabado conduciendo a esto, pero no es una buena noticia. Nunca lo es que muera alguien tan joven. Me pongo en el lugar de aquellos que la querían e imagino su dolor. Ojalá pudiera aliviarlo.

Mi mejor medicina después de una semana de duro trabajo ❤️

Una publicación compartida de Mel Capitan Hunter (@melct24) el 27 de May de 2017 a la(s) 12:12 PDT

Leo que hay defensores de los animales que han llenado sus redes de insultos y vejaciones tras su muerte. Y me entristece enormemente. Igual que me entristece cuando ha pasado de maneras similares en el pasado.

No concibo el respeto a los animales sino como una parte de un todo mayor, del respeto a la vida.

No concibo la empatía por el sufrimiento animal sino como parte de un todo mayor, la empatía por el sufrimiento en general.

Se supone que las personas que amamos y defendemos a los animales lo hacemos porque tenemos la sensibilidad suficiente como para entender que hay que respetar al otro, que un niño enfermo, un hombre joven que muere dejando atrás a una familia que le llora o una chica que se quita la vida antes de los treinta años no son ocasiones en las que sacar la bilis.

Quiero creer que aquellos que se alegran e insultan cuando esas desgracias suceden son los menos, muy pocos que hacen mucho ruido. Estoy rodeada de personas que aman y defienden a los animales que sé que jamás se les ocurriría proceder así, que entienden que los seres humanos somos complejos, cambiantes, llenos de matices y contradicciones; que saben que destilar odio por otras personas hace un flaco favor a la causa de crear un mundo mejor para todos, hombres y animales.

He conocido la bondad de corazón en cazadores, en aficionados taurinos. El blanco y el negro no conforman nuestra realidad, nada es tan simple.

No seré yo quien diga a otros lo que deben sentir. Ni uno mismo puede obligarse a sentir aquello que la razón le dicta. Pero sí que el camino nunca es el insulto personal ni alegrarse cuando la muerte llega a destiempo.

Esto no debería ser una guerra, debería ser una evolución.

Y el odio no es el camino.

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Fuente: 20 Minutos

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