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España propone en Roma una refundación de la zona euro

El presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, ha aprovechado la conmemoración en Roma del 60 aniversario de la UE para proponer una refundación de la zona euro en la que algunos miembros puedan compartir no sólo la moneda sino también un presupuesto común y un Tesoro con emisión de deuda pública común.

Rajoy ha reconocido en la capital italiana que ese proyecto “llevará tiempo porque ahora hay divergencias importantes en la competitividad de los (19) socios de la Unión monetaria”. Pero España propone que se fijen unos baremos, como se hizo en Maastricht, para decidir qué países pueden incorporarse a esta segunda fase del euro.

En Maastricht se establecieron, entre otros, requisitos de deuda pública, déficit o inflación y 11 socios, entre ellos España, lograron cumplir los objetivos en 1998 y adoptar el euro en 1999. Los nuevos criterios medirían la sostenibilidad de la balanza comercial, la posición inversora internacional o los costes laborales.

Rajoy reclama “un presupuesto común que pueda ayudar a los países cuando se encuentren en dificultades”. Y un Tesoro europeo que emita eurobonos para evitar la repetición de situaciones como en 2010 y 2012, cuando el riesgo de desintegración del euro disparó las primas de riesgo de algunos países, como España, y encareció de manera insostenible sus costes de financiación.

La propuesta de España cuenta en estos momentos con pocos adeptos en la Unión, donde la mayoría de los Gobiernos se enfrentan a un ascenso de las fuerzas políticas euroescépticas. Pero Madrid ha logrado que la Declaración de Roma, suscrita hoy por todos los socios de la UE (salvo Reino Unido, que no ha asistido a la cumbre), incluya una referencia a la necesidad de “completar la Unión Económica y Monetaria, una Unión en la que converjan las economías”. La delegación española interpreta esas palabras como el compromiso de seguir avanzando en la profundización de la zona euro una vez que el clima político y económico lo permita.

La Declaración de Roma fija también como objetivos la Europa de la defensa, complementaria a la OTAN; el combate contra el paro y la desigualad, y la protección de las fronteras ante fenómenos como el terrorismo o la inmigración ilegal.

Los 27 gobiernos asistentes han suscrito la Declaración en una solemne y breve ceremonia celebrada en el Campidoglio de Roma, el mismo lugar donde un 25 de marzo de 1957 se firmaron los Tratados de la Comunidad Económica Europea y de la Energía Atómica (Euratom). Aquellas 550 páginas sentaron las bases del mayor proyecto de integración política pacífica en la historia reciente. Y selló la reconciliación entre Alemania y Francia, cuyos enfrentamientos habían provocado numerosas guerras en Europa hasta la hecatombe de la Gran Guerra (1914-1918) y la locura sanguinaria del nazismo que desembocó en la II Guerra Mundial (1939-1945).

“Hace sesenta años, recuperándonos de la tragedia de dos guerras mundiales, decidimos unirnos y reconstruir nuestro continente desde sus cenizas”, señala la Declaración suscrita por 27 Gobiernos europeos, incluidos los seis fundadores (Alemania, Francia, Italia y Benelux), los que se incorporaron en las sucesivas ampliaciones (como España) y los que salieron del bloque soviético tras la caída del telón de acero en 1989. De manera significativa, la primera en firmar la Declaración ha sido Dalia Grybauskaite, presidenta de Lituania, un país que en 1957 era parte de la URSS y que sólo en 1990 logró independizarse.

La negociación de la Declaración no ha estado exenta de polémicas. Y aunque sólo tiene dos páginas, se ha tardado varios meses en pactar el texto, una prueba de los cambios que se han producido en estos 60 años. Los seis socios fundadores necesitaron sólo nueve meses para pactar dos Tratados que transformaron Europa.

Ahora los 27 han mantenido agrias disputas sobre puntos tan diversos como la llamada Europa de dos velocidades, reclamada por la canciller Angela Merkel, o el modelo de Europa social, insuficientemente reflejado a juicio del primer ministro griego, Alexis Tsipras. Polonia también mantuvo casi hasta el último momento su amenaza no sumarse a la ceremonia de Roma, pero finalmente la primera ministra, Beate Szydlo, ha plasmado su rúbrica junto al resto de líderes.

Berlín pierde
La Declaración abre el camino para seguir avanzando a varias velocidades, pero dentro del marco actual, que permite una Europa a varias velocidades pero siempre bajo la tutela e iniciativa de la Comisión Europea y con el apoyo, al menos, de nueve países. Merkel deseaba dar por superadas esas limitaciones y abrir la puerta hacia una Europa de varios grupos, sin necesidad de contar ni depender de Bruselas.

España, entre otros países, se negó a secundar esa Europa alternativa. Y el texto pactado ha cerrado, de momento, la vía de Merkel, y mantiene el modelo vigente defendido, también, por el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, y por el presidente del Consejo, Donald Tusk.

“Actuaremos juntos, a distintos ritmos y con distinta intensidad cuando sea necesario, mientras avanzamos en la misma dirección, como hemos hecho en el pasado, de conformidad con los Tratados y manteniendo la puerta abierta a quienes quieran unirse más adelante. Nuestra Unión es indivisa e indivisible”, reafirma la Declaración.

La firma del texto ha estado precedida de breves y emotivas palabras por los líderes de las instituciones europeas, que han defendido la vigencia del modelo europeo. Tusk ha recordado que nació y pasó su infancia en una ciudad (Danzig) destruida por Hitler y Stalin. Juncker ha elogiado “a la generación de nuestros padres, que fue capaz de superar una guerra y construir Europa”. Y el presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, ha defendido los logros económicos y sociales de una Europa “donde el Producto Interior Bruto ha crecido un 33% más que EE UU desde 1960”.

Rajoy ha abundado en esa misma idea durante una rueda de prensa en la embajada española en Italia. “Europa es hoy el mejor lugar del mundo donde puede nacer un ser humano”. Y ha retratado el éxito económico con tres cifras. “Somos el 7% de la población del planeta y el 22% de la riqueza, pero tenemos el 58% de todo el gasto social del mundo. Esas son las magnitudes de nuestro éxito”. Curiosamente, Merkel utilizaba en esas mismas cifras en 2013, durante la crisis del euro, para tachar de insostenible el gasto social europeo y pedir su recorte.

Fuente: Cinco días

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