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Espido Freire: “Ni me planteé otra cosa que no fuera adoptar”

Tengo el empeño de traer a este blog una entrevista al mes, una charla con alguna persona celebre por sus méritos y que comparte su vida con uno o varios animales para hablar de su relación con ellos y de la protección animal en positivo, que falta hace. Empecé en noviembre con la atleta Isabel Macías que tiene una preciosa galga adoptada. Ambas corren como el viento y es un placer verlas, también leer sobre su relación.

Para esta segunda entrega tengo el honor de traer aquí a Espido Freire, escritora ganadora de un planeta y con multitud de obras publicadas de diversa temática. También conferenciante y, desde este mismo año, actriz de teatro. Os invito a leer su blog, que se llama Dentro del laberinto en homenaje a la fascinante película de Jim Henson interpretada por David Bowie y Jennifer Connelly, y sus redes sociales, que son un ejercicio liberador de prejuicios y un perfecto ejemplo de que las buenas reflexiones, la cultura y la calidad literatura casan perfectamente con el interés por la moda, por lo estético. También de su amor por los animales, con la negra Rusia y su preferencia por las flores acaparando protagonismo en su recomendable Instagram  y haciendo gala de que los animales no son complementos, son familia.

Espido Freire, que ha presentado hace muy poco la novela histórica juvenil El chico de la flecha (falta hacen también historias que acerquen la Historia a nuestros niños), ha hecho suyas muchas causas: la lucha contra la bulimia y la anorexia, la capacidad de reconocer y apartar a las personas tóxicas y la defensa de los animales.

La escritora convive con tres gatas, cuatro hasta hace no mucho, ha sido casa de acogida, ha apoyado (y sigue haciéndolo) diversas campañas que promueven la adopción y ha sido premiada por ello.

¿Cómo son (era en el caso de Iona) Rusia, LadyMacbeth, Ofelia e Iona?
Iona fue mi primera gata, una preciosa siamesa, gruñona, poco paciente con sus hermanas, y muy cariñosa y cálida con los humanos. La adopté ya adulta, apareció con una pata destrozada y muy descuidada. Vivió diez años conmigo, hasta que la edad le hizo desarrollar un problema renal incurable, y en el momento en el que parecía inevitable que comenzaba a sufrir, la dormí. Creo que el último gesto de amor que se le puede conceder a un animal muy querido es una buena muerte. Las otras tres gatitas entraron en casa como cachorros, tienen 11 años, son comunes europeas, (dos negras y una vaquita) y cada una de ellas tienen una marcada personalidad: Ofelia tiene un carácter encantador, aunque es muy tímida. Rusia, hiperactiva y curiosa, nunca para quieta. Y Lady Macbeth es mimosona, zalamera y un poco torpe.

Todas son adoptadas. ¿Por qué optaste por la adopción en primer lugar?
Ni me planteé otra cosa. Dentro de mi actitud ante los animales lo único coherente es adoptar, hacerme responsable de mis animales, esterilizar, y evitar abandonos, maltratos y proliferación de camadas indeseadas. Son compañeros de vida, no caprichos.

¿Concibes en algún momento comprar a un gato?

Si viera a un gato en muy malas condiciones y la única opción de salvarlo fuera la compra. En otras circunstancias no me veo haciéndolo, la verdad.

Sé que también has sido casa de acogida de decenas de gatitos. ¿Cómo ha sido la experiencia de ser el hogar temporal de animales necesitados? ¿La recomendarías?
La recomendaría si se tiene fuerza emocional, conocimientos sobre el comportamiento felino, tiempo y medios económicos. Es decir, de nuevo, la palabra responsabilidad. Los periodos en los que he tenido gatitos en acogida han sido los más divertidos, los más agitados y los más educativos de mi vida. Cuando están sanos son tronchantes y tiernos, cuando están enfermitos exigen un mimo y un cuidado que yo no creía capaz de dar, y la manera de entender a los gatos varió para siempre tras tenerlos en casa. Era, desde luego, una locura, mis gatas protestaban, yo dediqué una de las habitaciones de mi casa a cuarentena y parecía que entraba y salía en una UCI cada vez. Y luego, el desafío de encontrarles buenas familias… hice muy buenos amigos gracias a ello.

¿Tu amor por estos animales ha trascendido en algún momento a tu obra literaria?

Sí, aparecen por ahí… y espero dedicarles un libro en algún momento.

Hay mucha gente que cree que los gatos son interesados, egoístas, que saben valerse en la calle… ¿Qué opinas tú?
Es puro desconocimiento. Quien dice eso no conoce al gato casero: quizás tenga el recuerdo de algún gato callejero o no socializado, que le bufó o arañó. Los gatos criados con apego al ser humano, (a veces se les llama “amistosos”) son fascinantes. Curiosos, inteligentes, bellísimos, divertidos. Los hay perezosos y activos, mimosos o más despegados. En el caso de las mías son, además de pesadas de tan cariñosas, gatitas muy receptivas a mi estado de ánimo o de salud. Y, desde luego, abandonar a un gato casero es condenarlo a muerte. El gran problema es que mucha gente trata equivocadamente a los gatos como si fueran perros, o incluso humanos, y la comunicación con ellos no funciona así. Tomarse un poco de tiempo para entenderlos es la clave.

¿Qué crees que opinarían Rusia, LadyMacbeth y Ofelia?
Rusia no le dedicaría demasiado tiempo. Su cabecita salta de un interés a otro con gran rapidez. Ofelia intentaría explicar con toda paciencia qué hacer y cómo, y Lady Macbeth emplearía todas sus técnicas de seducción: dar golpecitos con la patita, hacerse el conejo, revolcarse como una croqueta sobre el suelo, cazarle algún juguete…

¿Qué recomendarías a alguien que desea adoptar a un gato? ¿Algún paso a seguir? ¿Algún consejo?

Que pregunte todo lo que necesite a la asociación o a quién lo tenga en adopción: que se fíe más del carácter que del físico. Que se comprometa a chipearlo y a esterilizarlo, con la seguridad de que es lo mejor para ellos. En realidad, las necesidades básicas de un gatito son muy pocas: buena comida, agua en abundancia, un arenero, un rascador, un cepillo, un cortauñas, un poco de malta. Muchísimo cariño y un poco de tiempo. Y que le den una oportunidad a los gatos adultos: dan muchos menos problemas, se conoce ya su carácter, y son igual de maravillosos. A veces hay casos de enamoramientos fulgurantes (yo lo he comprobado: a uno de los gatitos le faltaba una patita, a otra un ojo, los otros estaban sanos) y ahí no hay nada que explicar: es amor y ya.

La entrada Espido Freire: “Ni me planteé otra cosa que no fuera adoptar” aparece primero en En busca de una segunda oportunidad.



Fuente: 20 Minutos

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