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Este Atleti es otra historia

La mesa estaba dispuesta en el Louis II. A las 21:00 en punto se servía la cena, casi la hora de siempre, sólo quince minutos más. Y el Atlético salió a comérsela de un bocado, Griezmann el primero. Se apagó la música, the Champioooons, y compareció el Mónaco rascando. Lo hizo el Atleti con gol, segundo 30, anulado por una falta invisible que sólo vio el árbitro, a Giménez, aunque en la Champions no hay VAR. El árbitro no lo dio, el gol no subió. Tardaría el Atleti en poner los cubiertos en la mesa.

Con Lemar en el banco, Simeone mirando desde un balconcito-set-de-televisión y Correa sobre ese césped que se levantaba con mirarlo, horrible, ni para patatas, el hombre del partido era Griezmann. Siete minutos bastaron para demostrar que se le fue el verano, que pasó, que ya está: sacó el foco entre líneas y a jugar. Dos veces intentó, en el inicio, que el balón llegase a Costa, uno enviándoselo directo, otro pasando por Lucas, pero si aquel lo cruzó demasiado, éste lo repelió un defensa; seguía ciego mirando a portería. El peligro del Mónaco, salvo un tiro lejano de Tielemans, era el de un lindo gatito. Pero asomó el Tigre y al Atleti, en una jugada, llenó el cielo del Louis II de las nubes en LaLiga. Falcao pedía su sitio a la mesa.

Es depredador, la jugada fue de instinto. Intuyó adónde iría Saúl, que controló con el pecho y sin ojos en la nuca en una zona de la uno no se va nunca sin heridas, tan cerca del área. El Tigre robó y, tras varios rebotes, la pelota terminó en Grandsir. Gol. Y esas nubes.

Durante unos minutos, el Mónaco pareció cortar con tijera la línea que unía en el Atleti su centro del campo y su defensa, ahogado, perdido. Pero antes de que Griezmann volviera a acodarse en el sitio que Falcao le había quitado, sacaría Oblak su mano de todos los partidos, ante Aholou. Ya podía aparecer Griezmann. Lo haría siete minutos después. Le bastó un toque delicioso de ese pincel que tiene por bota para dejar solo a Costa ante Benaglio. Sacó el tridente de Neptuno. Despertó la Bestia. El Atleti orilló en la mesa a un Mónaco que era todo espacios enfrentado a un triángulo. Rodrigo, Koke y Saúl. Los últimos intercambiaron sus puestos para que Koke al medio encontrara el reloj. Y también el guante en la bota para que Giménez sacara cabeza.

Fue de un córner, tras una carrera tuya y mía Grizi-Correa que casi acaba en gol. Y lo fue: el despeje de Benaglia sólo lo retrasaría un minuto. Lo que tardó Koke en enviar ese balón al corazón del área para que volara el corpachón de Giménez sobre todos los demás y enviar el balón a la red. En el silencio del Louis II, que daba frío con verlo, una parte de la grada cubierta de lona y otra vacía, sólo se oyó un rugido: el de los 70 rojiblancos en ella, que se golpeaban el escudo al pecho en el corazón. A Giménez lo siente ahí, representa. Finalizó la primera parte como comenzó. Gol suyo: pero éste subió, el Atleti ya estaba por delante. Había pasado diez minutos malos pero ya elegía solo el menú. Lo único seguro eran las patatas, otra cosa difícil de germinar sobre esa hierba.

La segunda parte tardó en empezar. Corrían los minutos al juego, lejos de áreas y horizontal, le faltaba sustancia, como una conversación de ascensor. Al Mónaco le faltaba sal y el Atleti regresó lento, como si con el 1-2 ya tuviese el estómago lleno. Falcao intentó despertarlo, tratando de convertir los besos y abrazos del túnel con Godín y Juanfran en zarpazos, pero su equipo es más individualidades que juego colectivo; ni cosquillas, mucho menos arañazos o sangre.

Simeone, cuya voz sobrevolaba el Louis II desangelado como el sonido de una grulla, “Lucaaaaas”, “Koooke”. Iba dando pasos atrás para acelerar el reloj, que acabara este encuentro ya. El Mónaco trató de subirse a las barbas, con un arreón final que el Atleti resistió sostenido de nuevo en esa cabeza, la de Giménez. Resistió el Atleti, se espantaron las nubes sobre esa mesa en Mónaco que es sólo aperitivo de la que el Atleti quiere de verdad. La del 1 de junio, él pone la casa, está aún lejos, pero su equipo, y Griezmann, están ya en camino.


Fuente: AS

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