Adquirir un pez dorado siempre parece buena idea al principio. Puede ser que te lo hayas ganado en un carnaval o que te lo haya regalado tu novio o novia. También simplemente puede ser que te sentías solo y que pensaste que un pez dorado sería un amigo perfecto.

Sin embargo, a veces llega un momento en donde te das cuenta que no te puedes encargar de tu nuevo compañero. Entonces, ¿qué haces con el pez? Muchas personas deciden que lo mejor es liberarlo en un lago u otro sitio natural para que sea feliz. Aunque esto te parezca buena idea, liberar tu pez dorado en un sitio natural puede afectar el sistema ecológico y causar dolores de cabeza a los que cuidan el sitio.

¿Cómo puede causar tanto alboroto un pequeño pez dorado? El carassius auratus, su nombre científico, tiene una capacidad increíble para adaptarse a cualquier entorno. Además, los peces dorados son persistentes. Pueden llegar a dominar el lago o destruir el hábitat natural de la zona. En algunos casos, pueden llegar a crecer hasta casi dos kilos como este en Australia.

La llegada de un pez dorado también es una mala noticia para los otros peces nativos de ese lugar, que tendrán que competir por comida.

La liberación de peces dorados ha causado problemas en varios sitios del mundo. En 2015, el ayuntamiento de Alberta en Canadá le pidió a sus ciudadanos que pensaran dos veces antes de adquirir una de estas criaturas. Lanzó una campaña llamada “No lo liberes” que transmitía los peligros de liberar los peces dorados (se considera una especie invasora) en las masas de agua de la ciudad.