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ETA ya no paga a Ternera

Sencillamente han prescindido de él. Ya no cuenta para nada. La actual dirección de ETA, integrada por miembros de EKIN, el comisariado político que mantenían en el interior de España hasta su disolución, ha decidido que José Antonio Urruticoechea Bengoechea, «Josu Ternera», no forma parte de la banda a efectos operativos, como si se hubiera convertido en un «estorbo», según han informado a LA RAZÓN fuentes antiterroristas. Y, claro, le han quitado «el sueldo» que rondaría los 1.500 euros.

Dicha «dirección», en la que el personaje más preminente parece ser Mikel Barrios –un fanático como todos los de Ekin pero que sabe poco de organizaciones terroristas y clandestinidad–, decidió retirar hace algún tiempo a «Ternera» la asignación monetaria y la comunicación que esporádicamente se mantenía con él.

ETA, según las citadas fuentes, destina el dinero del que inexplicablemente dispone (su origen se desconoce, aunque se sospecha, porque dejó de chantajear a los empresarios) para mantener una pequeña infraestructura. Consiste en una red de casas de separatistas vasco franceses, simpatizantes de la banda criminal, que esconden a los terroristas, quienes, a cambio, les ayudan a sufragar los gastos.

Que un personaje tan «emblemático» (para los terroristas), ante cuyo nombre los presos díscolos de la banda se echaban a temblar, se encuentre en esta situación, demuestra hasta qué punto ETA ha caído en manos de ese grupo de fanáticos que, al menos de momento, sigue las directrices «políticas» que se les marcan por un grupo de cabecillas, parte de los cuales se encuentran en España.

El pasado mes de octubre, la Policía francesa, que debe ser conocedora de esta situación, realizó dos registros: en el domicilio donde vive su compañera, ante la sospecha de que pudiera estar escondido allí, y en una casa de los Pirineos.

En el de su compañera sentimental, Agnes Cerlo, en la localidad vasco francesa de Anglet, entraron una decena de agentes de la Policía Judicial. Fotografiaron el interior y los accesos, clonaron el ordenador y consultaron el teléfono móvil de la mujer.

La otra casa registrada está en Durban-sur-Arize, de la que, tal y como publicó en exclusiva LA RAZÓN, «Ternera» logró escapar el 16 de julio de 2013, en una operación que la Comisaría General de Información (CGI) había montado para capturarle tras una laboriosa investigación.

Las fuentes consultadas creen que Urruticoechea está gravemente enfermo de cáncer, por lo que podría estar hospitalizado o seguiría tratamiento en algún lugar seguro. En cualquier caso, donde viva o esté internado, los gastos los tiene que afrontar con sus propios medios, sin ningún tipo de cobertura etarra.

«Josu Ternera» debe contar con las documentaciones falsas que le proporcionó la banda en 2006 y 2007, cuando participó en las negociaciones con el Gobierno socialista, pero están sometidas, por lógica, a fechas de caducidad.

Fue su último «servicio» operativo a ETA y, tras ello, pasó a la más absoluta clandestinidad, aunque ha sido localizado en algunas ocasiones y, al menos, en una recibió una misteriosa llamada que le permitió escapar en el último momento.

Cuando fue descubierto en el año 2013 estaba con su compañera y un niño de corta edad y se hacía pasar por profesor en el citado pueblo francés de Durban-sur-Arize (150 habitantes), muy cerca de la frontera española por el Valle de Arán.

Los vecinos comentaron entonces, al conocer la identidad del que creían un pacífico docente, que, al igual que su mujer, no daban problemas y procuraban pasar desapercibidos.

Paseaban con su niño de pocos meses por la zona, un paraje realmente idílico al pie de los Pirineos y nada hacía pensar que era uno de los terroristas más buscados por las Fuerzas de Seguridad.

Agnes Cerlo había dado a luz al niño, que, si hacemos caso de la declaración que prestó ante la Policía francesa, no era hijo de Urruticoechea. Los agentes, sin embargo, no se terminaron de creer esas manifestaciones.

Los Urruticoechea-Cerlo habían instalado en su casa, dado el tiempo que residían en ella (desde 2007, cuando terminaron las negociaciones con el Gobierno), hasta una línea fija de teléfono, y todo parece indicar que pensaban continuar allí todo el tiempo que pudieran.

Se trataba de un lugar aparentemente seguro (hasta que fue localizado por agentes de la Comisaría General de Información de la Policía española) para un individuo sobre el que pesa una orden internacional de búsqueda y captura por el atentado etarra cometido contra el cuartel de la Guardia Civil de Zaragoza, en el que fueron asesinadas 11 personas, seis de ellas menores de edad.

Huyó con lo puesto y se dejó en la casa, además de la ropa, dos ordenadores y determinados medicamentos para combatir la ansiedad y otros para mantenerse en plena forma en todos los aspectos, incluido el sexual. No parece que en este caso fuera alertado sobre su inminente detención, como parece que ocurrió en 2011, en los Alpes franceses, cuando fue a visitar a su hijo Egoitz. Recibió una llamada, nada más y nada menos que desde Kenia, para que pusiera pies en polvorosa.

Pocos terroristas de los que se mantenían en activo dentro de ETA llevan tantos años de militancia en la banda. Nacido en Miravalles (Vizcaya), el 24 de diciembre de 1950, se incorporó a ETA durante el anterior régimen. Ya en 1971, figuraba como huido a Francia después de haber sido uno de los responsables en el País Vasco. Entre las acciones criminales que se le imputaron, y que fueron perdonadas gracias a la Ley de Amnistía, figuran atracos y robos de explosivos que, según se comentó en su momento, fueron utilizados en el atentado que costó la vida al almirante Carrero Blanco, su conductor y el escolta, acto criminal al que no fue ajeno.

Tras muchas peripecias, llegó a regularizar su situación, hasta el punto de ser elegido miembro del Parlamento Vasco por Euskal Herritarrok (EH). Cuando la Justicia le citó en relación con el atentado del cuartel de Zaragoza, huyó.

Es inevitable que cuando alguien hace un organigrama de la actual ETA tenga la tentación de meter en algún sitio a «Ternera». No es así.

Pasó a la historia de la banda terrorista, lo que no significa que le quede comparecer ante la Justicia por los graves crímenes que se le imputan.



Fuente: La Razón

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