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Familiares de las víctimas de Alsasua reconocen que la pesadilla aún no ha terminado, «aún queda el juicio»

La pesadilla aún no ha terminado. “Aún queda el juicio” asegura Inmaculada, la madre del teniente de la Guardia Civil agredido en Alsasua el pasado 15 de octubre. Este martes, la Fiscalía de la Audiencia Nacional solicitó una pena de prisión de 50 años por lesiones terroristas para los ocho acusados por la agresión a dos guardias civiles fuera de servicio y a sus parejas.

Esta noticia ha sido recibida en el seno de la familia “como algo positivo”. “Es positivo que la fiscalía vea las cosas como las ve”, asegura la madre. Del mismo modo, su hijo -el teniente- también lo ve de la misma manera.

Para Inmaculada el escenario que se vivió en el pueblo esa fatídica noche no entraba ni de cerca dentro de sus temores “No me imaginaba que le fuese a ocurrir personalmente algo a él”. “Claro que no me imaginaba una situación así” “pero que en Alsasua se vive como se vive, si se sabía”, relata a LA RAZÓN. Así mismo, para los que califiquen el acto como una simple “pelea”, los familiares aconsejan que “pueden leerse el auto y la calificación de los delitos”. “Es competencia de los jueces”, asegura. Una de las primeras reacciones al auto del juez fue la de los familiares de los agresores, que valoraron como una “barbaridad” y “desproporción” la petición de la Fiscalía.

Sobre el estado físico y psicológico de su hijo, Inmaculada explica que “se encuentra bien”. “Está prácticamente recuperado”, dice sin ocultar su alegría. “Ha vuelto a trabajar y se encuentra perfectamente”. El pasado mes de junio el teniente fue trasladado a un lugar fuera de Alsasua, fuera de Navarra y también fuera del País Vasco. El teniente estuvo seis meses de baja tras la brutal agresión que le provocó, entre otras heridas, la fractura de un tobillo. El teniente se encuentra a cientos de kilómetros de Alsasua ahora. Una decisión que fue consensuada con su familia y que el Ministerio del Interior, dirigido por Juan Ignacio Zoido, decidió tomar.

Los hechos ocurrieron en la madrugada del 15 de octubre pasado en el bar Koxka de Alsasua, una localidad dominada por la izquierda abertzale. Allí dos guardias- un teniente y un sargento- estaban fuera de servicio tomando una consumición con sus parejas cuando fueron abordados por Oihan Arnanz, según el relato de la fiscalía, el cual le preguntó al teniente si era “madero”. Momentos después, alguien dentro del establecimiento les arrojó un vaso de chupito de plástico. Ahí comenzó la pesadilla.

Más tarde entró en el bar Jokin Unamuno, que se encaró con el sargento. El teniente intentó abordar la situación llamando a la calma. Ahí Unamuno empezó a gritarles para que se fueran del bar “iros de aquí, que os vamos a matar por ser guardia civiles”, les amenazó Arnanz. Después comenzaron a rodearles unas “25 personas” y empezaron las agresiones, incluso “por la espalda”. El mismo relato asegura que mientras trataban de abandonar el bar “fueron agredidos por una gran cantidad de personas” y recibieron “empujones, patadas y puñetazos”. Después, en la calle, agredieron a los dos agentes “con gran violencia y brutalidad”. El teniente recibió “múltiples golpes en el suelo” al grito de “cabrones, teníais que estar muertos, dale más fuerte al puto perro guardia”.



Fuente: La Razón

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