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Fortalezas y debilidades de los aspirantes a suceder a Rajoy

El adiós de Mariano Rajoy a la vida política y a la Presidencia del PP introduce al partido en un terreno sin explorar. Nunca antes sus militantes se habían enfrentado al experimento de elegir a su líder, como tampoco hasta la fecha varios de sus dirigentes habían competido por el favor de los afiliados. Todos ellos, desde ayer, se han puesto a la tarea dentro de un proceso en el que, según el profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Carlos III Pablo Simón, los candidatos se «diferenciarán poco entre sí» para no perder simpatías por el camino y en el que será constante la reivindicación de los valores propios del PP como vía para desencadenar el efecto del “carro ganador”», esto es, que aquellos «que no tienen una preferencia muy intensa por ninguno», se posicionen con aquel que sea capaz de generar una «avalancha» de apoyos. Para Lluís Orriols, doctor por la Universidad de Oxford y profesor de Políticas en la Carlos III, los populares deben afrontar el proceso con un doble objetivo: asumir el pasado y las responsabilidades por los casos de corrupción y que las generaciones jóvenes vuelvan a apoyarles en las urnas. Para el consultor político Ignacio Martín Granados será importante que los aspirantes sepan conjugar los «mensajes internos a los afiliados» con el debate generado entre la opinión pública, un «transitar entre dos aguas» nada fácil por las «mochilas» que arrastran algunos. Lo que a todos, eso sí, les conviene, a juicio de Verónica Fumanal, politóloga y experta en marketing político, es que impere el «far play»: «Son compañeros de partido y las críticas en negativo debilitan a la organización».

Frente a este escenario, la carrera cuenta, por ahora, con siete nombres que aspiran a suceder a Rajoy. Al tratarse de una votación inédita, los politólogos y expertos en comunicación consultados por LA RAZÓN coinciden en señalar que «vamos a ciegas» y que las cábalas y las quinielas no tienen por qué cumplirse. De entre los favoritos, el primero en dar un paso al frente fue el diputado Pablo Casado, un político «llamado a recoger el elemento de ruptura con el pasado, por ser alguien que no ha estado en ningún Gobierno», advierte Orriols, pero que llega a esta cita «tocado» por el tema de su máster. En este sentido, sus posibilidades estarán vinculadas a «una variable de incertidumbre que depende de los ritmos judiciales», asegura Simón, y, a su vez, enfrentadas al espejo de lo que sucedió con Cristina Cifuentes: «Tras la dimisión de la ex presidenta madrileña, el listón se ha elevado» A su favor juega, sin duda, el «factor edad», por ser de la misma generación, insiste Martín Granados, de quienes serían sus rivales en las generales –Albert Rivera, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias– y porque ello apuntala la idea de renovación. También tiene otros puntos fuertes, según Fumanal: conocimiento del partido y de la militancia, orgánicamente se mueve bien y dialécticamente es bueno. En resumen: «Sería el Albert Rivera del PP».

Junto a Casado, en la primera línea de la parrilla de salida figuran las dos candidatas. En el caso de Soraya Sáenz de Santamaría, Orriols pone en valor que las encuestas del CIS siempre la han situado como la ministra mejor valorada. Advierte Martín Granados, sin embargo, que tanto la gestión de la crisis en Cataluña como el hecho de haber sido la única vicepresidenta de la etapa Rajoy «le puede pesar si se quiere vender una imagen de renovación» y como forma de abrir una nueva etapa. «Habrá militantes que consideren que es culpa de Soraya que el partido no haya actuado con más contundencia en Cataluña», argumenta Simón. A ello se une, según Fumanal, que su figura esté «poco asociada al partido». Se trata del caso opuesto a Dolores de Cospedal. Todos los expertos coinciden en destacar cuál es su principal fortaleza –su profundo conocimiento de la militancia y del funcionamiento del partido, además de su experiencia como presidenta autónomica y ministra– así como su flanco débil: «El pasivo más claro para Cospedal es el hecho de que ella ha sido la “fontanera” durante el periodo de la corrupción y eso hace difícil levantar la barrera», destaca Simón. Un aspecto, no obstante, que, como recuerda Fumanal, no es por completo negativo: «Ha dado la cara por el partido en momentos muy complejos y es algo que la gente agradece porque crea orgullo de marca».

Respecto a si el factor de género jugará un papel importante en la decisión de los afiliados, los expertos consultados no creen que vaya a ser fundamental: «Las favoritas tienen ventaja mediática y orgánica, son mujeres y por ello no vamos a poder calibrarlo bien si pasan las dos a la segunda vuelta», asegura Orriols. Sin embargo, hay que tener en cuenta, a juicio de Martín Granados, que «los candidatos de los demás partidos son hombres y ahí sí puede ser un plus». Tampoco ven probable que las desavenencias entre Cospedal y Sáenz de Santamaría puedan beneficiar a un tercero: «No veo razones para que esto tenga que ser así», señala Simón, que pone como ejemplo lo que le sucedió a Patxi López al proponerse como tercera vía frente a Pedro Sánchez y Susana Díaz.

El ex ministro José Manuel García Margallo es, recuerda Orriols, «un viejo del lugar y un outsider». Su gran baza es la autocrítica, especialmente en lo relativo a Cataluña: «Es una persona que habla muy claro. No le duelen prendas en decir que tiene mala relación con otros candidatos y ese componente de verdad y autenticidad se valora», asegura Fumanal. En su contra, la cuestión generacional: «Si hablas de caras nuevas, una persona con más edad que Rajoy no puede ser el líder». Con mucho menor respaldo orgánico, afronta las primarias el diputado José Ramón García Hernández: «Su principal baza es presentarse como el renovador», apunta Orriols. «Viéndolo desde fuera, es de manual de consultoría política que el PP necesita una refundación y elegir a un perfecto desconocido para los votantes. Y García Hernández es un personaje desconocido, pero con experiencia y es diputado, lo que le permitiría plantar cara a Pedro Sánchez. No está envuelto en las batallas internas entre Cospedal y Santamaría, no tiene la daga de Casado sobre su cabeza y tampoco tiene la imagen gris y poco renovadora de Margallo», concluye Martín Granados.

Con estos nombres sobre la mesa, la pregunta es clara: ¿cuál representa mejor al votante del PP? «Se podría pensar que viendo que los que más votan al PP son las personas mayores, está claro que Margallo pero las personas no votan a un candidato sino que se votan a ellas mismas, a la imagen de un líder en el que se proyectan», argumenta Martín Granados. «Los estudios hablan de que el PP es el partido que más diferente tiene su electorado en cuanto a posición socioeconómica y edad, hay gente muy mayor y muy joven. Es un partido que se parece mucho a la sociedad y cada candidato representa algo diferente que puede contactar con las bases. No hay un candidato prototípico. Es cierto que es necesaria la regeneración y precisamente Casado podría ser el anclaje para que mucha gente volviera de Ciudadanos», sostiene Fumanal.



Fuente: La Razón

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