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Frente a prejuicios y perjuicios

Comenzar un nuevo año es un ejercicio responsable de repaso de los acontecimientos más cercanos. En el caso de la Asociación Española de Medicamentos Genéricos, Aeseg, es tener todavía muy presente el día en que España pudo disponer, por primera vez, de una especialidad EFG. Fue hace algo más de 20 años cuando, en virtud de la Ley 13/1996, de 30 de diciembre, sobre medidas fiscales, administrativas y de orden social, inició su camino un sector industrial destinado a procurar activamente la sostenibilidad de nuestro Sistema Nacional de Salud (SNS), en beneficio de todos los ciudadanos.

Pero este acto de memoria también es una ocasión propicia para hacer balance de ciertos prejuicios del pasado y algunos perjuicios todavía presentes y quizás evitables en el futuro. Ante estos meses que están por estrenar, es bueno recordar que la citada ley vino a definir, y llamar con propiedad, a un nuevo tipo de medicamento. Algo que no evitó la necesidad de vencer prejuicios infundados sobre aspectos tan lejanos a la ciudadanía, como la biodisponibilidad o la no exactitud del principio activo del genérico respecto a su marca de referencia. Prejuicios de antaño que no deben hacer bajar la guardia ante otros de nuevo cuño.

Baste para evitar esos nuevos prejuicios el argumento de autoridad que suponen organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), la Comisión Europea y el propio Consejo Europeo, cuando afirman que los medicamentos genéricos son esenciales para sostener los costes de los sistemas sanitarios de las naciones. Con la certeza que dan también las cifras, si se tiene en cuenta que se estima que, en los últimos años, la competencia abierta de las especialidades EFG ha logrado reducir los precios de las marcas de medicamentos en un porcentaje que oscila entre el 15 y el 40%.

En la nómina de los perjuicios, también hay espacio para la reflexión de nuestros gobernantes del ámbito estatal y del autonómico. Perjuicios que no hacen justicia a un sector nacido para velar por el precio contenido de los medicamentos y para crear nuevos espacios para la innovación terapéutica. De forma que, en los últimos cinco años el sector pasó de crecer por encima del 25% a hacerlo apenas por debajo del 5%. En una secuencia histórica en la que el crecimiento fue del 40% en 2012, del 25% en 2013, del 15% en 2014 y de apenas el 7% en 2015. En una tendencia a la baja que se mantiene en nuestros días, por debajo del reducido 5% citado.

No resulta difícil señalar como causas de este perjuicio tan lesivo para un sector productivo esencial, por su aportación al PIB y al empleo del país, el cambiante marco legislativo en materia de prescripción, dispensación y precios de medicamentos, junto a una serie de medidas autonómicas fallidas o no emprendidas para el fomento del uso de los genéricos.

Puede decirse, no sin pesar, que las medidas legislativas bienintencionadas adoptadas en España desde el año 2010, y la legítima disparidad de criterio vigente en los distintos territorios, han contribuido a frenar el crecimiento de las EFG con el consiguiente estancamiento de su función económica y social. Dentro de una situación de atonía que no pudieron corregir las enmiendas sanitarias introducidas en la Ley de Presupuestos Generales del Estado para el año 2016, habiendo sido 2017 también una rareza presupuestaria.

Dicha realidad se explica también por el perjuicio que supuso la pérdida de diferencia entre el precio del genérico y el del medicamento de referencia con patente extinta, durante el saludable plazo de seis meses. Entonces la sensatez dictaba que ese medio año de plazo resultaba esencial hasta la creación del correspondiente conjunto homogéneo, otorgando a cada especialidad EFG tiempo suficiente para penetrar en el mercado.

Razón por la que Aeseg propone establecer un precio significativamente superior para las marcas, cuya diferencia sea atendida por el ciudadano que lo desee. Con el objetivo primordial de que el país supere el 40% de mercado en volumen en genéricos, en decidida convergencia con la media europea (62%) y, a ser posible, con el nivel alcanzado por Estados Unidos (75%), sin duda el país más innovador de todo el planeta.

Por todas las razones expuestas, y más allá de prejuicios y perjuicios, habrá que tener presente 2017 como un año grato a la memoria. Por habernos permitido celebrar nuestras primeras dos décadas al servicio de la sociedad. Y por renovar nuestra ilusión en un nuevo año en el que seguir defendiendo un mayor uso de los genéricos siga siendo defender lo correcto. Siempre en alianza complementaria con la innovación y en plena sintonía con el sentir general de la población.



Fuente: La Razón

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