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Garnett ganó 335 millones y obligó a crear el salario máximo

Kevin Garnett es uno de los grandes de la historia de la NBA, probablemente el mejor ala-pívot que no se llame Tim y se apellide Duncan. Jugó su primer partido el 3 de noviembre de 1995 y el último el 23 de enero de 2016. Ambos con Minnesota, donde se permitió un paréntesis de más de siete años para jugar en Boston y Brooklyn y ganar su único anillo de campeón (2008). Fue 15 veces all star, MVP en 2004, cuatro veces integrante del Mejor Quinteto y nueve del Mejor Defensivo: también fue Defensor del Año en 2008.

Además de su tonelada de méritos deportivos, en realidad gracias a ellos, Garnett es también el jugador que más dinero ha ganado si se atiende solo a contratos con franquicias en toda la historia de la NBA: 335,8 millones en 21 temporadas. A su condición indiscutible de gran estrella sumó un enorme sentido de la oportunidad, de estar en el sitio justo en el momento adecuado… y forrarse gracias a eso. Hasta tal punto que el panorama salarial actual, contratos máximos incluidos, resulta imposible de entender sin él.

Entre 2000 y 2009 fue en ocho temporadas (otras dos los fue Shaquille O’Neal) el jugador mejor pagado de la liga: en la 2003-04 ya se embolsaba 28 millones, más que cualquier jugador al margen de LeBron James (30,9) en la actual campaña y en plena bonanza de los nuevos contratos televisivos: Horford, DeRozan, Harden, Durant, Westbrook y Conley se mueven en 26,5 millones.

Esta es la historia de las ganancias de Kevin Garnett, que es en gran parte la historia de la estructura salarial NBA en los últimos 20 años:

Garnett llega a la NBA como número 5 del draft de 1995. Un año antes, Glen Robinson fue número 1 y tras pedir a los Bucks 100 millones por 13 años firmó un contrato de 68×10 sin haber pisado una cancha NBA. El mayor contrato rookie de la historia ya que la NBA, pasmada, comenzó a aplicar la escala salarial para novatos el siguiente verano. Por eso Garnett apenas firma por 3 años y 5,4 millones (1,6 en su primera temporada).

Pero un patinazo juvenil supuso en realidad un enorme impulso para KG: incapaz de alcanzar en los test de aptitud la nota mínima para entrar becado en una universidad de la Division I optó por saltar directamente al draft con 19 años y desde su instituto de Illinois. A partir de 2005, quedaría prohibido saltar directamente a la NBA desde high school: se necesitaba al menos un año de college. Por el convenio vigente en 1995, los rookies salían a la agencia libre después de tres años y podían negociar ampliaciones tras su segunda temporada. Por eso Garnett durante la temporada 1997-98, sin cumplir 22 años y sin haber jugado un partido de playoffs, firmó un contrato que se aplicaría a partir de la 1998-99 y por el que se garantizaba 126 millones por seis temporadas. Ese es el que le metió en el rango de los citados 28 anuales en la 2003-04 y que le enviaría, por lo temprano de la firma, a otra visita a la agencia libre todavía en sus años de plenitud.

No había habido contrato igual en la historia de la NBA hasta entonces: Juwan Howard y Alonzo Mourning habían firmado 105 por 7 años en Washington y Miami. Y los propietarios NBA temblaban de puro pánico. El acuerdo de Garnett con los Wolves fue el detonante que condujo definitivamente hacia el lockout 1998-99, una sangría (en economía e imagen) para una NBA en la que no hubo All Star Weekend y cada franquicia dejó de jugar 32 partidos. De allí salió un nuevo convenio que estructuraba el luxury tax y establecía limitaciones para la cantidad de los ingresos totales de la liga que se llevaban los jugadores y también para los propios salarios individuales de estos: había nacido el tope para los salarios máximos, del que quedaban exentos los contratos ya rubricados, como el de Garnett.

Lustros después y en la actual deriva del mercado, es probable que muchos propietarios renieguen de ese tope artificial que, en la práctica, premia más a jugadores del segundo e incluso tercer escalón que a las legítimas megaestrellas. El hecho es que Garnett, el impulsor de los cambios, firmó todavía con 27 años, en plenitud y en su momento MVP (octubre de 2003), un nuevo acuerdo con los Wolves: 100 millones por cinco años. Ya dentro de las nuevas normas pero sacando tajada de haber firmado el primero tan joven. Por entonces la NBA ya era otra: los rookies tenían que haber pasado por la universidad y el salary cap establecía nuevas normas para los contratos más altos de cada franquicia.

En 2007 Garnett, el jugador que más tiempo llevaba en la misma franquicia en aquel momento, fue traspasado a los Celtics en una operación de récord en cuanto al número de jugadores que cambiaron de bando como pago por uno solo. El día en el que se hizo oficial la operación (31 de julio), Garnett (al que le quedaban dos años de su anterior acuerdo con los Wolves) firmó una extensión por tres años más con los Celtics a cambio de 51 millones. Perdonó un buen pico a su nuevo equipo para que cuadraran las cuentas de una plantilla campeona, ya que podía haber firmado 3×90, pero también se llevó un bonus de casi 9 millones al anular con su ampliación la posibilidad de salir al mercado solo un año después del trapaso que le ofrecía el acuerdo de 2003.

Recién llegado a Boston y con 31 años, Garnett se disponía a luchar por su primer título y ya se había embolsado más de 186 millones solo en contratos. Para el final de la temporada 2011-12, cuando terminaba su acuerdo con los Celtics, estaba en casi 279. Su equipo, convencido de que su ya envejecido núcleo seguía teniendo fuelle para pelear por otro título, le dio otra extensión por tres años, esta vez a cambio de unos 35 millones. Cuando fue traspasado a Brooklyn en julio de 2013 su cuenta ya superaba los 315 millones, y tenía contrato por una temporada y 12,4 kilos.

En febrero de 2015, Garnett retiró su no trade clause (la cláusula que le permitía vetar cualquier traspaso) para regresar a los Timberwolves, donde en julio recibió su último contrato: 16 millones por dos años. Ya con 38 años, en obvia retirada deportiva pero aprovechando el vínculo emocional que le unía a su primera franquicia y al fallecido Flip Saunders, que veía en él a un mentor ideal para el talento joven de los Wolves y a un personaje clave para el futuro del equipo en los despachos. No fue así: Saunders falleció el 25 de octubre de 2015 y Garnett, secado por una lesión de rodilla, anunció su retirada definitiva el 21 de septiembre de 2016. 21 años en la NBA, una carrera de leyenda, entre los tres mejores ala-pívots de siempre… y más de 335 millones solo en contratos. Más que nadie. Gracias a su talento y a un don de la oportunidad que acabó transformando las relaciones laborales en la NBA. Hasta hoy.

 



Fuente: AS

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