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Giménez: “Con Messi, pausa, hay que esperar a lo inesperado”

-Arde la Liga y es gracias a ustedes.

-Parecía muy difícil, pero ellos han perdido puntos y los hemos recortado.

-¿Sienten que están en la pelea?

-Sentimos que estamos bien, seguir la línea del paso a paso. Veremos.

-Ganar sería tremendo ya.

-Acortaríamos más a la espera de cualquier tropiezo suyo.

-Muchos estarán pendientes del duelo de Giménez y Godín con Suárez. ¿Es tan ogro él como parece?

-Lo mirarán mucho en casa. Somos uruguayos, todo el mundo entiende nuestro fútbol y saben lo que pueden esperar de un duelo de dos centrales uruguayos contra un delantero que también lo es… Luis es el jugador que nunca te quieres encontrar dentro de la cancha. Fuera es una persona muy humana, humilde, sencilla. Siempre hace grupo. No es como se le ve dentro, ese querer siempre pelear. Es su personalidad.

-Él no ha hace prisioneros, pero usted tampoco. Es muy difícil ver a un jugador uruguayo de pecho frío…

-No los hay. Somos de sangre caliente. Lo primero que entra por los ojos de un jugador uruguayo es la entrega. Desde chicos nos educan en eso, la lucha del día a día. Ya se ve en los picaditos de barrio. Muchos de esos partidillos, acaban mal… Con eso se lo digo todo.

-Habla de carácter, pero a los uruguayos el oficio casi también les viene de fábrica. ¿Se acuerda aquel partido que entra y lo primero que hace es preguntarle a Godín el nombre del árbitro?

-(Risas). Sí fue en Coruña. ¡Pero era para dirigirme con respeto! No decirle, ‘señor juez’. Al fin y al cabo todos somos personas.

-¿Con Messi hay que templarse o ser más agresivo?

-Hay algunos jugadores que con él prefieren esperar y otros ir al todo o nada. Yo considero que con Messi hay que tener una pausa más, porque tiene el regate del último momento con el que saca de encima a todos. Creo que para enfrentarlo necesitas esa pausa porque sabes que te puede regatear en cualquier momento. Todos sabemos quién es el mejor jugador del mundo… Por más que lo estudies o juegues 35 veces contra él, sabes lo que va a hacer y lo hace igual. Eso lo hace no solamente diferente, lo hace el mejor. Él es la carta del Barcelona. Es la clase A. Con él sabes que tienes que esperar lo inesperado.

-¿Qué siente un central cuando ve a Griezmann despejar una falta lateral o perseguir a un rival?

-Orgullo. Eso demuestra el compromiso de todo el grupo. A Griezman se le aplaudiría igual si se queda arriba caminando esperando la pelota para decidir. Pero va y corre. Le ha tocado sacar de chilena en nuestra área. Eso demuestra lo que es este grupo y lo que es él. Queremos ganar.

-Pero se ha echado de menos al Griezmann de ahora.

-Se cuestionaba mucho fuera su mentalidad al principio de temporada desde fuera, pero nosotros en el vestuario le conocemos. Sabemos lo que pensaba. Se hizo un eco de lo que podía llegar a pensar, pero en realidad no lo pensaba. Él no estaba feliz porque no hacía goles, pero estaba comprometido. La gente no lo veía entrenar. Se quedaban con que no había hecho un gol. El otro día pasó con Costa. No hizo gol contra el Leganés, pero hizo un partidazo.

-Suárez, Messi, Dembele, Coutinho… Muchas estrellas, pero miras atrás y los vertebra Busquets.

-Sí. Es lo que decía, todo el Barcelona es Clase A. Desde el portero. Es impresionante ver cómo juega con los pies, no creo que nadie lo haga así. Busquets es su cerebro.

-Habla de Ter Stegen, pero tener a Oblak detrás no está nada mal.

-Para mí, sinceramente, es el mejor del mundo. Eso transmite una tranquilidad. Mire, el otro día contra el Leganés le dije a él que hubo una pelota que vi salir y dije ya es gol. No me di la vuelta por eso. ¡Y él va y la saca! No sé cómo. Ese me dice que estoy a un portero de otro nivel. Es una tranquilidad extra.

-¿El no reconocer ese trabajo del que hablaba ha sucedido con Koke?

-Sí. Mire con Koke decían hace poco que no estaba a su nivel y lo que pasaba era que no le encontrábamos. El equipo no lo encontraba. Yo, como central, lo veía. No lo encontraba. No era que él no lo hacía bien. Trabajaba tácticamente para el equipo. Para mí lo que ha cambiado es que ahora le estamos encontrando rápido, por eso hemos mejorado un montón. Eso hace que Koke pueda jugar también con más libertad.

-¿Este es el mejor Giménez, como el de 2016?

– Jugar lo deja a uno con más confianza. Con ritmo de fútbol. El equipo me lo transmite. Creo que crecí un montón. Si me dan la oportunidad, la voy a aprovechar.

-Cuando a un chico de 23 años le dice el míster que lo importante no es la cantidad de minutos sino la calidad de ellos, ¿se lo cree?

-Como central, a veces te toca entrar para defender un resultado. Ahí sí, necesitamos la calidad de los minutos. Hay que entrar fuerte para mantener algo. Como pasó cuando entré por Griezmann de pivote, que todo el mundo se lo cuestionaba. El equipo lo necesita. Alivia al equipo. Todos metidos en la misma causa. Un minuto, dos, cinco, y entran para meterlo todo. Eso a uno le llena de orgullo.

-¿Le dolió quedarse fuera en la final de Milán?

-Muchísimo. Le dije a mi mujer que el fútbol es hermoso, pero cuando pega, pega fuerte. Después estuve llorando varios días. Lloraba porque yo la esperaba. Pero no podía esperar otra cosa que estar ahí para ayudar al equipo. Terminó el partido, perdemos y me voy. Llego a casa y hablé con mi señora. Estábamos muy dolidos. Ella me dijo que en el horizonte algo bueno me está esperando por ello. En algún momento volveré a tener esa oportunidad.

-Los que le conocen dicen que es seguro que hubiera sido voluntario para tirar un penalti.

-Sí. No tengo miedo a fallar. Me hubiese gustado tener un penalti.

-Con 23 años va a jugar su segundo Mundial. ¿Es consciente de eso y que el récord de Uruguay es de cuatro citas de Pedro Rocha?

-Soy consciente, de las dos cosas. Soy consciente ahora. Cuando jugué el primero no lo era. Pasaron los partidos y no me daba cuenta. Era un novato de 19 años. Normal. Ahora sé lo que significa. Siento unas ansias tremendas porque llegue.

-Jugó por Lugano que ahora se ha retirado. Heredero de esa estirpe. Montero, Godín… ¿Por qué es una marca registrada el marcador central de Uruguay?

-Ojalá yo sea su heredero. Uruguay tiene una cultura de sacrificio desde niño. Estoy seguro que desde que naces, te lo inculcan. Te hace valorar mucho más las cosas. La mayoría de jugadores están acostumbrados a venir del interior a la capital, a vivir solos, sin la familia… Todo eso que pasas de novato se ve reflejado en el campo. Esa es la cultura uruguaya y no se va perder.

-¿Lo refleja esa acción suya evitando un gol de Hinestroza tirándose de cabeza?

– Me salió. (Habla contemplando la fotografía). Eso no me refleja a mí, refleja lo que es el uruguayo. Lo repetí contra la Real y con el Chelsea. Veía que nos iban a hacer gol y me salió de dentro. Gracias a Dios, salió bien. Son las ganas de competir nuestras.

-De niño era hiperactivo. Su profesora de escuela le tenía que poner un cuaderno de deberes extra para que dejara tranquilo al resto. ¿Qué pasaba?

-Era un trasto que siempre quería estar jugando a la pelota. No podía quedarme quieto. Me tenía que poner uno con las tareas y otro para que cuando las hubiera acabado dejara tranquilo al resto. Pero lo curioso es ahora con mis hijos. Mi señora me lo dice, que los revoluciono. Con el mayor empiezo a jugar y nos ponemos ansiosos, muy brutos y mi mujer me dice que lo tengo que controlar. No puedo ser tan ansioso.

-Con 23 años, una carrera en Europa, dos hijos… ¿Alguna vez no le ha dado vértigo de ver a la velocidad con la que está viviendo?

-Mi familia es lo más hermoso que tengo. Y después, si fui rápido en el fútbol, es lo que tiene. Estas sorpresas. El consejo que le puedo dejar al chico que esté creciendo en el fútbol es que esté preparado. Uno nunca sabe cuándo llega la oportunidad. Tengo a mi familia, además, que no me arrepiento de lo que formé. Me siento, veo el fútbol con mi hijo. Si alguien me dice que voy deprisa, yo le digo que voy bien.

-Viene de familia humilde, de niño tenía que hacer 40 kilómetros para ir a entrenar. ¿Cuando pasó a profesional quién le puso los pies en el suelo?

-Mi papá. (Se emociona). Es mi ídolo. Sin decirme nada, me lo decía todo. Eso siempre me va a quedar. Si no fuera por él no estaría aquí. Él salía a las 5 de la mañana de casa para trabajar en una motito y volvía a las 6 de la tarde para llevarme. Me llamaba llorando desde el trabajo para decirme que fuera a entrenarme. Yo quería dejarlo con 16 años.

-¿Por qué?

-Llegó un día y agarré a Daniel Martínez, mi técnico en las inferiores de Danubio. Le dije: ‘Lo dejo’. Tenía que tomar dos autobuses de ida y dos de vuelta, una hora de día y casi dos de regreso. Éramos una familia muy humilde. Me desgastaba. Me podía ir a un equipo más cerca. Me acuerdo de aquel día. Me sujetó por los hombros, se sacó el cigarro, y me dijo: ‘Pero tú qué tienes en la cabeza’. Media hora de charla para hacerme entender que lo mío era el fútbol.

-Y dio el salto. Un chico joven, que llega a Europa. Alrededor del jugador siempre revolotea mucha gente. ¿Se intentan aprovechar?

-Siempre. Para muchos el jugador es un billete con piernas. Se te arriman más personas malas que buenas. Hay que ver la realidad. Te ven como una mina de oro. Tú te tienes que dar vuelta y preguntarte quién viene a verte de verdad y quién para sacarte. Afortunadamente tengo a mi familia, mis amigos son los mismos de siempre…

-Está teniendo minutos ahora. ¿Cuál va a ser su futuro? ¿Seguirá en el Atlético?

-El fútbol es muy cambiante. Estoy contento, jugando. Pero un futbolista de 23 años que no juega… Sin decir que tengo que jugar. Pero digo que si no juego, tendré que buscar oportunidades en otro lugar. Pero ahora tengo contrato, estoy feliz, ya pensaremos con mi familia.



Fuente: AS

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