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Guía práctica para ligar en una fiesta de Nochevieja

Muchos coincidirán conmigo en que una de las cosas que más echaré de menos de este mundo cuando me vaya será la fiesta, porque engloba otras muchas fascinantes: la música, el baile, la diversión, la amistad, la risa, el vino, la comida y, si hay suerte, el sexo. Una posible historia alternativa de la creación del mundo sería aquella que diría que Dios lo acabó todo en siete días y luego, al ver que la cosa le había quedado un poco cruda, inventó las fiestas como válvula de escape, como medio para resetear al hombre y que pudiera tener una vida más larga antes de que se le fundieran, definitivamente, los circuitos.

Se nos ha inculcado la idea de que nos realizamos mediante el trabajo, el esfuerzo, la perseverancia en el logro de nuestras metas; pero yo sospecho que cuando el ser humano se acerca más a su esencia es cuando está en el recreo, hace cosas improductivas, absurdas y no cuantificables económicamente; cuando se preocupa de satisfacer a sus sentidos y no a su sucursal bancaria. Aprendemos y crecemos jugando, vivimos más y mejor riendo y morimos más tranquilos y satisfechos si hemos asistido a un buen número de fiestas, trasnochado y hasta pasado noches en blanco. Y seguramente, uno de los problemas de la humanidad es que sobra trabajo y falta diversión, aunque esto pueda ser una situación muy lucrativa para la industria farmacéutica.

Más diversión y menos Prozac podría ser una de las new year’s resolutions de la humanidad para el 2017; ya que las fiestas, según Jorge García Marín, sociólogo y profesor de la Universidad de Santiago de Compostela, “cumplen una función social, ya que amplían las relaciones, integran a los individuos, grupos o colectivos y afianzan los vínculos sociales. Tienen también un significado identificador, es decir, sirven para que el grupo social se reconozca a sí mismo y se distinga de otros. La fiesta es la expresión del nosotros frente a ellos. Las celebraciones tienen también un papel liberador a escala social. Rompen con la monotonía y la rutina al ser acontecimientos extraordinarios y, a veces, pueden ser manifestaciones de un cambio de papeles sociales. Durante unos días las reglas cambian, se incumplen determinadas normas sociales sin consecuencias y se da más libertad a los instintos. Un ejemplo podrían ser los carnavales, donde la máscara permite adoptar una personalidad diferente; mientras que en las chirigotas de Cádiz se puede poner verde al alcalde sin que éste se ofenda demasiado o tome represalias. La fiesta es un tiempo muerto donde no corre el contador y donde uno puede salirse del guión por unas horas”. En la película The Party (El guateque, 1968), el figurante indio que interpreta Peter Sellers acaba ganando en protagonismo a las estrellas y los magnates de Hollywood. Todo por obra y gracia de la irracional dinámica festiva.

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Si, socialmente, las fiestas son como el patio de recreo del colegio, a nivel sexual éstas actúan como un afrodisíaco colectivo. Especialmente algunas fechas señaladas, como la de nochevieja que se avecina con su ropa interior roja y las expectativas de que alguien pueda admirar e, incluso, romper nuestra lencería. Según Francisca Molero, sexóloga, ginecóloga, directora del Institut Clinic de Sexología de Barcelona, del Instituto Iberoamericano de Sexología y presidenta de la Federación Española de Sociedades de Sexología, “entorno al último día del año se generan muchas perspectivas de pasárselo bien. Hay mucha motivación y pro actividad para conseguirlo y eso incluye también la idea de poder tener relaciones sexuales. Si se tiene pareja, se espera que esa noche sea algo especial y, si no se tiene, muchos esperan conocer a alguien y amanecer acompañado. Socialmente, hay también ese afán por apurar la fiesta al máximo, por disfrutar y por permitir un mayor grado de desmadre y transgresión, lo que se traduce en que la gente está más receptiva, más dispuesta a hacer cosas que no hace el resto del año. Esta fecha es también un atenuante para ciertas conductas inexcusables en otros días. Recuerdo una pareja que estaba en terapia. La nochevieja él la encontró a ella en un coche besándose con otro, pero no le dio demasiada importancia y olvidó enseguida el episodio porque era fin de año, había bebido y todo eso”.

En el imaginario colectivo está la idea de que lo que hagamos la primera noche del año marcará la tónica de los 12 meses restantes – a Dios gracias, esta regla casi nunca se cumple-; junto con la costumbre de besarse cuando llegan las doce y empieza, literalmente, el nuevo año. Aunque en España, en ese momento, estamos llenando nuestra boca de uvas a una considerable velocidad. Eso en el mejor de los casos, porque los hay que están atragantándose, tosiendo, escupiendo o vomitando.

Una vez fuera de casa, tras haber cenado con la familia y cumplido con el ritual de las campanadas, la gente se pone sus mejores galas y se abre la veda del ligoteo. Pero, aunque esta celebración tienen sus propias reglas o, mejor dicho, carece de ellas; no estaría de más observar ciertos puntos para evitar llegar a casa con la ropa interior intacta.

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La ocasión permite ir más deprisa

Generalmente, los rituales de acercamiento tienen sus estrategias y sus tiempos; lo mismo que los preliminares, una vez metidos ya en harina. Lo bueno de esta fecha es que el ambiente, la cena, el vino o el champan que se ha bebido con la familia o los amigos han hecho ya parte de este trabajo. Hay ya mucho camino recorrido, lo que no se traduce en acercarse al primero/a que sea de nuestro agrado y preguntarle ¿en tu casa o en la mía? El espíritu más bien roza tímidamente al de James Bond; con un poco más de seguridad en nosotros/as mismos gracias a la inestimable ayuda del calendario, la puesta en escena, el estudiado estilismo y las bebidas espirituosas.

Alcohol y comida. La justa dosis

El alcohol es un facilitador del acercamiento y las relaciones sexuales, pero como señala Molero, “lo difícil para muchos es saber donde pararse. Pasarse de la raya no solo ahuyenta a los demás, ya que a casi nadie le resulta atractivo una persona bebida, sino que empeora notablemente el desempeño sexual, especialmente en hombres, ya que puede causar problemas de erección. Las copas de más disminuyen también la parte motora y sensitiva, sin contar con que besar a alguien borracho no resulta nada agradable. El exceso de comida, especialmente en la cena, produce digestiones pesadas que restan dinamismo, producen molestias intestinales, gases y somnolencia. Un panorama nada propicio para el sexo”. Irse a la cama con un barril de vino o con una pitón digiriendo un pavo no es la mejor forma de comenzar el 2017.

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Sin prisas pero sin pausas

Uno de los problemas acuciantes de la humanidad es que la gente demora mucho el momento de irse a la cama con alguien y cuando lo hacen, están ya tan cansados que el trabajo queda a medio hacer, se hace rápido y mal para acabar pronto o, incluso, puede que alguien se quede dormido en plena faena. Hay que pensar en el proceso como en una carrera de fondo, en la que es imprescindible dosificar muy bien las energías para llegar a la meta. Está muy bien invertir el tiempo necesario en conocerse y seducirse, pero llega un momento en que hay que elegir entre el baile, el chocolate con churros de primero de año o un buen polvo; porque es muy probable que todas esas cosas no sean compatibles. No está prohibido llegar a casa antes de las 08:00 de la mañana porque, entre otras cosas, no hay nada más anti lujuria que tardar horas en encontrar un taxi o caminar media ciudad muerta de los pies, con el frío y alguien al lado que, a la luz del día, empieza a perder su atractivo. Aunque también cabe la posibilidad de hacer un paréntesis en medio de la fiesta, si hay algún lugar adecuado para ello.

Banco de pruebas

A poco que uno tenga algo de afán por aprender, se habrá dado ya cuenta de que esta fecha es perfecta como laboratorio para probar nuevas tácticas de acercamiento y seducción porque es un momento en que habrá más posibilidades de éxito y los fracasos no nos afectarán tanto. Inmunizados contra el desaliento hay que atreverse a abordar a la gente con creativos métodos y las mujeres pueden practicar el arte de ser ellas las que den el primer paso con la, casi, seguridad de que él hombre no va a salir corriendo. De hecho, como cuenta Marta Rivera de la Cruz en el libro Fiestas que hicieron historia (Temas de Hoy), en los lujuriosos parties que organizaba la Metro-Goldwyn-Mayer en Navidad, ellas eran las que tomaban las riendas, hasta el punto de que Clark Gable no acudía por miedo a que las mujeres acabasen haciéndole trizas.

La excusa de felicitar el año, es un pretexto para hablar con extraños, entrar en grupos e iniciar conversaciones. ¡No fear! es la consigna, aunque no hay que olvidar los preservativos y, ya puestos, probar la nueva generación de condones, Hex de Lelo, que son mucho más difíciles de romper, pero son muy sensibles al mismo tiempo; y desconfiar de esos que se acercan y dicen: “Vamos a mi casa, allí hay una gran fiesta”. ¿Qué haces tu aquí, entonces?

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Fuente: SModa

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