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Heinz, el kétchup que dio fama a un imperio

Aunque hoy no sea popular decirlo, sobre todo para su actual presidente, EE UU es una nación hecha, desde su nacimiento, por inmigrantes. Y algunas de las grandes invenciones que han salido de ese país, y que han acabado convirtiéndose en costumbres en el resto del mundo, fueron idea de inmigrantes o de sus descendientes. Ya fuesen italianos, alemanes, mexicanos, británicos o de cualquier rincón del mundo, el país de la bandera de las barras y estrellas no puede renegar de una cultura y una historia marcada por la inmigración. Una de esas familias de inmigrantes vino de Kallstadt, una pequeña localidad de Baviera, en Alemania.

Johann Heinrich Heinz y Anna Margaretha Schmidt llegaron a Pittsburgh, en el estado de Pensilvania, en la década de 1840. En 1844 nació su primer hijo, Henry John Heinz. Desde su juventud, se despertó en él un profundo interés por el mundo de los vegetales. En el jardín de su casa cultivaba sus propias cosechas, cuyos productos vendía a sus vecinos. Uno de sus primeros empleos fue el empaquetado y el reparto en carruaje de alimentos. Poco tiempo después, en 1869, con apenas 23 años, fundó su propio negocio de la mano de un amigo, L. Clarence Noble, que llamaron Heinz Noble & Company. Entonces se dedicaban a vender conservas de rábano picante en polvo, un vegetal utilizado frecuentemente en Alemania. Más tarde se unió un tercer socio, E. J. Noble, y la compañía introdujo nuevos productos, sobre todo conservas en vinagre. Como recipientes, Heinz optó desde el principio por utilizar botellas de cristal transparentes, para que los clientes pudiesen ver con total claridad la calidad de los productos que vendía. Pese a los esfuerzos, esta primera aventura empresarial de Heinz no prosperó y la empresa se declaró en quiebra en 1875.

Apenas un año después ya había fundado, con la ayuda de su hermano John y su primo Frederick, la compañía F & J Heinz. Conocedor de todo lo que se movía alrededor del mundo de los vegetales, Henry John Heinz ya sabía de la existencia de versiones comerciales del kétchup, esa salsa de tomate condimentada y con un toque dulce que, entonces, empezaba a llegar a las casas estadounidenses. Pero Henry John consideraba que aquellas marcas introducían demasiados conservantes al producto y se propuso crear una receta libre de cualquier elemento químico, convencido de que los consumidores querían una salsa que tuviese un sabor a tomate de verdad.

Para su producto elaboró una receta con tomates rojos maduros, con mayor presencia de conservantes naturales, e incrementó la cantidad de vinagre para asegurar todavía más su conservación. A ello ayudaba el envase de cristal transparente, con el que los clientes podían ver la pureza del color rojo de su kétchup. Una salsa densa que provocó un modo de uso que es su bandera: a golpes con la mano hasta que salga la cantidad deseada.

Aquella idea fue el inicio de un imperio empresarial en el sector de la alimentación. La empresa empezó a crecer. El kétchup llegó a Reino Unido en 1886 y en 1888, Heinz compró sus participaciones a su primo y a su hermano. La compañía pasó a llamarse H. J. Heinz y, aunque también comenzó a elaborar decenas de productos alimenticios nuevos, sobre todo salsas, la salsa de tomate era su estrella. Fue en 1896 cuando introdujo su eslogan, que mantiene en la etiqueta superior de sus recipientes: 57 varieties (57 variedades, en castellano). Una frase que, en realidad, no tenía significado: los productos de Heinz eran más de 57. El fundador eligió ese número porque le sonaba redondo.

Heinz, que falleció en 1919, siempre tuvo el afán de incorporar las últimas técnicas sanitarias que asegurasen la calidad de sus productos. Su hijo Henry tomó el testigo y en los años de la gran depresión introdujo las sopas y la comida infantil. Heinz nunca ha dejado de crecer, superando una gama de 5.000 productos y protagonizando la mayor operación empresarial de su sector: Berkshire, presidida por Warren Buffett, y 3G Capital la compraron en 2013 por 23.000 millones de dólares. En 2015 se fusionó con Kraft y el mes pasado la compañía resultante ofreció 134.000 millones de euros por Unilever. Mucho ha cambiado desde 1876, pero no todo: la botella de cristal del kétchup Heinz sigue en las estanterías de los supermercados.

Fuente: Cinco días

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