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Hijos a los 50: la era de las madres-abuelas y los bebés-milagro

Los contestadores automáticos de los teléfonos de las clínicas de fertilidad en España ofrecen distintas opciones de idioma. “Pulse 1 para español, 2 para inglés, 3 para alemán”. Las razones de esta potencial clientela internacional son dos: España permite la donación anónima de óvulos y no pone límite de edad legal a los tratamientos de fertilidad en mujeres, aunque la Comisión Nacional de Reproducción Humana Asistida recomienda que no se hagan a mayores de 50 años. El territorio español es algo así como “el dorado” para todas aquellas mujeres que, pasados los 40, necesiten ayuda para alcanzar el sueño de ser madres.

La Sociedad Española de Fertilidad ha contabilizado en su último estudio, de 2016, un total de 307 centros de reproducción asistida en nuestro país, tanto públicos como privados. España está a la cabeza de Europa en cuanto a número de tratamientos de fertilidad y ocupa el tercer puesto mundial, por detrás de EE UU y Japón. El negocio de la promesa de maternidad, de la realización de anhelos largamente perseguidos parece rentable en un mundo en el que las mujeres retrasan cada vez más la decisión de tener hijos por motivos laborales, personales o económicos. En un mundo en el que capitalismo nos ha enseñado que con dinero uno puede conseguir casi todo, hasta ser madre cuando, por edad, se está más cerca de ser abuela.

El pasado año, Brigitte Nielsen engrosaba la lista de mujeres que han sabido compaginar la maternidad y la menopausia, al dar a luz a los 54 años. Club en el que también están Janet Jackson, que fue mamá a los 50,Rachel Weisz (48) Halle Berry (47), Kelly Preston (48), Susan Sarandon (47) Geena Davis (48); Ana Rosa Quintana, con mellizos, (48) o Anne Igartiburu (47).

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♡ 4 months ♡ can’t think of any happier time in my life #proudmom #happyness

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La Seguridad Social en España cubre de manera gratuita algunos tratamientos de reproducción asistida, pero marca ciertas pautas y requisitos para acceder a ellos. Uno decisivo es que la edad máxima no debe superar los 40 años en la mujer y los 50 en el hombre. Paradójicamente, en nuestro país una mujer puede someterse a tratamientos de fertilidad sin límite de edad legal, pero para adoptar un hijo los años pueden ser decisivos; ya que, como apunta Javier Álvarez Osorio, de la Asociación Regional de Familias Adoptantes de Castilla y León, “la ley del 2015, que se aplica a todo el territorio español, marca una diferencia mínima y máxima de edad entre los padres y el menor adoptado. La mínima debe ser de, al menos, 16 años y la máxima no puede superar los 45”. Muchas mujeres, tras encontrarse con el muro infranqueable de la regulación en materia de adopciones, deciden, como único recurso, visitar una clínica de fertilidad.

Es el caso de Rosa, de 52 años, que vive en Barcelona y que tuvo sus dos hijos por obra y gracia de la reproducción asistida. Uno a los 47 y otro a los 50. “En mi vida he tenido dos parejas, pero con mi primer marido nunca tuve deseos de tener niños. Éstos vinieron con el segundo, pero yo tenía ya 40 años. Así que empezamos a intentarlo sin resultados. Consideramos también la opción de adoptar, pero ante las muchas trabas desistimos. Así que nuestra única opción eran las clínicas de fertilidad”.

Embarazos de alto riesgo

La ovodonación y la adopción de embriones son las dos técnicas utilizadas para embarazar a mujeres en edad avanzada. La primera consiste en fecundar óvulos de donantes jóvenes con espermatozoides, y luego trasladar el embrión al útero de la receptora. En la segunda se emplean ya embriones procedentes de otras pacientes, que los han congelado en su etapa fértil o que se han sometido a tratamientos de fertilidad. En cuanto al semen, según apunta Alexandra Izquierdo, ginecóloga, especialista en fertilidad y directora médico de la clínica de fertilidad ProcreaTec (Madrid), “existe la posibilidad de usar el de la pareja o el de un donante más joven. Se ha demostrado que hay una cierta relación entre la edad avanzada del padre y ciertas alteraciones en la descendencia a nivel psiquiátrico, como autismo o esquizofrenia. Pero eso es como todo. Nosotros informamos y la última palabra la tiene el cliente”.

La naturaleza sigue su curso y, aunque la ciencia trate de paliar los efectos del paso del tiempo y dibuje un futuro de madres mayores y ‘bebés milagro’, los riesgos de un embarazo aumentan considerablemente a partir de los 45 años. Como apunta María Goya, obstetra y especialista en riesgo obstétrico del Hospital Quirónsalud de Barcelona, que dispone también de un área de reproducción asistida, “cualquier mujer que quiera ser madre a partir de esa edad debe hacerse unos chequeos exhaustivos y estar muy bien informada de todo lo que le puede ocurrir. Algo que no es muy frecuente. A mi consulta llegan mujeres embarazadas gracias a la fecundación artificial, a las que nadie advirtió de los efectos secundarios o los trastornos que podían surgir. Un aspecto muy relacionado con la ética y la profesionalidad de los médicos implicados”, señala esta especialista.

Goya no está a favor de prohibir o de poner límites de edad, como ocurre en otros países, pero sí de informar detalladamente. “Antes de valorar la posibilidad de embarazo en mujeres próximas a la menopausia hay que hacer controles del médico internista, ginecológico y endocrino, que valoren los posibles riesgos. Es verdad que hay mujeres de 47 que están en mejor estado de salud que otras de 35. Pero, por regla general, los tejidos ya no son los mismos. De hecho, en este tipo de tratamientos, hay que estimular el útero con hormonas. El riesgo de hipertensión es muy alto, al igual que el de diabetes gestacional. La posibilidad de un parto prematuro o de muerte fetal se multiplica por tres, lo mismo que el riesgo de laceración vaginal o hemorragia post parto. La placenta, a esas edades, es también menos competente y esto puede provocar parto prematuro o retraso en el crecimiento del bebé. Y, por supuesto, los controles durante el embarazo deben ser muy exhaustivos”.

Psicología de la madre mayor

La salud física no debería ser el único aspecto a tener en cuenta. “La mental es también vital, aunque hay que distinguir entre trastornos psicológicos o psiquiátricos (como la bipolaridad o la esquizofrenia) y la preocupación u obsesión por tener un hijo. Un cierto componente de ansiedad existe siempre en estas madres, especialmente en las más mayores”, señala Alexandra Izquierdo, “pero cuando vemos que esto ya no es normal pedimos un examen psiquiátrico”.

Si dar a luz a un hijo a la edad en la que una debería tener la menopausia es un ‘tsunami’ para el organismo, no lo es menos para la mente; aunque todo depende de qué camino se lleve recorrido. Meritxell Alcaraz, psicóloga del Institut Alba de Barcelona, con un departamento especializado en psicología perinatal, cree que “hay muchos perfiles entre las madres tardías. Las que han estado trabajando, sin tiempo, y quieren coger el último tren, las que no han tenido hasta ahora estabilidad económica o afectiva, las que han perdido a un hijo, las que llevan intentándolo media vida… Los procesos de fertilidad son muy complejos, incluso en mujeres jóvenes, porque hay sentimientos de culpa, de falta de identidad femenina y las hormonas que se suministran durante estos tratamientos contribuyen, aún más, a la inestabilidad en el estado de ánimo. En este carrusel de emociones está también la pareja que, aunque la acompaña, no tiene tanto instinto paternal como ella y la que, llegado un momento, puede cansarse. Ha habido muchas rupturas por este tema. Y, por otro lado, está la sociedad, que todavía no tiene una opinión clara de una mujer de 51 años con barriga de embarazada. Algunos la aprueban, otros la censuran y otros la ridiculizan”.

Rosa recuerda su último embarazo, a los 50, como una montaña rusa emocional. “A nivel físico no tuve demasiadas molestias, a parte de que desarrollé diabetes gestacional que controlé, entre otras cosas, con la dieta y que engordé mucho. Yo ya venía de un largo camino de intentos y fallos, y cuando te preparas y no hay éxito, te hundes. Fluctúas entre la ilusión y la desesperanza. Afortunadamente, yo no trabajaba y mi pareja me apoyó en todo momento. El entorno es muy importante. Yo me siento muy afortunada de no haberme perdido esta experiencia, pero no puedo imaginar cómo se debe de sentir una mujer que intente lo mismo sola y con un trabajo”.

El post parto es otro momento altamente delicado para este grupo y la clave, según señala esta psicóloga, es “tener gente que te apoye y te ayude. De lo contrario, se puede caer en la depresión porque criar un hijo, especialmente en los primeros años, es algo muy duro. Se duerme poco, se está muy cansada y ya no se tiene la vitalidad de los 30. Sin contar con que la maternidad está idolatrada y nadie habla de su lado oscuro. Se supone que debes estar feliz con tu bebé y, si esto no ocurre, es porque eres una mala madre”.

¿Capitalismo maternal o esperanza para muchas mujeres?

Gemma Ruíz es matrona, osteópata y coordinadora de un equipo de matronas del hospital Quirónsalud de Barcelona. Ella lamenta que en muchas mujeres “prima su deseo de ser madre a su bienestar y su salud, de una manera un tanto inconsciente. Hay gente, por ejemplo, que piensa que a los 40 y muchos, o a los 50, pueden tener un parto natural (casi todos los bebés nacen por cesárea), y algunas hasta se plantean parir en casa. No quiero criticar a estas mujeres pero, aunque la ciencia haya avanzado mucho, hasta el momento no ha logrado retrasar el envejecimiento. El embarazo es un cambio anatómico y fisiológico brutal para el que hay que estar fuerte, y las técnicas de fertilización artificial machacan el cuerpo de la mujer. Nos preparan para ser madres, pero no nos preparan para no tener hijos, para aceptar que tal vez no podamos tenerlos”.

En el caso de mujeres mayores que quieren ser madres y que deben recurrir a óvulos o embriones de donantes, hay también un aspecto del que no se habla: la calidad de esos óvulos o embriones. Según Ruíz, “hay un cierto protocolo a la hora de escoger a las y los donantes, pero nunca se sabe al cien por cien qué carga genética tiene el óvulo o el esperma, o si hay antecedentes de malformaciones o alteraciones psiquiátricas. Generalmente, los donantes son personas que lo hacen por dinero”. Un ciclo en un tratamiento de fertilidad puede costar entre 6.000 y 10.000 €. “He visto a gente que ha acabado arruinada intentando tener hijos”, señala esta matrona.

Rosa reconoce que, según sus cálculos, “nos hemos debido de gastar entorno a los 60.000 €. En todo nuestro periplo visitamos tres clínicas y el trato de una a otra varia muchísimo. Algunas te tratan como en un criadero y tienes la sensación que van haciendo las pruebas fraccionadas para aumentar la factura. Por ejemplo, en la primera no se preocuparon por averiguar si la imposibilidad de tener hijos estaba en mí o en mi pareja hasta muy tarde. En otras, sin embargo, el personal es excelente, cuidan de ti, te informan y te ayudan. No me arrepiento de lo que he hecho y creo que lo bueno de tener hijos a esta edad es que se supone que tienes mayor estabilidad económica, más apoyo y más experiencia en la vida, relativizas más los problemas y valoras mas cada momento que pasas con ellos. Lo que no me gusta tanto es que, probablemente, no vea crecer a mis nietos. Pero en la puerta de los colegios cada vez las madres son más mayores”.

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Fuente: SModa

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