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Íñigo Méndez de Vigo: “Si se cumplen las previsiones, podremos bajar los impuestos”

¿La aprobación de los Presupuestos está encarrilada tras el acuerdo sobre el techo de gasto?

– esta tiene que ser la Legislatura del diálogo. Machado decía «escuchar primero, preguntar después». Nosotros, además, vamos a acordar. El acuerdo sobre el techo de gasto es muy importante porque manda un mensaje muy claro a Bruselas después de diez meses sin Gobierno. Pero es sólo un primer paso y hay que seguir dialogando. No se pueden dar todavía por aprobados los Presupuestos.

–Pero la negociación con el PNV avanza bien, ¿no?

–Tenemos la obligación de hablar con todos, para conseguir que España tenga unos Presupuestos. No se entendería que con lo que nos ha costado tener un Gobierno, tres meses después no fuéramos capaz de consensuar unos Presupuestos que confirmen la estabilidad y la gobernabilidad. Pero el acuerdo no está todavía hecho y hay que seguir hablando mucho con todos los grupos.

–¿Usted está con quienes creen que el acuerdo sobre el techo de gasto puede ser el inicio de una amplia política de colaboración con el Gobierno por parte del PSOE?

– El PSOE es un partido de Gobierno y debe interesarle la estabilidad. En un momento de confusión en Europa como éste, nos interesa ser fuertes y transmitir una imagen de gobernabilidad. Nosotros estamos convencidos de que hay que contar con todos, por supuesto, también con el PSOE. ¡Y claro que contamos con ellos para conseguir más acuerdos! Luego veremos si lo conseguimos o no. Lo importante es que ahora sí hay disposición, algo que he echado de menos en estos meses de atrás. Pero los acuerdos no están hechos. Pondremos todo de nuestra parte para lograrlos.

– ¿Cuándo habla de disposición, se refiere en concreto a la actitud del PSOE?

–Sí. Hemos llegado a acuerdos importantes como el que afecta al salario mínimo interprofesional. Y en Educación hemos llegado a un acuerdo con las comunidades autónomas que hemos trasladado a un decreto ley en el último Consejo de Ministros. Nosotros estamos dando pasos y haciendo gestos. El presidente del Gobierno quiere que vayamos acuerdo tras acuerdo. Y en estos momentos hay disponibilidad a hablar, y eso es muy positivo, aunque no me atrevo a anticipar el resultado.

–¿Qué balance hace el Gobierno de su relación con Ciudadanos?

– El balance es bueno. Ciudadanos intervino en la investidura del presidente del Gobierno con el acuerdo de 150 puntos que firmamos y que también apoyaron Coalición Canaria, Unión del Pueblo Navarro y Foro Asturias. Tenemos la intención de ponerlo en práctica. Vamos a cumplir nuestros acuerdos. Pero hay que tener en cuenta que con Ciudadanos y con nuestros socios de investidura no tenemos la mayoría que hace falta en el Congreso para aprobar determinadas leyes, y hay que sumar a otros grupos. Dicho esto, la relación con Ciudadanos es muy franca y sincera. En Educación y Cultura, que es lo que a mí me compete más directamente, es fluida y marcha muy bien.

– ¿Se fía de Rivera?

– Claro. Sin ninguna duda.

–Por cierto, ¿facilitarán la comisión de investigación sobre la corrupción que Rivera quería que se pusiera en marcha en cuanto arrancase la Legislatura?

–Estamos hablando de una comisión de investigación que afecta al marco del Parlamento. Y tiene que ser el Parlamento el que tome las decisiones. Ya le he dicho que nosotros vamos a cumplir nuestros acuerdos, pero hay que ver cómo encaja esa propuesta con los trabajos del Congreso. En este inicio de la Legislatura ha habido muchas peticiones de subcomisiones, y ha sido la Mesa del Congreso la que lo ha regulado. Y ante la acumulación de peticiones, incluso ha tenido que dejar de momento fuera algunas cuestiones para más adelante, como la subcomisión que afecta al Estatuto del Creador.

– Pero si Rivera toma ya la iniciativa, ¿el PP votará a favor?

– Somos un partido serio y fiable, y cumplimos con nuestros acuerdos.

– Entiendo eso como un «sí». ¿Debería revisarse, en todo caso, su ámbito de actuación para que no afecte solo al PP?

– Probablemente. Pero esto entra dentro del ámbito parlamentario y hay que distinguir bien las áreas. Un Gobierno, con mayoría o sin ella, no puede ni debe decirle al Parlamento lo que tiene que hacer.

¿Esta Legislatura podría consolidar el bipartidismo?

–Los Gobiernos deben servir para arreglar los problemas de la gente. Y eso es lo único que importa. Los españoles nos han dado un mandato. Han decidido que hubiera un Parlamento plural y quieren, además, que los partidos se pongan de acuerdo. Y las fuerzas políticas seremos juzgadas por nuestra capacidad para llegar a acuerdos y resolver los problemas de la gente.

–En esa búsqueda de acuerdos, ¿qué nota le pone a Podemos?

–Podemos va a tener que tomar la decisión de mantenerse al margen de todo, con una crítica permanente al sistema, o contribuir positivamente en su mejora. En Educación, me parece positivo que hayan decidido abstenerse para crear una subcomisión que estudie la reforma del sistema educativo. Creo que todos podemos contribuir a buscar soluciones, y situarse al margen no es bueno.

– En lo que compete a las «soluciones» que ofrece el Gobierno, ¿en esta Legislatura no subirán ningún impuesto más?

–Si las previsiones económicas evolucionan en la línea que pensamos, tras un primer año complicado, el segundo lo será menos, y no sólo no tendremos que subir impuestos, sino que podremos rebajar alguno.

– Eso mismo dijeron en campaña y lo primero que han hecho es subirlos.

– Hemos aprobado un paquete en el que, fundamentalmente, se revisan al alza ciertos impuestos que graban el alcohol, el tabaco o las bebidas azucaradas. Por cierto, siguiendo una recomendación de la OMS. Pero también hemos bajado el IRPF al final de la última Legislatura, en la que pudimos gobernar, y vamos a cumplir el acuerdo de investidura con Ciudadanos, que establece la rebaja de ciertos impuestos, como el IVA de los espectáculos en directo, por citarle uno que estádentro de mis competencias de Cultura. Queremos devolver a los españoles los esfuerzos que han hecho durante la mayor crisis económica que ha sufrido este país, y lo vamos a hacer, pero también tenemos que cumplir con los objetivos de déficit con los que nos hemos comprometido con nuestros socios europeos. Hacer realidad ambas cosas, cuando aún estamos saliendo de esa profunda crisis económica, es un ejercicio de malabarismo tremendamente complicado, pero, gracias a las reformas que hemos hecho, la situación de la economía española ha mejorado notablemente, y nuestro compromiso es que esa mejora llegue al bolsillo de los españoles.

Cataluña. ¿Usted cree que ahora con el lema del diálogo se acabará el problema independentista?

– Espero que dé frutos. Es la única solución. Encastillarse en esta situación no ha servido para nada y deberían reflexionar sobre ello. En el peor momento económico, cuando estábamos al borde del rescate, el presidente de la Generalidad vino a Madrid a exigir un pacto fiscal. Lo planteó en los términos de «todo o nada», y a partir de ahí empezó eso que han llamado «el proceso». Han pasado cuatro años y el proceso independentista no ha avanzado un solo centímetro; Artur Mas ya no es presidente de la Generalidad y su partido atraviesa una situación muy delicada.

– ¿Pero percibe hoy señales de que vayan a revisar su estrategia y su hoja de ruta independentista?

– Pues deberían preguntarse qué han conseguido cambiar en cuatro años, qué han ganado y qué han perdido. Es el momento de hablar, de escucharnos y de intentar comprender la posición del otro. Pero el esfuerzo tiene que ir en las dos direcciones, porque si la posición de la otra parte es «o esto o nada» serádifícil llegar a acuerdos. La decisión de encargar esta tarea a la vicepresidenta Sáenz de Santamaría ha sido muy acertada, porque tiene la sensibilidad y los conocimientos necesarios.

– En esta nueva etapa, además de diálogo, ¿qué más pueden ofrecer a Cataluña?

– Vamos primero a escuchar lo que quieren, y estamos dispuestos a buscar puntos de entendimiento. Eso sí, sin órdagos, porque éstos no son buenos ni jugando al mus.

¿Cabe ofrecer más financiación a Cataluña?

– La falta de un Gobierno en plenitud ha impedido el debate sobre la financiación autonómica. Ahora toca hablar de financiación, pero sin olvidar que España se asienta sobre los principios de igualdad de todos los españoles y de solidaridad interterritorial.

– ¿Cataluña está mal financiada? ¿Es el momento de ofrecerles más dinero?

– Las balanzas fiscales son susceptibles de muchas lecturas. Hay quienes dicen que Cataluña está mal financiada, y otros, como Josep Borrell, han demostrado que no era cierto. Hay que tratar de hablar con tranquilidad, y no utilizar este tema como un arma arrojadiza contra nadie. Y, como dije antes, sin perder de vista la igualdad de todos los españoles y la solidaridad interterritorial.

– Y en eso que llaman el «sentimiento catalán», ¿pueden hacerse nuevos gestos de reconocimiento?

– La reforma constitucional es una posibilidad que está ahí, porque todo se puede reformar. Sólo la Biblia fue escrita para durar miles de años. La Constitución prevé mecanismos de reforma, pero para acometerla es necesario buscar consensos previos sobre aquello que queremos reformar. Hablar de modificar la Carta Magna en abstracto no conduce a ningún lado y puede acabar generando mucha frustración en la ciudadanía.

– Le preguntaba por la demanda de un mayor reconocimiento del «sentimiento catalán».

– Los revolucionarios alemanes de 1948 decían aquello de que «los pensamientos son libres», y los sentimientos también lo son. Porque dígame, por ejemplo, ¿cómo se introduce en los estrechos límites de los artículos de una Constitución la idea del afecto? Yo no sé cómo se hace. Pero sí sé que del diálogo y del roce surge el cariño, y mejorando el diálogo y poniendo énfasis en lo que nos une, y no en lo que nos separa, nos comprenderemos más y mejor.

– ¿Usted cree que en esta legislatura llegará a abrirse realmente en el Congreso la discusión de la reforma de la Constitución?

– Antes de acometer una reforma de la Constitución es necesario un consenso de partida. Ver lo que queremos cada uno de los partidos y cómo lograrlo. Hasta ahora, quienes piden una reforma constitucional no concretan lo que quieren.

– ¿Por qué cree que no lo hacen?

–No es fácil hacerlo. Lo más difícil en la vida es acotar. Cada partido debe decir lo que quiere, para que la gente también lo sepa y el resto sepamos a quéatenernos.

– Rajoy nunca ha defendido la reforma constitucional. Pero también ha dicho que, si se abre el debate, participará. Si se llega a esa situación, ¿cuál será su posición? ¿El informe de Rubio Llorente de la etapa de Zapatero y que planteaba, por ejemplo, clarificar las competencias del Estado y de las comunidades?

– Nos parece un buen informe. Pero nosotros no instamos la reforma constitucional. En estos momentos, en los que estamos saliendo de la crisis, debemos centrarnos en resolver los problemas de la gente, porque la reforma de la Constitución no es el bálsamo de Fierabás. Ahora bien, si alguien cree que sí lo es, que lo diga, y explique qué quiere reformar.

– ¿Entonces, ustedes plantearían tomar como referencia ese informe del Consejo de Estado?

– Es un estudio bien hecho y bien documentado.

– Pero no encaja con el planteamiento de quienes defienden una reforma constitucional para arreglar el problema catalán. El presidente Zapatero lo guardó precisamente en un cajón, entre otros motivos, por el rechazo del tripartito, del que dependía en Madrid.

– No creo que haya que hacer una reforma constitucional para resolver el problema de nadie, sino porque conviene a España. Como no sé qué quieren hacer los que plantean una reforma, me resulta imposible pronunciarme sobre si una reforma constitucional puede arreglar el problema catalán.

– Cataluña es un reto de esta legislatura, y resolver el problema con la ley de Educación, otro. La Lomce no está derogada oficialmente, ¿pero no cree que sí lo está en la práctica, por el amplio rechazo que la acompaña?

– En absoluto. Una ley orgánica solo puede ser derogada por otra posterior. Los resultados del sistema educativo español están ahí. El abandono escolar se ha reducido en casi siete puntos. Hemos mejorado notablemente en el informe TIMMS, que mide el grado de conocimiento de matemáticas en primaria. Y los resultados en el informe Pisa también son buenos. La Lomce tiene elementos positivos que hay que conservar. Prima la cultura del esfuerzo, potencia la formación profesional, apuesta por la evaluación continua y consigue que las asignaturas comunes a todos los alumnos alcancen el 60-65 por ciento, con independencia de donde estudien. Nuestro sistema educativo es bueno y no hay que hacer tabla rasa con él, sino mejorarlo en lo que se puede perfeccionar.

– Los estudios comparativos revelan todavía importantes lagunas y nos dejan lejos de la cabeza europea. ¿Tenemos que conformarnos con eso?

– Estamos en la media de la OCDE y hemos mejorado notablemente. En el Pacto de Estado Social y Político por la Educación debemos trabajar para mejorar lo que hay. Mi pretensión es colocar al docente en el centro del sistema y apostar por lo que denomino «las tres Aes»: autónoma, autoridad y afecto. Hay que seguir trabajando contra el acoso escolar, mejorar la conectividad y la implantación de las nuevas tecnologías, y también profundizar en el aprendizaje de otras lenguas. Pero el pacto no puede construirse derribando todo para empezar de nuevo, sino aprovechando lo mucho y bueno que hay.

– ¿Confía en serio en que puede llegar a un pacto de Estado con la izquierda salvando la Lomce?

– Con la Izquierda y con todos los grupos parlamentarios. Primero, porque es una aspiración de la mayoría de los españoles; en segundo lugar, porque lo exige la revolución tecnológica-digital; y en tercer lugar, sobre todo, porque creo que haríamos un gran servicio a España.

– ¿Qué falló con la Lomce? ¿En qué se equivocaron para conseguir un consenso tan amplio de rechazo?

–El principal problema fue que coincidió en el tiempo con los recortes. Fueron generales por la situación económica, pero también afectaron al ámbito educativo. Es muy difícil cambiar el sistema educativo y que, al mismo tiempo, se produzca una reducción del número de profesores, se deje al diez por ciento la tasa de reposición o se reduzcan programas de cooperación interterritorial, que son muy importantes. Hacer ambas cosas al mismo tiempo es muy difícil.

– Y ahora que sacan pecho por la recuperación económica, ¿esos recortes son revisables?

– El Gobierno no saca pecho, está simplemente esperanzado porque las cosas van mucho mejor que hace unos años. Ya los revertimos en el último presupuesto, donde hubo un récord histórico de becas, hasta 1.416,5 millones de euros. La tasa de reposición al diez por ciento también se revirtió el año pasado hasta alcanzar el cien por cien. Como en su día explicó el ministro Wert, eran medidas coyunturales, y en cuanto hemos podido, por el cambio en el ciclo económico, las hemos revisado. El problema es que siguen en el imaginario popular. Por eso, creo que el Pacto de Educación debe ir acompañado de un acuerdo presupuestario por el que sus firmantes se comprometan a aumentar en una determinada cantidad los presupuestos de Educación en los próximos años.

– ¿Hasta dónde están dispuestos a ceder para que por fin haya una ley que sobreviva a los cambios de Gobierno?

– Hay que cambiar el chip mental. No se trata de ceder o hacer concesiones, sino de hacer una puesta en común de lo que más interesa a España. Hay que cambiar el lenguaje de vencedores y vencidos.

– Así se lo van a plantear en la negociación.

– Los políticos y ustedes, los periodistas, tenemos la obligación de hacer pedagogía y no reducir los debates a la dualidad del triunfo y la derrota, porque eso dificulta mucho que las cosas salgan bien. Como decía Kipling, «el triunfo y la derrota, esos dos impostores».

– Vale, sin vencedores ni vencidos, ¿pero usted se cree de verdad que esta vez hay margen para que salga una ley que perviva en el tiempo?

– Estoy convencido de ello. Con un pacto presupuestario y que exija una mayoría super cualificada para revisarlo. Eso es lo que han hecho otros países de nuestro entorno, y les ha ido muy bien. Debemos ser ambiciosos y estamos dando pasos en la buena dirección.

–¿Cuáles serán los ejes de los Presupuestos del próximo año?

– Venimos de una situación muy complicada. En unos años, en las escuelas de negocio, se estudiaráel caso español: un país ahogado por el déficit, la recesión, la deuda exterior y la prima de riesgo, al borde del rescate, que ha conseguido en sólo unos años dar la vuelta a la situación con reformas, política presupuestaria y apostando por el crecimiento, sin dejar de lado la política social. Somos un país en el que el 63 por ciento del presupuesto se dedica al gasto social. Hay que continuar con las reformas, y para ello queremos contar con el resto de grupos parlamentarios, para seguir manteniendo la sociedad del Estado de Bienestar, seguir aumentando la competitividad de nuestra economía y bajar las cifras del paro. Las proyecciones económicas del Gobierno apuntan a que en 2019 el paro estará en el 12,8 por ciento. No olvidemos que en 2014 estaba por encima del 26 por ciento.

– Pero los recortes en política social por la crisis fueron uno de los motivos que más desgastaron al PP en la pasada legislatura, junto con la corrupción. ¿La situación económica permitirá borrarlos en este mandato?

–Ya los estamos borrando. Hemos subido el salario mínimo, garantizamos el futuro de las pensiones, hemos rebajado el IRPF para la mayoría de los españoles, el año pasado hemos aprobado el mayor presupuesto en becas de la historia… Y podría seguir con infinidad de reformas que hemos podido acometer, cuando la mejora de la economía nos lo ha permitido. Como le he dicho antes, vamos a devolver a los españoles los esfuerzos que les pedimos durante la crisis, y esta mejoría será más notable a medida que esta situación vaya consolidándose, no lo dude.

– ¿Entiende que en España haya gente a la que en invierno se le corta la luz porque no llega a fin de mes para sobrevivir?

– En el último Consejo de Ministros hemos aprobado una serie de medidas encaminadas a que todas las eléctricas se hagan cargo del bono social. Esta crisis ha sido la más profunda de nuestra historia reciente, pero, afortunadamente, gracias a las reformas y al esfuerzo de los españoles, estamos entre todos saliendo adelante. Y tenemos que hacerlo todos, no dejando a nadie al borde del camino. Ése es el empeño del Gobierno en esta legislatura del diálogo, que acrecentará la dimensión social de nuestra actividad política. Ésta es la respuesta política de un país con una economía que crece al tres por ciento y la que más empleo crea en Europa.



Fuente: La Razón

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