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Juan Luppi: “Nadie gana una guerra; algunos sólo pierden menos”

Se trata de una tragicomedia política contra el fanatismo y la intransigencia de las ideologías extremistas. 60 minutos que invitan a la reflexión. Un músico sin inspiración que quiere componer una sinfonía para homenajear la Guerra de las Malvinas. Un cuñado (Juan Luppi) que conoce a un taxista, combatiente veterano, con quien acude a cenar en familia para estimular la imaginación del compositor. Una velada perturbadora. Opiniones enfrentadas. La vida hecha teatro. El actor compagina su papel en «1982 obertura solemne», que estará los próximos miércoles, 15 y 22 de febrero, en el Teatro del Barrio (Madrid), con su interpretación en «Mala Praxis».

–¿Una obra polémica?

–Sí. Muestra dos ideologías muy distantes. Una familia de izquierdas se reúne a charlar de política y de la guerra con un hombre abiertamente de derechas. Yo sólo quería pasar un rato agradable, pero siempre que se habla de política saltan chispas.

–¿No conviene hablar de estos temas en las cenas familiares?

–Las discusiones aparecen por los fanáticos, que son el mal de la sociedad. En Argentina hay más fanatismo político porque la gente se ha polarizado y enfurecido.

–¿Por qué ha sido declarada de interés cultural?

–Porque aborda un tema histórico, el de la Guerra de las Malvinas, y habla de actualidad. La juventud ha recobrado una militancia y una pasión por la política que hacía muchos años que no se vivía. En España ha pasado algo similar. En la obra aparecen dos posturas diferentes. Lo bueno es que no te dice quién tiene razón y quién está equivocado, o quiénes son los buenos y quiénes, los malos. Después de verla, el espectador puede empezar a reflexionar. La historia está llena de complejidades. Lo fácil es simplificar.

–¿Siguen la ceguera y la violencia vigentes en la sociedad?

–Absolutamente. Más que nunca. Vivimos en una sociedad ciega. Lo demuestran el apoyo a la guerra, la espalda que se le está dando a los refugiados, la elección de Donald Trump… Hay miedo e ignorancia. Y la violencia tiene que ver con la ceguera, nace del miedo, como válvula de escape.

–¿La gente tiene miedo?

–Yo sí, y creo que la gente también.

–¿Qué teme usted?

–No sé hacia dónde va la sociedad. El mundo está cambiando de manera muy rápida y no sabemos qué pasara mañana. Vamos entendiendo la actualidad a medida que pasa. Es imposible anticipar y comprender lo que está sucediendo.

–¿La derecha y la izquierda pueden ser lugares comunes?

–Lo fácil es ponerse la camiseta y decir que se es de un partido, que todos son fanáticos. El fanatismo hace que la derecha y la izquierda sean lugares comunes. Lo difícil es salir de ahí, tener conciencia crítica para encontrar tu propia ideología, que seguramente estará en un punto intermedio. Quienes se fanatizan no saben de lo que hablan. Los fundamentalistas se alejan de la realidad.

–¿Qué acarrean los posicionamientos ideológicos?

–Una simplificación. El mundo es muy complicado, y está lleno de matices como para casarse con una ideología. Los posicionamientos políticos te quitan la responsabilidad de pensar. Resulta más sencillo repetir un discurso. Y también más peligroso.

–¿Argentina es un país de derechas o de izquierdas?

–(Piensa mucho) De derechas.

–¿Y España?

–El español es más auténtico en eso, porque la historia y la cultura son mucho más largas. La Guerra Civil, la dictadura, la República… Las ideologías tienen raíces más profundas en España. Pero los actores, por lo general, son de izquierdas.

–¿Cómo se cierran las heridas abiertas?

–Si lo supiera… Pero no hay que ignorarlas. Si te olvidas y pasas página no cierras la herida. La manera de cerrarlas es teniendo la inteligencia para buscarles el lado positivo y el aprendizaje. Para que sane, hay que encontrar el sentido que tuvo. Si sigue abierta es porque de alguna manera nos ayuda a vivir.

–¿Cuánto pesa el pasado?

–Muchísimo. Nos condiciona totalmente. El poder de soñar el mundo que uno quiere está relacionado con los recursos que tenga. Esos recursos tienen que ver con tu pasado. Uno piensa con las herramientas que la vida le haya dado.

–¿Quiénes son los vencedores en una guerra?

–No los hay, aunque los libros de historia digan que Inglaterra. Nadie gana una guerra. Algunos sólo pierden menos.

–¿Y si le llamo Valdano?

–(Risas) Me traes un recuerdo muy bonito, desde los 13 hasta los 18 años. La serie de «Los Serrano» supuso un trampolín en mi carrera profesional. Y en mi vida.



Fuente: La Razón

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