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Juguemos a ser diferentes

«Tengo que reconocer que empecé la película defendiendo la idea de que todos somos iguales y acabé convencido de que no, de que somos maravillosamente diferentes y en eso está el atractivo de cada uno de nosotros, que todos tenemos discapacidades y supercapacidades». Hasta aquí la conclusión de Javier Fesser tras el rodaje de «Campeones». Y ahora vayamos al argumento: Marco (Javier Gutiérrez), segundo entrenador del Estudiantes de baloncesto, es despedido por su mala uva y, sorprendido ebrio al volante, condenado a seis meses de servicios sociales. Su pena: entrenar a un equipo de personas con discapacidad intelectuales, algo que a él, apenas empático y plagado de ideas preconcebidas, le sabe casi a pena de cárcel.

Un miedo que limita

«Marco es portador de la mayor de las discapacidades, el miedo», asegura Fesser. Tiene unos 40 años, vive con su madre y le acaba de dejar la novia por su incapacidad para comprometerse. Le falta cintura en todos los ámbitos. Y añade el director: «Aunque disimulado, ese miedo le limita y le impide disfrutar de cada momento de su vida. Esta película le pone en frente de un grupo de personas que no tienen miedos ni prejuicios. Personas que parecen extraterrestres y que le llevan a la conclusión de que quizás el extraterrestre es él». Para Fesser todos somos personas con discapacidad «no diagnosticadas. La ignorancia y el miedo al diferente nos limita. Me encantaría que esta cinta ayudara a pasar esa barrera».

«Campeones» es una comedia que no pretende esconderse pero tampoco herir sensibilidades, a pesar de lo susceptible del mundo en que vivimos: «He retratado esta historia desde el respeto más profundo y la admiración –confiesa Fesser–. Aún sigo boquiabierto con la capacidad de estas personas para cosas muy valiosas. Además, me he contagiado de su sentido del humor, que es muy sincero, sin dobles lecturas. Así que no puede molestar a nadie». El equipo entrenado por Javier Gutiérrez en la ficción está compuesto por diez personas con discapacidad intelectual que debutan en la actuación. Fueron seleccionados entre 600 aspirantes. «La dificultad en el rodaje radicaba en que no conocen la mecánica de trabajo, pero por lo demás todo han sido ventajas. Participan de una supercapacidad emocional que les permite entusiasmarse y convertir cada detalle de rodaje en aventura», concluye.



Fuente: La Razón

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